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Pablo Luna fue uno de los compositores de zarzuela que más cultivó un género parecido, el de la opereta. "Los cadetes de la reina", estrenada en el Teatro Price de Madrid en 1913, es una obra que tanto se podría calificar de una cosa como de otra pues, aunque presenta unos ropajes de opereta (ambiente cortesano, brillantes uniformes, marchas militares, situaciones equívocas), sus melodías y el acento que pone sobre las romanzas son típicamente zarzueleras. En cualquier caso, se trata de una obra musicalmente muy hermosa que se puede disfrutar completa en spotify.
El argumento es bastante simple, una historia de amores no manifestados y que sólo acaban saliendo a la luz a fuerza de dar celos. Herminia, reina de un país imaginario, tiene fama de devorahombres al estilo de Turandot. Mejor dicho, al estilo de una mantis religiosa, porque Turandot no llegaba ni siquiera a catarlos. Aunque la leyenda es falsa, ya se sabe la fuerza que tiene la rumorología, y los indignados súbditos, que están en un tris de alzarse en una revolución, le llevan las cuentas y calculan que Herminia ya ha pasado por la piedra, y luego por las armas, a doce favoritos. La triste realidad es que la reina es una mujer enamorada pero aislada de la gente. Ahora está colada por Carlos, el capitán de Cadetes (sorprendentemente barítono, no tenor) y éste, a su vez, está perdidamente enamorado de ella. Pero la diferencia de clase entre ambos hace que ninguno de los dos se atreva a decírselo al otro, y así los dos piensan que no son correspondidos.
Es la reina quien rompe el impasse, provocando los celos del capitán para ver cómo reacciona. Hace que un mensajero entregue, en presencia de Carlos, una carta al jardinero de palacio (un simplón plebeyo, que es el tenor). La carta, en el fondo, es bastante ambigua, pues no da nombres, pero al hacérsela entregar a Heliodoro, que así se llama el jardinero, parece que le nombra favorito a él y le conmina a acudir a una cita amorosa. Heliodoro declina el honor de ser ejecutado por una simple noche de amor con la reina, mientras que Carlos se cambiaría gustosamente por él. El plebeyo decide utilizar la carta para sublevar al pueblo y se va. La reina, que había presenciado oculta la escena, revela amargamente que la carta iba dirigida en realidad al capitán y se lamenta de que no lo haya comprendido. Pero éste, que a su vez se había escondido al verla venir, la oye y, ahora sí, conociendo el terreno que pisa, le declara su amor en un precioso dúo. La paz y la tranquilidad vuelven al reino cuando Carlos es proclamado prometido de la reina.
Las dos páginas mejores, para mi gusto, son las romanzas de Herminia "Una reina no puede querer" y de Carlos "Era un pobre capitán", aunque, como están encuadradas en fragmentos relativamente largos, he preferido traer aquí otros dos números más cortos pero también interesantes.
Dueto de Luisa y el Presidente, a ritmo de foxtrot. Bueno, creo que es un foxtrot. En todo caso, es uno de esos ritmos tan simpáticos que se pusieron de moda en los comienzos de siglo. No tiene ninguna incidencia en la trama principal; pero sucede que el Presidente del país es un calavera y va persiguiendo a las cortesanas, sean de la edad que sean. Atentos al "¡Aaaay! de Luisa.http://open.spotify.com/track/534SWGNvc0PbasEGx8ykZ2
Tercero de la carta. El momento en que Heliodoro recibe la carta en presencia de Carlos y, como el primero tiembla sólo de pensar en lo que dice, se le escapa de las manos. El capitán la recoge y la lee. De terceto no tiene casi nada, pues la intervención de la reina es microscópica. Pero el dúo masculino es muy ágil, y me gusta como ejemplo de número musical que, aunque cerrado, no retrasa la acción sino que la impulsa.http://open.spotify.com/track/6c3zNBSy9zNvo4WTn2Cscf
La versión es la de Pilar Lorengar, Manuel Ausensi, Carlos Munguía, Ana M.ª Fernández, Julita Bermejo y Gregorio Gil, con Ataúlfo Argenta como director. (1954)
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