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Bueno, pues venimos de la apoteosis tifosa, aunque haya algunas consideraciones que hacer.
Muy sinceramente, la gran triunfadora de la noche ha sido la deliciosa y espectacular Gilda de María José Moreno. Puede que no sea una especialista en agilidades, pero hoy se ha lucido. Puede que su registro sobreagudo no sea su fuerte, sin embargo ha sacado adelante todas las puntature. Ha cantado con sentimiento, con dulzura, un Caro Nome con un trino final en pianísimo que ha sostenido hasta el final de la orquestación. Ha empastado perfectamente con Nucci en sus dúos. Se ha dejado oír, y ha mostrado un timbre bellísimo. Muy por encima de las Rancatore de turno que pueblan los teatros italianos. Un regalo.
Nucci. En fin, que todos sabemos sus trucos, sus vicios, sus potencialidades, su talento. Cada vez matiza menos, pero sigue siendo un barítono de poderosísima voz, homogénea en toda su extensión, de una enorme teatralidad, quizá fraseando mejor que en otras ocasiones que le he escuchado el papel, y con su facilidad para irse arriba. Bisó la vendetta, como manda su tradición. Se llevó la enorme ovación de la noche, creo que con una dosis elevadísima de reconocimiento a su carrera.
Y el tenor lo dejo para el final, porque él mismo ha reconocido que los nervios le han jugado una mala pasada en su escena. Mikeldi Atxalandabaso ha compuesto un Duca basado, eminentemente, en el fraseo elegante, en la smorzatura de su texto. "Mi referencia es Kraus", decía en una entrevista hoy mismo. Y lo ha honrado con esas exquisitas formas. Estuvo muy correcto en el primer acto, brillando en el dúo con la soprano. Pero el Parmi Veder ha sido un pequeño suplicio para él, y por alguna razón le ha ido faltando el aire y el si bemol ha sonado algo áfono, cuando es una nota que él tiene de sobra. Ha sufrido y se le ha visto. Cuestión de madurar el papel. Creo que el ánimo se le ha venido un poco abajo en el tercer acto, que tampoco ha disfrutado. En fin, que a ver si este día lo olvida y se centra en el miércoles para lucirse como yo creo que puede.
Ulianov tiene voz de bajo, pero tanta potencia sin control no vale de nada. Trullu, correcta de Maddalena. Y la orquesta a su habitual gran nivel, aunque yo le podría algún pero a los tempi elegidos por el maestro Gómez Martínez en algunos pasajes, como las cabalette o algún dúo del barítono, donde los músicos iban por un lado y Nucci por otro. La producción de Sagi, del montón. Nada entusiasmante.
Dicho lo cual, quedo con ganas de regresar el miércoles.
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