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ÓPERA CON MAYÚSCULAS. Sondra Radvanovsky lo tiene casi todo para ser la Norma más importante de los últimos 30 años. Será poco belcantista, pero es una artista de raza. Sale a escena con ese traje de raso como diciendo: "Fíjense en mí, vengo a hacer algo grande". No es nada belcantista, cierto (pero tampoco lo era Callas, y nadie discute que era una grandísima Norma en su estilo). El timbre es personalísimo (puede gustarte o no, a mí me gusta), la dicción americanísima, pero es dueña de un torrente vocal de los que hoy escasean alarmantemente en los teatros. Sabe plegarlo cuando procede para conseguir bonitos pianos y filados, cosa que no quita para que lance unos pepinazos de impresión cuando procede, y hace una lectura del rol en la línea de Callas, dando máxima importancia al drama. Todo su final, desde In mia man alfin tu sei..., es como para contener la respiración. Sorprendentemente bien Dolora Zajick, que no será muy belcantista, pero sabe reducir sus medios acertadamente para adecuarse al rol, sin renunciar a alardes técnicos como varios reguladores dobles afrontados con la mayor facilidad. Si esta señora está cascada, no sé cómo estarán muchas de las que tienen 30 años menos. Bendita madurez. Claroscuros con Aquiles Machado, que canta bien, tiene timbre hermoso, da las notas (sin renunciar a cambiar de lugar algunas frases para acomodar las vocales de los agudos...), pero el fraseo es monótono, y suena una voz justita como para un tenor protagonista. En un reparto de voces normales, estaría estupendo. En este, donde ha de medirse con dos bestias pardas, pues queda ocasionalmente algo apagado. Con todo, mucho más que correcto, con los ladradores que hay sueltos por el mundo... Justito Carlo Colombara, un señor al que le he visto muchos Orovesos mejores. Ayer sonó falto de rotundidad en los extremos, e inevitablemente apurado por arriba. Muy bien Jon Plazaola en Flavio, y, sinceramente, esperaba más de Maribel Ortega como Clotilde: quiero decir, es una voz que para Clotilde está más que bien, pero uno ve su repertorio habitual y no se lo explica... El coro, mejor ellas que ellos. La orquesta, bastante pachanguera; y la dirección de Roberto Tolomelli exasperadamente lenta. Acertada la semiescenificación, iluminada de forma sugerente, generando alguna imagen hermosa (inicio del segundo acto) y focalizando la acción en el canto, como debe ser. Gran, grandísimo éxito de público en el Campoamor. Nunca había oído unas ovaciones semejantes en este teatro. Gran función.
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