Desde luego la tarde era para quedarse en casa y teniendo en cuenta que los previos a este Sigfrido habían sido las cinco aburridísimas horas del Tristán de Bilbao, meterse entre pecho y espalda 6 horas mas de Wagner eran una tarea difícil de asimilar. Pero siendo la menda de carácter incombustible y habiendo acordado cita y hora para el traslado, no he tenido más remedio que dejarme llevar.
Y doy gracias a Dios por ello y al MET, que me han hecho pasar una tarde para el recuerdo… porque esta claro, que a Wagner, hay que verlo, por lo menos, así.
La producción de Robert Lapage me sigue pareciendo ¡tan espectacular! que abruma: la infernal maquinaria divide, se inclina, sube y baja trasformando bosques encantados en hogares de herreros y nidos de amor… ¡ALUCINANTE!... La proyección de imágenes, el agua, el vuelo del pájaro… hay que verlo… no se puede contar.
Es cierto que en esta, la tercera entrega de la tetralogía, sus movimientos son algo más estáticos, pero este hecho no le quita ni un ápice de valor.
Sigfrido narra la historia del nacimiento y juventud del héroe que da nombre a la ópera, y si me preguntan a mi, creo que bien podría manejarse con una estética de comic: el héroe, la chica, el villano, el dragón… todos los ingredientes sobre la mesa para elaborar una historia de aventuras.
Seis horas de ópera, como decía al principio, con un absoluto protagonista: desde el minuto uno Sigfrido en escena de la mano del tenor Jay Hunter Morris, que se enfrenta al rol mata tenores por excelencia: casi imposible de interpretar, de lo cual se deduce que o bien Wagner odiaba a los tenores o era un cabrón de mucho preocupar: nuestro protagonista no solo se enfrenta a la longitud del papel, ha de mostrarse enérgico, heroico, poderoso, joven… un imposible, vamos. Hunter Morris quizás no sea la voz mas indicada para el rol pero lo saca adelante y eso ya es mucho: un lírico sin duda, con algún problema en el paso al agudo que hace que la voz suene a veces algo nasal, pero que remonta y llega de forma honesta. Cantando además durante buena parte del primer acto… ¿por debajo del escenario? De menos a más e impecable en su tercer acto junto a Brunilda: que ya es una puñeta en si, porque cuando el muchacho ya lleva cantando 5 horas, se le ocurre despertar a la chavala, que empieza fresca como una rosa…una faena, ¡ya te digo!
A Hunter Morris le acompaña además el físico: una cara a medias entre aquel galán de las operetas y comedias musicales de los años 50, Howard Keel y el sin par Errol Flynn, un buena estatura y un “volumen” apropiado para el montaraz Sigfrido, le hacen mas creíble.
A destacar también la labor del Mime de Gerhard Sieguel: un excelente actor para este papel bombón, que se ha tratar en su justa medida para no hacer de menos al joven protagonista: calculador, cobarde y malicioso, planea fríamente la muerte de su acogido, codiciando inmisericorde el oro. A gusto trabajando en su idioma natal Sieguel, musical, expresivo, sin problemas para hacerse oír, con un color precioso… un tenor para perseguir, desde luego.
Y queda todavía tanto… porque escuchar de nuevo a Bryn Terfel fue estupendo, dejando de lado mi afición por los barítonos, aquel padre/dios de Walkiria se instala en Sigfrido mucho más filosófico, ¡tan intenso y emocionante!... ¡que centro tan bello!... un placer Mr. Terfel.
Y después de un conocido, una sorpresa porque… Dios mío, ¡como canta Eric Owens!... ¡que colores!... grande, inmensa, natural… lo definen como bajo-barítono, pero yo creo que es un bajo natural. O eso, o es que estoy tan aburrida de escuchar estos barítonos rosinianos que ya no distingo nada.
Y termino hablando de los hombres con Hans Peter Köning, que tiene un doble mérito sin duda, porque elabora el papel del dragón detrás del escenario y solo al final cuando Sigfrido lo mata, aparece en escena doliente y profundo…
A propósito de la voz de Deborah Voight, esta Brunilda de la tetralogía del MET, he hablado con varias personas estos días… todos coincidimos en que hace 10 años era una voz soberbia, pero ahora… ahora, ya no. En Sigfrido canta apenas 30 minutos y Brunilda… Brunilda, es mucho más que un truco.
Sobre Luisi, lo dicho antes: creo que estuvo en su justa medida...¿algo rápido, quizás?...no lo se...que lo digan los que han visto pasar muchos Sigfridos
A veces vas al teatro casi por obligación y sales con la función de tu vida a cuestas… cada representación es única e irrepetible y si preguntas a 100 personas al termino de cualquier cosa, será difícil que dos seguidas te digan cosas idénticas… por eso ME GUSTA EL TEATRO.
