El making ofEn honor a la verdad, nunca me había internado, más allá de “Los planetas”, en el universo de Holst. (Lo siento: no he podido resistirme al juego de palabras. Ya me tiro yo el tomate:

) Pero a finales de mayo andaba rastreando entre los autores ingleses en busca de algún lied para poner en el hilo correspondiente, y me encontré con las “Doce canciones sobre textos de Humbert Wolfe” en la versión de Patrizia Kwella con la City of London Sinfonia. Fui oyéndolas una tras otra cierto interés, hasta que, tras el silencio que precedía a la última, la orquesta comenzó a sonar etérea y misteriosa. Más que misteriosa: intrigante.
Esos primeros compases, irreales, oníricos, me pusieron en tensión. Parecía que anticipaban, allanándole el camino, a algo grande, algo importante. Pero ese algo se hacía esperar. Creaba expectación. Por fin, llegó desde lo alto una voz desapasionada, inhumana, gélida como una nevada. Sin duda procedía de otra dimensión, y sonaba lenta y fascinante cual debe de sonar la voz de un hipnotizador que, sumergiéndote en un estado inconsciente, anula tu voluntad y te manipula según la suya. A medida que avanzaba la canción, me debatía entre una calma lánguida y un estado de pesadilla. Quería que continuase, y a la vez quería que acabase ya. Cuando por fin lo hizo, no sabía dónde tenía los nervios; hasta podría decir que estaba cansado psicológicamente.
“Este”, me dije. “Este voy a poner”. Pero la conmoción había sido tal que, inmediatamente, cambié de idea y pensé que una canción tan extraña merecía una semana de atención en la Obra del Año. No por bonita, no. No diría yo que “bonita” sea el primer calificativo que se le ocurre a uno para “Betelgeuse”. Pero sí por impactante. Por impresionante, en cualquier sentido de la palabra. (Al final, acabé subiendo al hilo del lied una canción de Ireland que tuvo buena acogida, así que miel sobre hojuelas)
Conseguido el texto, y traducido con algo de ayuda protofamiliar, el siguiente paso era encontrar material para armar una exposición mínimamente decente. Esto se reveló complicado. Días y semanas de búsqueda internauta me dejaron prácticamente in albis, pues aunque Holst es un autor reverenciado en Inglaterra, ni siquiera en inglés encontraba nada ni sobre “Betelgeuse”, ni siquiera sobre las “Doce canciones”. Hasta en su biografía se abre una sima durante esos años. Y analizar por mí mismo la obra quedaba descartado pues carezco de formación musical y de oído, hasta el punto no ya de no distinguir un mi de un fa, sino de irme justo para diferenciar un flautín de un trombón.
Así que, ¿cómo presentar una obra de la que se ignora todo, sin el talento sintético de Gino ni la facundia analítica de Siddharta?
En éstas estaba y, echándole valor, ya casi me había decidido a encargar un par de monografías en inglés sobre Holst cuando se me ocurrió mostrar a mi mujer lo que estaba preparando. ¡Una candidata a Obra del Año, nada menos! Ella se esperaba algo de impecable factura melódica, del “Va, pensiero” para arriba. A mitad canción me la hizo quitar. Y en dos frases me cayeron dos sentencias: “¡Es horrorosa! ¡Con eso no te van a dar ningún voto!”
Primero contesté a la segunda: “Bueno, pues batiré un record. Porque ganar, hay quien ha ganado ya. Pero quedarse sin un solo voto… ¡Eso aún no lo ha hecho nadie!”
Y después traté de rebatir la primera: “Y hombre, horrorosa tampoco es” “Anda que no” “Que nooo. Bueno, quizá un poco, pero es que creo que Holst buscaba reflejar el horror” “Ya. Sí, hombre. Si lo sé, no le digo a mi prima que te ayude con la traducción”. Y desde entonces, si en la saga de Harry Potter hay un innombrable, en mi casa hay otro que empieza por H y acaba por t.
Pero la discusión me dio una idea para presentar la obra: ¿Y si camuflase mis carencias inventándome unos diálogos entre Holst y su mujer, trufados de datos de la biografía del autor y del contexto histórico de la obra? Fui madurando la idea, y decidí ponerla en práctica cuando comprobé que podía convertir la frase “Holst compuso Betelgeuse en 1929” (lo único que tenía escrito hasta entonces) en lo que acabó siendo el primero post de conversación entre el matrimonio, ubicando la fecha de composición de la obra sin decirla siquiera, e informando de paso sobre algunas circunstancias personales del autor. Lo mismo hice en el siguiente post en relación a Humbert Wolfe.
Entonces fue cuando se obró el milagro. Por casualidad, como casi siempre. Buscando otra cosa, y al cabo de varios rebotes en Google, apareció un libro titulado “Parry to Finzi: Twenty English Song-Composers” (ya podía yo buscar libros en cuyo título apareciese el nombre de Holst) en el que se analizaba con cierta profundidad las “Doce canciones” en general ¡y Betelgeuse en particular!
¡Eureka! Con eso se me ensanchaba la exposición cuantitativa y, sobre todo, cualitativamente. En las charlas ya podía salir a la luz lo que el compositor quería expresar y cómo lo hizo. Para ello, la señora Holst manifestaría sus reservas, tal cual había hecho la señora Loge, y el músico se defendería explicándole el intríngulis de la canción.
Con una explicación general de las “Doce Canciones”, el ineludible artículo sobre la estrella y la redacción de un post explicativo (éste), la exposición quedó lista y para enviar.
Y llegados a este punto, termino, naturalmente, con una nueva versión de “Betelgeuse” que podremos disfrutar todos por cortesía de Elvira. A ver si el barítono convence más que los tenores:
Gustav Holst: Betelgeuse (Keenlyside y Martineau)¡¡0!!Con esto, se completa el lanzamiento de “Betelgeuse” como candidata a la Obra del Año. De vosotros dependerá que coja vuelo o no pero, con independencia de su éxito o fracaso, me alegro de haber tenido la oportunidad de dar a conocer esta obra extraña y de haber acercado un poco a ese compositor también extraño, trombonista, vegetariano, estudioso de la filosofía hindú y del sánscrito, cerebral, distante y frío que fue Gustav Holst.
Muchas gracias a quienes habéis leído y comentado estos post. Turno para el siguiente.
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Fuentes:Han sido abundantes, y gracias que hoy todo puede buscarse sin moverte de la silla. Así, he verificado las vacaciones invernales del matrimonio Holst en Italia, la relación de grabaciones de “Andrea Chenier”, las fechas del Delius Festival, que Isobel Holst aún viviera en 1929 (no fuera a caérseme el planteamiento por la base), que la constelación de Orion es visible en el hemisferio norte poco antes del amanecer entre agosto y noviembre, que no todos los vegetarianos son iguales y que sólo los muy ortodoxos eliminan los huevos de su dieta, etc, etc. La mayoría de estos detalles han salido de wikipedia o de la biografía de Ian Lace que se encuentra en
http://www.gustavholst.info/biography/i ... ?chapter=1Todo el tinglado de las dos tonalidades, de la inversión del acorde de re bemol y de las “sutiles alteraciones de los ostinatos que a veces coinciden con el compás y otras no”, así como la primera parte del antepenúltimo post procede de “Parry to Finzi: Twenty English Song-Composers”, de Trevor Hold, algunas de cuyas páginas pueden leerse aquí:
http://books.google.es/books?id=L_NS-he ... &q&f=falsePara saber cómo es Betelgeuse me ha parecido suficiente la entrada que tiene en wikipedia:
http://es.wikipedia.org/wiki/BetelgeuseFinalmente, para informarme un poco sobre la infancia, juventud, madurez, vejez y defunción de las estrellas he recurrido a
http://www.portaleureka.com/accesible/a ... -estrellas