Acudir a una representación en el Palau Les Arts, siempre es para mi un acontecimiento. Me produce envidia tremenda, las ovaciones a
Zubin Mehta (o Lorin Maazel), en un teatro que les admira profundamente. Esas ovaciones que no estamos muy acostumbrados a escuchar en otros lugares, pero que en Valencia, logran momentos mágicos.
Eso sumado, a una orquesta y coro de primer nivel. Creo que se podrá decir mil veces y nunca se agradecerá lo suficiente. En este caso, Mehta llevó con gran dinamismo y dramatismo, la ópera de Puccini. Momentos sublimes (nada que envidiar a la última
Tosca presenciada en Viena), elegantes, a la vez que dramáticos cuando ha sido necesario. Un lujazo.
Me sorprendió gratamente
Oksana Dyka, que no me entusiasmaba en exceso. Una señora que no es dada a sutilezas (en los pianos, no ligaba las frases y no llegaba) pero que tiene una voz y un tercio agudo brillante. El
Vissi d'arte fue interesante y en general, estuvo competente en el papel, sin llegar a levantar el vuelo.
También sorprendido por
Terfel, un señor de emisión hueca y modos sangrientos, pero que en directo atrae, porque te arrastra con semejante presencia escénica. En un panorama en el que tenemos barítonos infames por los escenarios, se agradece una voz amplia, rotunda, que suene y truene por todo el teatro.
Pero la función de ayer, tuvo sobre todo, un cantante de lujo.
Jorge de León estuvo estupendo, en un papel que le viene muy bien a su vocalidad. De todos es sabido, la predilección que tengo por el canario, pero es que ayer no se le pudo pedir más. Una voz de indudable material, hermosa, con semejantes medios y esa zona aguda de gran calibre. Salió con un
Recondita armonia arrebatador, emocionante y vibrante y el teatro se vino abajo. A partir de ahí, se fue creciendo y terminó de manera magistral. Fantástico en el
Vittoria! y precioso el "Adiós a la vida" que nos brindó. Pero no es solo el enorme Cavaradossi que nos brindó, sino que su mejoría respecto a los
Andrea Chénier es abismal. No solo ha mejorado la dicción, sino que además, intenta ofrecer una paleta de matices, casi siempre con éxito. Ha mejorado la línea de canto, al igual que ha cantado con más sutileza que otras veces (sorprendente y pletórico el dúo del último acto, con Tosca), de manera mucho más lírica, más pausada y elegante. El grave ha cogido más firmeza, y cuándo sube al agudo, te deja pegado al asiento. Squillo, metal por arrobas, timbre de quilates, brillo...
A todo esto, debutaba el papel. El teatro vió el potencial y lo braveó a placer, cuál tifosos hambrientos de voces, en una ciudad que le adora.
Bueno, que expliquen los que saben, que yo después de lo de ayer, no puedo más que aplaudir.
Ah,y ¡VIVA PUCCINI!
