Aunque sea de forma más rápida de lo que hubiera querido, aquí va mí crónica de la espléndida función de
Huguenots del día 19, con primer reparto.
Una ópera maravillosa, un espectáculo de primerísima en un precioso teatro, como a mí me gusta. Los teatros, teatros. Y la ópera, en teatro.
-Se ha dicho que
Eric Cutler no tiene la vocalidad ideal para Raoul de Nangis, y es cierto. Pero yo me pregunto ¿quien tiene actualmente la vocalidad apropiada para este rol asesino de gargantas tenoriles? Me lo esperaba peor, sinceramente. Llega vivo al final, y más que con dignidad. No sé qué ocurrió en la versión en concierto del Real (por suerte me reservé para ver la de Bruselas con escena, que es como debe ser), pero en La Monnaie salió muy airoso del reto.
–No entiendo algunas críticas hacia
Marlis Petersen, que si es puro grito, bla, bla, bla. Las veces que la vi me gustó, y su Marguerite de Valois me pareció satisfactoria en lo vocal y estupenda en lo escénico. Ya saldrá alguno diciendo que no es Sutherland, claro. Pero es lo que hay, y la perpetua añoranza de lo que hubo impide disfrutar con lo digno ó lo bueno que nos ofrezca el panorama lírico actual.
–Iba con cierta prevención contra
Mireille Delunsch, cantante que no me enloquece por su cierta frialdad. Sin que me entusiasmase, y sin que sea la mejor Valentine de la historia, me gustó más de lo que creí en un principio. Fue realmente de menos a más. Estará mejor en otros roles, pero sí podemos decir aquello de "prueba superada".
–Ovaciones de gala para
Yulia Lezhneva como el paje Urbain. Este sobrino de Cherubino y tío del Oscar de
Ballo in maschera no pudo estar mejor servido por la joven cantante rusa. Maravilloso papel para una estupenda voz tan bellamente manejada. La descubrimos los presentes –Yago, parte, Sutherliano, denyure…– en el memorable
Ottone in villa de la pasada temporada del Auditorio de Valladolid. Ha sido todo un placer volver a escucharla, y es otra cantante a seguir.
–Como a Naaman, no me convenció del todo
Jerôme Varnier en Marcel. Fue a más a lo largo de la representación, pero su vibrato me desagrada. Con todo, su lectura del personaje me gustó, pero el aspecto vocal no terminó de arrebatarme. Me gustaron bastante más el elegante Nevers de
Jean-François Lapointe y el autoritario y algo siniestro Saint–Bris de
Philippe Rouillon.
–El
coro, bajo la dirección de
Martino Faggiani, estuvo realmente a la altura de una obra tan complicada, con un vibrante final de una exigencia que superaría las posibilidades de otras formaciones corales. Emoción, brillo, ímpetu… todo eso lo transmitieron a raudales. Y el espectáculo no estaba sólo en la escena. Había que ver el foso. Desde mi localidad, en la delantera de un palco de platea muy cercano al escenario y situado sobre el foso, disfruté lo indecible viendo la entrega incondicional de
Marc Minkowski a la música maravillosa de Meyerbeer, y su dominio de la partitura. Lo cantó TODO y CON TODOS. Ese entusiasmo, esa inyección de vitaminas, no se ve todos los días en el podio del director. Y es muy de agradecer. Una mención especial a la solista de
viola d'amore que acompañó "Plus blanche que la blanche hermine", un momento bellísimo.
–La
dirección de escena que firma
Olivier Py es un trabajo fabuloso, lleno de ideas, muy pensado, teatral hasta la médula. Desde una evocación estilizada y muy hermosa del Renacimiento francés, pasando por el XIX y el XX, su visión de la obra es un alegato en contra de la intolerancia, en cualquier lugar y época. El decorado, estilización de las arquitecturas del Renacimiento francés, tiene múltiples posibilidades y se mueve de forma constante. Los colores se utilizan de manera simbólica, con una gran presencia del negro y el oro. Cruces y puñales son la misma cosa…
Y para concluir:
–Sire Raoul Tunner, ó Carl de Nangis, como lo prefiera: hizo mal en no ir. Hubiese visto un título que no es frecuente en los escenarios de hoy en día. Además, tres bailarinas
nude integral.
–La instalación permanente en la nostalgia lírica es muy mala. Si nos empeñamos en que "no hay cantantes como los de antes para unos
Huguenots como es debido", perderemos la ocasión de ver lo que de bueno tiene este magnífico espectáculo de La Monnaie.
–
Huguenots es una ópera maravillosa –no digo nada nuevo–, que de manera constante pone a los cantantes, coro y orquesta al límite de sus posibilidades.
–Noche de enorme éxito, con aplausos y bravos cada poco. Y el teatro prácticamente lleno, prueba del interés que han despertado estas funciones de un título tan poco frecuente.
–¿Dónde y cuándo ponen el próximo Meyerbeer, que allá voy?
