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ANNA BOLENA (Gaetano Donizetti), Trieste, Teatro "Giuseppe Verdi", 20-1-2012. Mariella Devia, Laura Polverelli, Albert Casals, Luz Octavio Faria, Elena Traversi, Max René Cossotti. Dirección Musical: Boris Brott. Producción: Graham Vick.
El Teatro Verdi de Trieste goza de una indudable tradición dentro de los italianos. Para los aficionados españoles tiene una especial importancia (no porque los reyes carlistas estén enterrados en la catedral de San Giusto), sino porque el genial tenor Miguel Fleta debutó en dicho coliseo, el 14 de diciembre de 1919, con el papel de Paolo Il Bello de "Francesca da Rimini" de Zandonai, bajo la dirección del propio autor.
Teatro muy bello y con notable acústica, los cuerpos estables me resultaron de bajo nivel, claramente provincianos, con una orquesta ratonera, de sonido opaco y borroso, así como un coro de presencia sonora exigua y ayuno de empaste.
Nueva lección de técnica, inteligencia y sabiduría de la incombustible Mariella Devia. Escuchar su manera de emitir y cantar al lado de las de sus compañeros de escenario, producía la misma sensación, que provocaría leer a Galdós o Dostoievsky, después de la autobiografía de Belén Esteban. Como en la Bolena que le ví en Palermo, empezó algo fría y reservona en su gran escena de salida, en la que ni siquiera se fué a sobreagudo al final. Enseguida fué calentando y mostró, una vez más, colocación impecable, emisión aérea, legato perfecto, reguladores y coloratura brillante y precisa. Una reina noble y doliente, víctima de los abusos de un rey tiránico, no exenta de una gran dignidad, como así mostró en la plegaria y dúo con Seymour y en una magnífica escena final, de gran impacto en la producción de Vick, cuando la protagonista aparece con la melena en la mano preparada para ser ejecutada sobre dos plataformas en forma de cruz y con un cristal al fondo, tras el cual, podemos ver al Rey y la Seymour contrayendo matrimonio. Fantástico "Al dolce guidami", un prodigio técnico, y una cabaletta final "Coppia iniqua" en la que predominan al control, la técnica y la inteligencia, sobre la grarra y la entrega visceral.
A su lado, Laura Polverelli como Seymour, muy digna, femenina y creíble como intérprete, musicalita, con sentido del legato, y aseo mientras la línea canora no la lleva a los extremos, muy problemáticos, agudo abierto, estridente y que no pasa, grave desguarnecido. Como Enrico, el bajo Brasileño Luz Octavio Faria, rudo, monótono, falto de nobleza y elegancia, pero de material rotundo, amplio y genuino de bajo. En el papel de Lord Percy, el joven tenor catalán Albert Casals sustituyó a Celso Albelo. Un triste caso más, de los que tanto se repiten en la lírica actual. Un cantante joven, con un material que se adivina potencialmente interesante, pero muy, muy verde, sin los mínimos rudimentos técnicos, al que se le empuja a cantar en un lugar ya de cierto nivel, un papel dificilísimo y que requiere un gran conocimiento estilístico y dominio técnico, basándose sólo en su frescura, juventud y buena planta. El desastre estaba "cantado" y nunca mejor dicho. Voz sin hacer, grave que no existe, notas que no se dan, sin apoyo, que no suenan, centro atrás, que deja adivinar un timbre atractivo y potente. Al agudo va totalmente abierto y por las bravas, con notas constantemente "vicino al tono", desagradables, hirientes. Con un cierto ardor juvenil, unido a un absoluto desconocimiento del bel canto, de la técnica y los mínimos requisitos de emisión, además de graves problemas de afinación, no se puede cumplimentar dignamente un Percy. Su primer aria recibió un silencio revelador, pero fué peor la segunda, la escena de la torre, en cuya cabaletta "Nel veder la tua constanza" no pudo dar el sobreagudo prescrito, porque lo que es imposible, es imposible. Unos amagos de aplausos, dieron paso a perceptibles abucheos desde el loggione. Inadmisible Elena Traversi como Smeton, una cantante? burda, con síntomas de amateurismo y cuya presencia resulta inexplicable. Tampoco se comprende que se traiga un director canadiense veterano, titular de la ópera de Hamilton, como Boris Brott para ofrecer una labor tan pésima, caída, destensionada, con concertantes deslabazados y presididos por el desajuste. Ya se sabía lo que se perdía al caerse del cartel el estupendo Bruno Campanella, pero no habrá italianos más apañados, que este canadiense
La producción de Vick, que ya ví en Palermo, y de la que hablé profusamente en mi Opera del mes sobre Anna Bolena, me sigue pareciendo la mejor de las suyas que he visto. Elegante, con buen gusto y muchas buenas ideas.
_________________ "El canto como la belleza que se convierte en verdad" (Friedrich Schiller)
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