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Las temporadas quedan ahora muy apañaditas, muy monas y variadas y como de diseño.
Sigue habiendo una presencia menor de lo deseable del repertorio eslavo/magiar y de contemporáneos estrictos.
Hay una notable diferencia entre las programaciones europeas y las USA, por ejemplo.
A veces, el repertorio propuesto por casas de ópera "menores" (ja), apenas se distingue del propuesto por casas de ópera que se proponen ser punta de lanza, como Madrid. Se ha establecido la moda de ofrecer en versión de concierto obras que son rabiosamente teatrales (aunque el libreto sea tontorrón) y en versión escenificada obras claramente destinadas al concierto. A menudo hay un estreno que se ha encargado mediante alambiques burocráticos que, a menudo, garantizan que la obra resultante no vuelva a subir nunca más a un escenario, salvo que la producción sea en especial atrayente y, si es posible, rica en turgencias carnales; y ni con ésas.
Ejemplos:
Opera de Lyon: Fidelio El Prisionero/Erwartung Zorrita Astuta Puritanos (concierto) Mesías (con puesta en escena de Deborah Warner) El Emperador de Atlantis Capriccio El Rey y Yo La Flauta Mágica Claude (Thierry Escaich/Robert Badinter; estreno mundial; puesta en escena de Py)
Por otra parte, San Francisco ofrece una mezcla curiosa de lo trillado y de la novelty (casi vanity) más estricta: Rigoletto Capuletos y Montescos Lohengrin Tosca Cuentos de Hoffmann Cosi fan tutte (es decir, una orgía decimonónica o cuasi) Y, luego, las novedades, en las que se aprecia más interés en ofrecer al público asuntos que puedan atraerle, y no tantas páginas en blanco: El Evangelio según María Magdalena, de Adamo El Jardín Secreto, de Gasser Moby Dick, de Heggie
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