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TRISTAN E ISOLDA:
Tristan: Torsten Kerl Isolda: Jennifer Wilson Brangania: Elena Zhidkova König Marke: Matthew Best Kurwenal: Alan Held
Bilbao Orkestra Sinfonikoa Coro de Ópera de Bilbao Coro Tísico bilbaíno. Director de escena: Pierluigi Pier´Alli
La verdad es que atreverse a representar en un coliseo zafio como el bilbaino una ópera de tamaña envergadura y profundidad como es la obra que nos ocupa, me parece en principio, una empresa imposible. La profundidad del drama, la filosofía de Schopenhauer y la redención mediante el amor me parecen temas muy serios para un público muy mediocre como el bilbaino Por mucho que traigas una producción exquisita, cuidada cada matiz por un grandísimo director de escena como Pierluigi Pier´Alli, que cuida el drama original y lo adecúa a las novedades tecnológicas, no encajará. No gustó mucho entre los asistentes su inteligente dirección de escena, que renunciaba a llenar el escenario de movimientos rápidos y decorados, sustituyéndolos por una direccion de escena serena, hierática y abarcando la escena – muy sabedor él de la complejidad del drama y su poco movimiento escénico, y del diámetro abdominal de los solistas-. El decorado me pareció muy innovador, con unos juegos de luz y unas pantallas que proyectaban un decorado soberbio. ¡Ese 3ºacto con ese sol enorme que resulta desgarrador, seco, árido! O esa muerte de Tristan con un cielo nublado...¡Oh, qué maravilla!
Pero aunque la ABAO se preocupe por cuidar la producción y traer un reparto internacional de prestigio, el problema sigue estando en casa, donde la Bilbao Orkestra Sinfonikoa de jóvenes músicos, que no superaban los 60 maestros, se debate constantemente el título de “sinfónico”. No sirve de nada traer a figuras de primer nivel y producciones esquisitas a un precio desorbitado, si la orquesta no te va a responder. Miguel Ángel Gómez Martínez he de decir que para mi gusto hizo una labor muy buena como preparador orquestral. No me cabe la menor duda que con sus tablas y ducho conocimiento de la obra wagneriana ha conseguido exprimir a la orquestra y sacar de ella lo mejor. En ese aspecto me quito el sombrero ante el director andaluz, que conseguía sacar auténticos “pp” de la orquesta para que los solistas pudieran escucharse (con la OSE habríamos ganado una orquesta, con su profundidad de sonido, pero habríamos perdido casi seguro, la voz de los solistas). En cuanto a la idea del Tristan que nos mostró ayer Gómez Martínez, tuvo un primer acto lento, lentísimo. Con un preludio orquestal que resultó aburridísimo. Faltaban para llevar el drama tan lento el redondeo de las frases, la pasión del drama, y una orquesta con suficientes profesores para que suene a orquesta. Sino, tenemos lo que sonó ayer, una dirección más centrada en homogeneizar la orquesta de provincia, que en frasear y encandilar al público. Aún así, gran labor de Gómez Martínez. Jennifer Wilson ya no es la que era hace 6 años, donde antes había una voz perfectamente colocada, con un agudo en punta que recordaba a la Nilsson, ahora hay una masa escénica con un apoyo vocal dudoso y unos agudos que algunos salen calantes y otros siguen saliendo soberbios y brillantes. Pronunciación dudosa, y una artista sumamente aburrida, con un pasaje con un deterioro más que notorio con muchas dificultades. Torsten Kerl era un tenor que tenía muchas ganas de escuchar en directo, su timbre en grabaciones registradas resultaba muy atrayente, incluso su complicidad psicológica en papeles como el Paul. Ayer resultó un truño como una casa, una voz totalmente engolada en el centro y en el grave, tragada, con unos agudos atacados a lo “mecagoendiez”, nasal. Estuvo reservadísimo en el 1º acto, apenas audible, con un 2º acto donde tuvo serios problemas de afinación y vocales, pues tanto forzó la voz para que se le escuchara que literalmente se quedó sin voz durante los últimos dos minutos del dúo de amor. En el 3º acto cantó todo sin pasión, como su movimiento escénico, desganado, en las antípodas de lo teatral, como quien viene a Bilbao de bolo. No dudaré que sea inteligente, porque supo medirse y llegar al final, dando la sensación que tampoco se desvivía y que no tenía ni puta idea de lo que decía; entre sus trucos pude apreciar que los agudos bien emitidos los intentaba alargar lo máximo para sorprender al público. Impresentable, a otros engañará pero a mí no. Y una auténtica sorpresa que un tenor con un pasaje y un agudo de un lírico-ligero sea uno de los mayores exponentes del wagnerianismo actual. Su concepción psicológica, escénica y vocal del héroe fue nula, aburridísimo y desganado. He de reconocer que ayer eché de menos a Jon Fredric West, que fue mi primer Tristan, igual de simple en la concepción vocal, pero con un despliegue vocal que habría encantado en Bilbao.
La señorita Elena Zhidkova resultó posiblemente la gran triunfadora de la velada, con una voz que aunque posiblemente no sea de mezzo y resulte muy previsible en la emisión y en la interpretación, resultó acertada y con un volumen adecuado. Lo mismo que Alan Held, un veterano wagneriano de una voz enorme, manejada así así, pero rotundo y soberbio en su interpretación salvaje del Kurwenal, con un despliegue en el 3º acto muy inteligente, pues sabía que se podía llevar el acto al bolsillo sin problemas. Bella media voz que se pegó en dicho acto. Matthew Best no resulto “ser el mejor” (chiste malo, a ver quién lo pilla). Con una voz grande de bajo o bajo-barítono, con sus problemas y sus vicios, pero que cumplió con el difícil papel del Rey Marke, mejor que otros. Los comprimarios a un nivel bueno. Y el coro Tísico de Bilbao jodiendo como siempre en los momentos más íntimos y espirituales. En definitiva, una velada olvidable, exceptuando la producción y los siervos de los enamorados que estuvieron a la altura de lo esperado. No sé por qué se empeñan en programar títulos que no pueden representar. Donde no hay mata, no hay patata.
Un placer encontrarse con la bella Naietta, y poder saludar a algunas personas, como Spinoza.
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