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Con el permiso de Téllez, la tercera ópera que vi fue Roméo et Juliette, o sea, Romeo y Julieta. Esta vez no hacía calor por la noche e incluso refrescó bastante. Menos mal, porque nos equivocamos de entrada y tuve que ir deprisita al hotel por la correcta. La chica que estaba a mi derecha no le parecía suficiente calentarse con el novio, así que creyó pertinente sacar una caña de chorizo, probablemente ibérico. El reparto fue el siguiente: dos lascas de chorizo para ella, una para el novio...; digo..., el reparto musical:
Romèo: Stefano Secco Juliette: Nino Machaidze Tybalt: Jean-François Borras Stéphano: Ketevan Mekoklidze Mercutio: Artur Rucinski Capulète: Manrico Signorini F. Laurent: Giorgio Giuseppini
Director: Fabio Mastrangelo
La gente volvió a llenar el graderío. Obra quizás poco "areniana" pero evidentemente escucharla aquí le da un puntillo especial. Algún día la grabará ese consorcio de televisiones con el apellido de "en sus lugares", con Plácido Domingo Dios sabe en qué papel, porque aquí tiene donde elegir. De hecho, la función fue grabada, así que a lo mejor en unos meses la vemos en Cinesa.
La estrella de la producción era Nino Machaidze (¡qué cantidad de apellidos terminados en "-dze"!) y la verdad es que la chica se lo merece. Un poco más lenta de lo habitual la música, para que no sufriera mucho con los trinos y coloraturas, la voz es preciosa, los agudos son seguros, por abajo va bien y se la escucha perfectamente. Su aria-vals fue una maravilla (algo lentita) y en los dúos estuvo magnífica.
A su lado, el tenor Secco lució tan poquito como su estatura (vamos, que casi se lo comía) aunque a decir verdad no me disgustó en absoluto (espero que mitchum no me acuse de sordo). Tiene una bonita voz, yo creo que demasiado ligera, se le escuchaba razonablemente, su aria del segundo acto la cantó bien y la pena es cuando canta al unísono con la soprano. No obstante, el hombres se entrega y su dúo del cuarto acto fue de lo mejorcito. Ya lo hubiera querido para la ópera de la noche anterior.
Otra que destacó bastante fue la mezzo Mekoklidze (¡otro!), que cantó su "Que fais-tu, blanche tourterelle" admirablemente. Fue incluso aplaudida por el director. El resto del elenco estuvo más que correcto, me gustó especialmente el cura, Giuseppini.
La puesta en escena... pues, un entramado irreconocible, sin duda lo peor de la noche. Parecía que cantaban en los andamios de un edificio en obras, que Julietta vivía en una nave espacial y que la iglesia era un gigante frasco de perfume megafashion. Ah, y salió el coche de Batman con un capuleto. O montesco, la verdad es que ya ni me acuerdo.
Aplausos de nuevo para todos, también para el personaje del gong que sale para anunciar el fin de cada descanso. A mí me parece un petardo pero hasta hace una reverencia de artista.
_________________ Mejor un mal Verdi que un buen Britten.
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