delaforce escribió:
Personalmente, no me molestan en absoluto las actualizaciones. Si, en cambio, presentar un 'concepto' totalmente divorciado del texto y la musica, que es algo relativamente frecuente.
... que es algo relativamente infrecuente, querrá decir.
Lo que pasa es que la gente ve a Vittelia vestida de Dior o a Melisande caminando de perfil y haciendo movimientos raros con los brazos (por porner dos ejemplos recientes en Madrid) y creen que están ya en los procelosos mares del
konzept, cuando lo que en realidad hay es un trabajo (muy estilizado y bonito, para mi gusto) en cuanto a vestuario (en
Clemenza) y en cuanto a gestualidad (en
Pelléas).
Ambas cosas se han hecho desde siempre.
Como todos sabeís, los héroes y dioses de la Ópera Seria iban vestidos a la moda del XVIII. Julio César con su peluca y Diana con su mirignaque. Por qué Vittelia no va a poder ir de Dior hoy.
La gestualidad también ha habido épocas en las que ha sido muy trabajada, como en la tragedia lírica francesa, donde los humanos no podían cantar mirando a los dioses, todo el movimiento de manos y brazos estaba milimetrado, los propios cantantes debían ejecutar pasos de danza, etc.
Los escenarios desnudos, la luz creadora de emoción y espacio, la abstracción... es una estética que nace con Appia, y encuentra su apogeo en Wieland Wagner. Lo que Wilson hace tiene "cartas de nobleza" desde hace un siglo.
Lo siento por aquellos a quienes choquen estas cosas, pero
siempre se ha cuidado cada aspecto de una ópera porque se entendía que era un espéctaculo total, una suma de artes.
Se cuidaban antes de que el vinilo y el cd aparecieran, se cuidaban antes de que incluso hubiera repertorio, donde cada estreno era un espectáculo único y fugaz (y si te tocaba un asiento ciego, te chinchabas por pringao... Los otros habían visto la ópera y tú, no!, Ea!

)
Cosa diferente es cuando el propio director de escena da "ya" una interpretación que difiere de lo literal del libreto.
En el
Pelléas de Wilson ocurría al final, justo en el último minuto, como ocurría en el
Tristan de Ponnelle (también en el último minuto).
Desde ese punto de vista sería incluso atacable la labor de los directores de orquesta, pues tanto Klemperer como Harnoncourt convirtieron la comedia de enredos de
Nozze en un drama de Ibsen.
Quemémosles las batutas! No respetan los tempi! Sacrilegio!
Como no existe la transubstanciación, necesito de los intérpretes para acceder a Mozart, y me gusta que ellos trabajen en la libertad y con la fantasía que les pertocan, tanto cantantes como directores musicales como directores escénicos.
De todas formas, como digo, creo que lo de las "dramaturgias paralelas" no ocurre taaaaan a menudo como se insinúa en este hilo, si miramos la producción a nivel mundial.