Carl Tunner escribió:
En cuanto al público, recuerdo tu encarnizada cruzada con el Saint François..., desconozco si la Finta entraba o no en abono, pero con dos solitarias funciones, el teatro estaba despejadito. El patio de butacas presentaba media ocupación y despúes de la primera parte, aún faltó mas gente y eso que muchos se bajaron a ocuparlo. Por mi parte, mejoré diez puestos la entrada que tenía. AL final hubo más aplausos (creo, porque salí pitando), pero durante la obra no detecté un público "enfervorizado". Vamos, que el éxito de una Elektra, lejos se ser memorable, ha sido muy, muy superior.
La Finta entraba en abono, pero al contrario del San Francisco, teníamos la opción de la devolución de las entradas y posterior reembolso del 90% casi de ser vendidas. En el San Francisco no, se prohibió eso (algo lógico si se quería contar con algun asistente) había que comerselas con pan bimbo: pequeña diferencia, no? En el San Francisco traté sin éxito de REGALAR mis entradas, y nadie las quiso. En esta ópera no pude ir a mi día asignado, que era el anterior, y conseguí cambiarlas con otro abonado del día siguiente: vamos, igualito, lo que se tiende a hacer con una u otra entrada.
A ver, yo no exagero. Yo iba a la función con expectativa medio-baja, esperaba sopor, bostezos varios y las probabilidades de salir en el descanso siendo miercoles y habiendo episodio de "Tierra de Lobos" en la tele, eran realmente altas. Pero mira, resulta que me lo pasé como un enano, y la ópera me pareció una delicia y trabajada con esmero y resultado final, más que digno. Si a eso sumamos que en Madrid hemos de prepararnos para representaciones que nos van a dejar KO, y que la composición de los títulos que comprenden la temporada remueve estómagos, pues resulta que un Mozart, aunque no sea uno de sus títulos líricos capitales, es de lo poco jugoso que vamos a ver. El resto de la gente, pues a juzgar por sus reacciones lo disfrutó. Desde luego, en paraiso, pocos, muy pocos, serían los que se fueron, es posible que abajo sí se fueran más: desde donde me ubico yo no veo el patio de butacas. Los aplausos entre numeros existieron, algunos más calurosos que otros, pero no he dicho nunca que fueran como cuando Kraus cantó Lucrezia en Barcelona, no estoy loco ni sordo. Y al final, pues los agradecimientos fueron bastante calentitos, sin haber en ningun caso un éxtasis en tal lid.
Creo que en el mundo existe el gris, no solo el blanco y en negro. Menos tremendismos, menos radicalismos, menos pasaportes (la chinita, por cierto, era precisamente la más graciosa y comunicativa) y más pies en el suelo.