Por desgracia, yo sólo pude escuchar la transmisión radiofónica, pero a mí no me pareció para tantos entusiasmos como se recogen por todos sitios, y como parecían indicar las ovaciones del público de La Scala. Tal vez en vivo la cosa fue estupenda, pero por radio a mí me resultó una función bastante discretita. Además, me pareció una versión con tendencia a lo melífluo y a lo empalogoso, cuando no decididamente cursi, sobre todo por culpa de Di Donato, de Flórez y de Abbado.
La Di Donato tiene a su favor un timbre con un deje melancólico que se amolda como un guante a este personaje, pero a su canto le falta naturalidad y frescura, y le sobran artificios y amaneramientos. La colaratura “di forza” no la domina (como en el terceto) y por eso lo mejor lo dio en el rondó final, más ligero y pimpante, aunque la coloratura (de gracia, en este caso) salga como unas gárgaras de notas. Flórez ha tenido noches mejores cantando el Uberto. Ayer parecía que pasaba por allí y poco más. Sería lamentable que se acabe convirtiendo en un funcionario del canto. Y que alguien le explique la diferencia entre un fraseo poético y refinado, y un fraseo amanerado y rancio, con esos portamentos arriba y abajo cual vieja cantando en misa.
Y Abbado terminó de cerrar el círculo. No sé si él influyó en los cantantes, o los cantantes en él, pero lo cierto es que su dirección cayó en los mismos vicios que los de los protagonistas. Hubo algún momento bueno, pero en general se decantó por unos tempos lentísimos (coro de bardos, aria de Uberto), caídos, sin tensión, y tendentes, como ya he comentando, al amaneramiento. También tuvo problemas evidentes de concertación, en concreto el final del primer acto fue un desastre por la falta de entendimiento entre el foso y la escena.
En cuanto a Osborn, hay que partir de la base de que está cantando el papel equivocado (su voz es para Uberto, no para Rodrigo), pero parecía el más centrado de todos, aunque también le he escuchado noches mejores. La tesitura del papel le resulta muy incómoda por abajo, donde no da una, y en cambio va sobrado por arriba, aunque algunos agudos le salen demasiado abiertos. Y dejo para el final el misterio de la noche: la Barcellona. A mí ayer me pareció impresentable. Su aria de salida fue un auténtico horror (sofocada, perdido por completo el control de la voz porque es incapaz de sostenerla correctamente; alaridos en vez de agudos; una coloratura farragosa y lanzada a la buena de Dios…), lo peor que le he escuchado nunca. Yo pensaba que siendo La Scala iba a haber meneo. Pues todo lo contrario: una ovación oceánica. No daba crédito, pero al parecer La Scala ya no es lo que era

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Visto lo visto, oído lo oído y leído lo leído, la verdad es que tengo la sensación de que he escuchado otra función

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