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Meerfahrt mit Don Quijote (hay edición en español: Viaje por mar con Don Quijote) de Thomas Mann, un librillo ameno que puede servir de portillo para entrar en la colosal obra del escritor alemán a aquellos que no se aventuren a cruzar el enorme, oscuro y bostezante portal de la Montaña Mágica o Doctor Fausto.
Mann narra la primera travesía del Atlántico que hizo con su mujer Katia en al año 34.
Describe curiosidades del barco y de los pasajeros, elucubra sesudamente sobre el mareo, la música ligera que toca la banda, la sensación dispar que causa la visión del mar desde un barco o desde las orillas de Lübeck, y otras cosas muy Mannianas.
También ofrece pensamientos sueltos, a menudo bastante penetrantes, que le suscita la lectura del Quijote. Y canta las virtudes del autor de la versión alemana de la gran obra, Ludwig Tieck.
Tieck es el tercer protagonista del libro (junto con Mann y Cervantes). Este escritor, uno de los fundadores del romanticismo alemán, se enfrentó a la inmensa tarea de trasegar las palabras de Cervantes al alemán con armas poderosas (su amor a la cultura española y su dominio del alemán literario) y con la notable desventaja de su parvo conocimiento de la lengua española.
Se apoyó en traducciones anteriores al alemán (la de Bertuch, incompleta) y a otros idiomas, en los consejos de su amigo Schlegel y otros estudiosos y en su buen oído estilístico, y consiguió que el Quijote se convirtiera en una obra alemana, además de española. Ya que, aparte de inexactitudes, dejando de lado que el estilo de este Don Quijote alemán se acerque a veces más al lenguaje creativo del propio Tieck que al de Cervantes, esta versión alemana del Quijote se lee como si fuera obra de un autor alemán y hubiera nacido en la lengua alemana sin pasar antes por otra.
La mayoría de las traducciones de obras literarias no son más que lentes de aproximación, prismas que permiten vislumbrar una imagen oscilante y borrosa. El lector nunca olvida que está leyendo una traducción, una obra que no está escrita en un idioma, sino en una mezcla sutil de dos.
La gran traducción creativa, infrecuente, se lee como si la obra no se hubiera escrito más que en el idioma al que se vierte. Consigue que el texto original sea otra versión de una misma obra, como si dos escritores de talento hubieran competido amistosamente para dibujar la misma situación, las mismas figuras y pensamientos, con distintos insturmentos. Con acuarela el uno y al óleo el otro.
La desventaja de estas traducciones "con personalidad propia" es que suelen ser bastante infieles al estilo original. Lo hacen más elegante, o más híspido, más culto o más popular, más prolijo o más sucinto.Se apoyan en otros ritmos y sonoridades. La ventaja es que son obras de creación nuevas, cuyo valor se apoya en otro texto, pero no depende enteramente de él.
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