Primero lo del cuadro homoerótico que preguntáis, que además es lo primero que se ve: pues es el retrato de un hombre bastante andrógino desnudo y en posición fetal. (Hippolyte Flandrin: Young Man By The Sea)
El montaje resultó ser bastante cursi: por ejemplo, en el primer acto, el escenario lo ocupaba la habitación de Tatyana, con grandes ventanales con vistas a la estepa y a unas puestas de sol tipo película romanticona. Además, había un río, (con un puente para que lo atravesasen los cantantes) que luego se congelaba y por el que patinaban los del coro (¡qué peligro!) y en el que tenía lugar el duelo. Para la escena del baile sólo utilizaron una parte del escenario, con lo que parecía un baile bastante cutre, la verdad. El tercer acto tenía lugar en la biblioteca del palacio de Gremin. Lo que más me gustó del montaje fue la escena del duelo, con el río congelado y unos árboles sin hojas en el fondo. En esta escena, antes de que ninguno de los dos dispare, Villazón se apunta a la cabeza.
El vestuario en general bastante vistoso. Los hombres con pantalones ajustados

y la Roocroft con unos vestidos muy seductores, sobre todo el último, de color dorado.
Hvorostovsky es un actor horrible (esto ya lo sabía, pero siempre voy con la esperanza de que algún director de escena le enseñe de una vez a moverse). Es de la escuela de cuando canto me quedo tieso y cuando no canto reacciono ante los otros actores. Pero a pesar de todo, sigue teniendo un timbre seductor, una voz poderosa y un canto legato y un fraseo elegantísimo, lo que compensa que no cumpla a un nivel teatral. En los dos primeros actos le calcaron un pelucón moreno, así en el tercero quedaba claro que había pasado el tiempo al aparecer con su pelo plateado.
La Roocroft no me gustó como Tatyana. Su voz no tiene el brillo, la opulencia que para mi gusto debe tener Tatyana. Además, por ejemplo en el aria de la carta, no le ayudó que el director la dirigiese lentísima. Como actriz, pues normalita. Tampoco le ayudaba mucho tener enfrente a Hvorostovsky.
Me gustó mucho la cantante que hacía de Olga: Nino Surguladze. Todo lo contrario que Hvorostovsky actuando: pura vitalidad sobre el escenario. Además tiene una voz de contralto muy interesante.
Pero lo mejor sin duda fue Villazón. Cantó con pasión, con intensidad, con gran entrega, y en escena se mueve con mucha convicción. El aria Kuda, kuda, fue memorable. Creo que todos los que estábamos en el teatro nos lamentamos de que hubiese perdido el duelo
La dirección de Philippe Jordan: mortecina, y estoy siendo generosa, porque había momentos en que el coro y la orquesta iban cada uno por su lado.