Si me permiten, algunas puntualizaciones sobre el asunto Otello:
- Que pueda gustar más o menos Mario del Monaco o Jon Vickers es una cosa, que se pueda discutir la nula italianità del canadiense y se diga que la del florentino es "supuesta", resulta incomprensible. No sólo por timbre, squillo, articulación, pronunciación, idiomatismo, sino y, es muy importante, en ópera italiana en general y especialmente, en la del último tercio del ottocento y aunque aceptemos que Otello es una obra "especial" (si bien, no deja de ser italianísima) se requiere un
mínimo de expansión canora y de calidez-extroversión de temperamento (además de unos mínimos vocales, no sólo en cuanto a volumen, grano o robustez sino también en cuanto a brillo, metal, esmalte, timbre, belleza...). Vickers, artista muy inteligente, consciente de que no puede cumplimentar esos aspectos, realiza una encarnación más Skakespereana, más teatral que operística, doliente, introspectiva, todo lo que dicen ustedes. Se lo lleva a su terreno, por eso es un gran artista, pero no tanto para hacer que lo blanco sea siquiera gris. Como anécdota, si quieren chocarrera y paródica, me vienen a la cabeza las palabras de un amigo: "Cuando empiezan con lo de caracterización doliente, íntima... malo... es que no tiene voz o lo que tiene es un estropajo"
-Ya sabemos que ahora está de moda despachar el Otello de Del Monaco con "monolítico", bestiajo y tal..., aunque su cotización cimera entre los que lo vieron en vivo, curiosamente (algo muy ilustrativo), permanece absolutamente inalterable. Un señor que cantó más de 420 veces este papel en teatro y sin instrospecciones ya merecería que nos pusiéramos de rodillas, pero es que yo me he escuchado más de 20 grabaciones en vivo de su Otello, y siempre le he oído realizar los pianos del duo, smorzar en "acqueeeeeeta" del monólogo del acto III, además de dar unos agudos sobrehumanos y con la
verdadera voz de tenor dramático, un material vocal simpar (El era el ejemplo de "broncíneo" y no Domingo). Nadie discute que el temperamento y modos hiperbolícamente viriles, arrolladores y agresivos de Del Monaco puedan resultar excesivos (o que ahora no estén de moda), pero me sorprende que se desprecien los intentos, tantas veces logrados, de domeñar, de apianar con uns instrumento grandioso y sin embargo, algunos se vuelvan locos con los sonidos blancuzcos, sin esmalte ni timbre del Sr. Vickers. Por no hablar de que Otello no es sólo "doliente" y tal, es un caudillo guerrero también, y al ver al canadiense no me imagino ni que haya matado a una odalisca, como para vencer a la escuadra moruna....
-Claro que hay sonidos ingratos y más que discutibles en los muchos testimonios del Otello de Domingo (muy bien elegidos los ejemplos de las versiones de Maazel y, especialmente, Chung). Domingo era un lírico cuando abordó el papel (luego, oscureció y abombó el centro a lo largos de los años), pero ahí está la buena factura de los momentos más líricos, la nobleza que dotó al moro (resaltada por Celletti), su mítico carisma y capacidad para emocionar como último bastión de la ópera de verdad. Además, en este caso concurre un elemento subjetivo muy personal Le ví dos funciones en vivo del papel y fué memorable, con la casi certeza, además, que no volveré a ver un Otello ni a mil millas de nivel.