La bella durmiente.

Todavía me sigue pareciendo misteriosa, insondable. Primavera, Flora y Fauna, con su gracia, sus varitas mágicas y sus increíbles juegos de escalas (la secuencia dentro del cofre, por ejemplo, digna de
El increíble hombre menguante), se empeñan en despertar mi memoria continuamente. A pesar de mi querida Cruela de Vil, Maléfica sigue sin rival en la factoría Disney... y ya ha llovido a la hora de las maravillosas malas de la casa Disney. La secuencia final, la del príncipe en lucha con un castillo dormido en la noche de los tiempos, me sigue pareciendo de las peores pesadillas que pueda imaginar. Borges, Cortázar, Rulfo, no sé, por ahí... El color, el formato, la caracterización de los personjes, el estilizado diseño, la dirección artística en resumidas cuentas, me encantan, en el sentido literal de la palabra. La veo a menudo con la misma disposición que una sesión de psicoanálisis. A la vez me da miedo y me fascina. Algo hay en
La bella durmiente que explica mi infancia y sigo sin averiguarlo, aunque cada vez que la veo encuentro nuevas pistas...
Por cierto, y lo siento:
Fantasía la encuentro grotesca. Es la que más detesto, incluso comparada con horrores recientes del tipo
Hércules. Disney me merece mucho respeto, con todo, y tiene una cuantas que me gustan sin reparos. Son muchas más las que me gustan que las que no.