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Brevemente, unos comentarios sobre la función de "Donna del lago" sábado 29 en La Scala.
No salí entusiasmado ni mucho menos de la representación y eso que el reparto era difícilmente mejorable hoy día. Se diga lo que se diga, pongamos las dosis de voluntarismo que queramos, las estrellas actuales no reúnen las condiciones técnicas ni vocales para hacer justicia a una partitura que estrenaron, nada menos, que Isabella Colbran, Rosmunda Pisaroni, Giovanni David y Andrea Nozzari.
Para mí el mejor fué Flórez. Claro que uno desearía un material vocal de más fuste y presencia, (aunque me dió la sensación de que corría más que otras veces -incluso se le oía en el interno del último acto), un fraseo más variado e incisivo, una demostración de dominio de la regulación del sonido, de las gradaciones dinámicas (una joya como "Una fiamma soave" se presta a un mayor juego de smorzature, sfumature, de regulación de las intensidades, de clarooscuros, de ductilidad y elasticidad), unos acentos menos de colegial, de estudiante de sobresaliente, que nunca falta a clase ni se lanza a dar un beso de tornillo a las muchachas, pero... hay que reconocer a un señor que ya lleva 14 años de carrera (con los esfuerzos que le supone hacerse oir en teatros enormes), emite canónicamente, la voz está fuera, nítida, "schietta", homogénea, canta correctísimamente, tiene legato, sigue conservando la extensión y facilidad en el agudo y sobreagudo y una buena agilidad. Incluso le noté intentando acentuar con más intención, con algo más nervio, menos edulcorado (dentro de lo que cabe- incluso, en la gran escena prerromántica y preverdiana del acto segundo, en que se enfrenta a su rival Rodrigo di Dhu superó en ese aspecto a Spyres) y mejor de fiato que otras ocasiones (las volatine de "Oh fiamma" fueron resueltas con una sola respiración).
Para mí, insuficiente la Di Donato. La voz atrás, in gola, sin un sonido sul fiato, sin enmascaramiento. Así es imposible en bel canto. El grave no existe, centro "esile" y sin carne. Como soprano que es, va fácil al agudo, pero éste resulta apretado, pobre de timbre y sin squillo. Es musical y la coloratura rápida di grazia tiene cierto impacto, aunque con momentos de "cacareo". Se despachó en un excesivo "rondó final" (de nunca acabar) que pareció eterno con la colaboración de la batuta.
Decepcionante también la Barcellona que va a menos (quizás las Amneris y demás ya van pasando factura) a pesar de las ovaciones que le deparó el siempre chauvinista y ya lejos de sus mejores momentos, público italiano Scaligero. Comenzó oscilante (intentó en el comienzo de "Mura felici" la messa di voce de la Horne, pero quedó sin resolver, deslucida sin apoyo y temblona), aunque lo fué controlando conforme avanzaba la representación. El grave desguarnecido, el cento sordo, sólo las notas altas suenan timbradas y con expansión, aunque algo abiertas. La coloratura aún plausible aunque atropellada y trabajosa. Se mantienen su arrojo, presencia escénica y comunicatividad.
Ya me he referido a Michael Spyres en otro hilo. Graves impactantes en esa tremebunda salida de Rodrigo di Dhu "Eccomi a voi", sólidos, con timbre y redondez, insisto inalcanzables actualmente, para pocos bajos y ningún barítono. Eso sí, conforme la voz asciende a centro y grave, se decolora, blanquea y culmina en unos agudines ridículos, famélicos, falseteros, sin timbre ni expansión.
Muy flojo el Duglas de Balint Szabo, con la voz empotrada en la garganta. Irregular la labor de Roberto Abbado, con una orquesta aún estupenda (aunque comenzó un tanto dubitativa), tuvo momentos y detalles de finura, de claridad expositiva, de morbidez, pero se le fueron de las manos maravillas como la introducción a "Oh fiamma soave", que resultó anodina, así como el final del acto I, donde no brilló la concertación ni el pulso. Sorprende (tristemente) para mí, la flojísima labor del coro. Tengo al de La Scala, como el mejor coro de ópera del mundo y así me lo ha demostrado otras veces, pero lo encontré bajo de forma, desempastado, desabrido, descuadrado... Una pena.
Poco que añadir a lo ya dicho sobre la producción de Pasqual. Incomprensible e inexplicable. Sin dirección de escena y con una escenografía que valdría para cualquier ópera, excepto, ésta precisamente, donde como ya dije, el elemento de la naturaleza es fundamental.
_________________ "El canto como la belleza que se convierte en verdad" (Friedrich Schiller)
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