Segundo reparto de Tosca (28-7).
Brevemente.
Sondra Radvanovsky tiene una voz personalísima e inconfundible, con una emisión algo peculiar y un vibrato al que hay que acostumbrarse (y que acaba siendo más una característica que un defecto). Los agudos le pasan como un cañón, y el volumen es indudablemente importante, aunque sepa dosificar las fuerzas trampeando ocasionalmente. El primer acto lo canta al 60% de lo que va a dar en los dos siguientes. En el segundo saca la artillería pesada y arrasa sin la menor piedad con la orquesta, con Scarpia y con todo lo que le pongan por delante... El tercero lo vuelve a cantar a buen nivel, y lo corona con un agudo espectacular, brillante, timbradísimo y penetrante como una flecha en la frase
Io quella LAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAma..., que se debió escuchar hasta en la Puerta del Sol. A mí aún me pitan los oídos al recordarlo. Es mucho más actriz que Urmana (y tiene más físico de Tosca), aunque la dicción italiana sea bastante penosa. Me gustó bastante, porque es de estas voces de verdadera ópera, es el antichenismo por autonomasia.
Claroscuros en el Cavaradossi de
Jorge de León. La voz es importante, hermosa, bien timbrada, de verdadero spinto y con brillo en el agudo; canta en general con honestidad e intenta seguir la partitura en la medida que se lo permite el torrente vocal que debe controlar... El
E lucevan le stelle lo canta de manera notable (así se lo supe reconocer con uno de mis ya legendarios bravos), y el volumen es muy, muy respetable. Ahora bien, técnicamente hay aspectos serios que se deben seguir trabajando y han de solucionarse a la mayor brevedad posible: hay un vibrato hacia la zona de paso que es bastante peligroso, y la colocación no siempre es la correcta. El fraseo, aún siendo mejor que el de Berti (cosa que tampoco es muy difícil...), también es bastante susceptible de mejora. Como actor, convincente.
Y llegamos al amigo
George Gagdnize, que fue todo lo contrario que Atanelli: un Scarpia de caricatura que más que miedo daba risa (¿recuerdan al villano de
Roger Rabbit? pues por el estilo...). Vocalmente, está en la línea de los Scarpias vociferantes con tendencia a hablar más que cantar, pero como todo el sonido está atrás la orquesta le tapa en no pocas ocasiones clave, aún cantando en primerísimo término del escenario. Lo que pudo haber sido un segundo acto electrizante, con una Sondra en estado de gracia, se quedó a medias, por culpa de este señor. Lástima no haber tenido a Atanelli con Sondra hoy, porque habrían saltado chispas... Si esto hace con Scarpia, es que ni me lo quiero imaginar en papeles verdianos... Una decepción mayúscula, a la altura de tantos barítonos que perpetran estos roles hoy en día, y que fue recibida por mi parte al final con el entusiasmo que tal actuación merecía...

Sinceramente. no recuerdo la última vez que recibí a un cantante con este tipo de entusiasmo...
Nada que añadir sobre los secundarios, y debo puntualizar la mediocridad del coro, que ayer pasé por alto.
La dirección musical de
Palumbo (que me sigue gustando) queda algo más deslucida aquí sobre todo por culpa de un Gagnidze que no aguanta el torrente de decibelios (cosa que sí hacía Atanelli...) y, como ya he dicho, se ve engullido por la masa sonora tanto de la orquesta como de su Tosca. Pero esto, señores, no es culpa del batutero (recibido por un forero con un buh tan puntual como perfectamente audible)...
Me llama la atención poderosamente la cantidad de detalles, posiciones y movimientos escénicos que cambian de un reparto a otro... Espero que no se haya enterado Núria Espert.
A la función globalmente le pongo un 6.75. Al notable, lo siento pero no llega.