Sideral, deslumbrante, fabuloso, fascinante, macanudo (esto sí

), galáctico, inenarrable, Verdi en estado puro, Verdi en todo su esplendor, el
Attila de Muti 
el pasado Domingo día 3 en el Teatro Constanzi de Roma.
Me ha maravillado un punto más que los que le ví en Nueva York. La orquesta supera en articulación Verdiana a la más impersonal y de "todo uso" del MET y, además, está en estado de gracia, hipermotivada y absolutamente entregada a Riccardo Muti. Si el Maestro les ordenara pasar uno a uno por un aro de fuego, no me caba duda que lo harían.
El Titán Napolitano deja claro, que esta genial partitura verdiana, no son sólo vibrantes cabalette, llama e ímpetu risorgimentale, y expone primorosamente los muchos detalles de refinamiento y talento como orquestador que ya iba mostrando el Rey del melodrama. Así, la obertura, la tempestad, el amanecer en las lagunas Adriáticas (con un crescendo memorable), la introducción y acompañamiento a la romanza de Odabella, (fantásticamente secundado por la interpretación de la Serjan), la introducción y romanza del tenor en el acto III... todo ello junto a ese sentido único del aliento Verdiano, de la suprema tensión teatral, del sentido narrativo, del brío y ritmo incandescente en la cabalette, de la concertación (madre del amor hermoso los dos concertantes finales de los actos Primero y Segundo,- particularmente, la ripresa de este último fué algo de morirse) y de la estimulación de los cantantes, que acentúan y frasean de manera única, distinta, en sus manos.
La mejor del elenco, claramente, Tatiana Serjan en un momento muy superior al que mostró hace años en el segundo reparto como Lady Macbeth en el Real. Resuelve la tesitura
impervia del papel con mucha inteligencia y asentamiento técnico, que luce especialmente en una magnífica aria "Liberamente or piangi... Oh nel fulgente nuvolo" con un legato de factura y unos filados magníficos, bien apoyados y proyectados, con timbre, nada de falsetitos tramposos. Todo ello con un sostén orquestal de volverse loco. No la veo muy en línea de Guleghina como aquí se ha dicho. Ni la voz de la Serjan tiene el caudal enorme y belleza de la de Gule, ni su temperamento hipervolcánico, aunque si es vibrante. Sin embargo, es mucho más segura de afinación y las intenciones de cantar piano, smorzar y filar que en Doña Maria no siempre quedaban bien resueltas (las pérdidas de afinación solían aparecer) sí lo son en ella.
Noble y muy correcto el Attila de Abdrazakov, aunque como siempre, le falta peso vocal, volumen, sonoridad, anchura, densidad, amplitud, empaste y rotundidad de bajo. Gipali canta decorosamente y el timbre no es ingrato, aunque el material es de partichino y resulta un tanto soprendente o descorazonador comprobar que el Uldino (Antonello Ceron) tiene el triple de voz que el supuesto tenor protagonista. El peor, Nicola Alaimo, una especie de Melitone, con una voz de cierta sonoridad, pero fea, seca, monócroma y, lo que es peor, carencias técnicas severas. El paso al agudo no está solucionado y los sonidos se tornan, unas veces abiertos y otras, apretados y cogidos a la gola. Como cantante rudo, como intérprete y fraseador, nulo y escasamente imaginativo, aunque en un papel de un solo trazo como Ezio, bien conducido por una batuta genial y con cierta energía en los acentos, pudo salir airosillo. Me sorprende sobremanera que alguién pueda pensar en él en un papelón como SImon Boccanegra. Cantará, como mucho, el Paolo Albiani, como hará en Barcelona en 2015 al lado de Plácido Domingo como protagonista.
La simpar Roma, la única e irrepetible es capaz de ofrecerme la oportunidad de disfrutar con "EL arquero" de Bourdelle, "Las vísperas sicilianas" de Hayez, "Las tres edades de la mujer" de Klimt, la "Santa Cecilia" de Stefano Maderno, la cúpula de "Sant'Andrea al quirinale", los frescos de la Chiesa del Gesù, una representación de Attila memorable y culminar con unos deliciosos gnocchi al gorgonzola y tarta Fiorentina en una terraza ante la mágica noche Romana. La vida sigue siendo bella gracias, especialmente, a la sensibilidad, el arte, el placer y la belleza. No entiendo a los partidarios de la mesa camilla.
