Cuarta y última función a la que asistí en este maratón operístico en Munich, este
Rosenkavalier contribuyó a quitarme la sensación de fiasco del DG de hacía dos noches. No del todo en lo musical, pero el balance de la representación no puede ser más positivo, por varios factores. Allá que vamos, que Tunner acecha

, porque sé que también está por allí para ver este título:
–La orquesta comenzó algo atropellada en el hermoso y difícil preludio –pensé "oh, no, otra vez no"– bajo la batuta de
Constantin Trinks. Las cosas se fueron ajustando en el foso, y funcionaron como es debido. Menos mal.
–Había visto a
Anja Harteros como Amelia Grimaldi en un
Boccanegra de la pasada temporada, y me había gustado mucho. Por ello tenía gran expectación por su Mariscala, ya que además se correspondería mejor con la edad real del personaje, que no es para nada tan mayor como parece, por la cantidad de Mariscalas demasiado "señoronas" que se han paseado por los escenarios. Creo que el personaje le queda aún grande. No me emocionó su monólogo del Acto I, corto de expresión, aunque estuvo mejor en el trío del Acto III. Tampoco estaba sobrada de voz. O no era su noche, o no era la mía para apreciar su arte.
–Anunciada en un principio Kate Aldrich para Octavian, salimos ganando con que la sustituyeran, y nada menos que por
Sophie Koch, para mi gusto el mejor Octavian de la actualidad. La había visto en el maravilloso
Rosenkavalier del Liceu junto a la emocionante Mariscala de Martina Serafin, y fue todo un privilegio volver a verla en uno de sus mejores papeles. OCTAVIAN ES ELLA, por voz, gestos y aspecto
–De nuevo el magnífico Barón Ochs de
Peter Rose, que también estaba en el reparto del Liceu. Otro caso de cantante que ha hecho suyo el personaje y sus mil matices en lo vocal y en lo escénico. Bravo!
–Hubo suerte con la Sophie de
Lucy Crowe. Personaje complicadísimo en lo vocal, que a menudo desluce el trío de voces femeninas protagonistas, y también en lo escénico, donde a menudo se queda corta, pecando de sosería. Nada de ello sucedió aquí.
–Estupendo el Faninal de
Martin Gantner (al que ya había visto como el Maestro de Música en la
Ariadne del pasado día 16), eficaz y expresiva
Ingrid Kaiserfeld como Marianne Leitmetzerin, y gran pareja de intrigantes, con
Ulrich Ress como Valzacchi (fue el Scaramuccio de
Ariadne) y la soberbia Annina de
Heike Grötzinger, raras veces se ve este personaje tan bien servido.
–Cameo de superlujo de
Piotr Beczala en el Cantante Italiano. No es Pavarotti, pero sí creo que en el actual panorama de tenores es el que mejor puede acometer las terribles dificultades de un aria maravillosamente asesina, que el tenor polaco sacó adelante con gran éxito, musicalidad y transmitiendo
italianitá, porque así sonaba.
–El resto del amplio reparto cumplió magníficamente con los breves papeles, redondeando el conjunto de forma estupenda.
Este
Rosenkavalier recuperaba la maravillosa producción de
Otto Schenk, con los diseños de
Jürgen Rose. A veces puede ser conveniente ver una ópera ambientada en la época en que sucede. Pero sólo si es con tanta calidad como la de esta producción. No soy demasiado tradicional en este aspecto, pero reconozco que el momento de la presentación de la rosa –que siempre me emociona profundamente– me dejó sin respiración. Todo lo deseado por Strauss y Hofmannsthal en las cuidadas acotaciones al libreto estaba allí, todo, todo, todo… El deslumbrante cortejo de Octavian era exacto a lo que quería el libretista. También me gustó el Acto III, con una posada de ambiente siniestro, muy hogarthiano, que refleja con exactitud lo que sucedía en aquel local: un sitio de mala reputación para citas a escondidas, que a veces los escenógrafos edulcoran en exceso. Y agradezco un Mohamed de verdad, no hay nada malo en ello, o se puede caer en la ridiculez de Wernicke con el Pierrot.
Otra noche de emociones –siempre me ocurre con Strauss–, y un final magnífico para este viaje. Una noche muy pasada por agua, eso sí, con una lluvia torrencial que llegaba a penetrar en el pórtico del teatro en el segundo intermedio de la ópera. No importa, ver un
Rosenkavalier de esta categoría compensa cualquier cosa.