Aletheia escribió:
… lo que pasa es que la opereta no me entusiasma y que la zarzuela le da mil vueltas (en general) a ese género…
A lo mejor es que el problema de Aletheia va precisamente por ahí: las comparaciones de lo que nunca debiera compararse. La zarzuela no da mil vueltas a la opereta, ni ésta a la zarzuela. Ambos géneros son distintos, y maravillosos sin necesidad de parangón. Y lo dice alguien que ama profundamente los dos.
Bueno, yo a lo mío. Estuve en en el recital del día 9, donde parece que nos juntamos unos cuantos, pero sin lograr vernos. Sentí mucho no ver y saludar a Pucciniana y Fledermaus. Aletheia debía estar sufriendo en su butaca con la calidad del espectáculo ofrecido, así que no estaría para saludos
Disfruté muchísimo con el arte de Dame Felicity Lott. Lo cierto es que yo formo parte de los que ya van convencidos de casa, porque es una cantante a la que admiro desde hace mucho tiempo. Me gusta lo que hace y cómo lo hace, con una maestría que no se logra sin un amplísimo recorrido por el mundo de la lírica, y por supuesto haciendo mucho más que "tomarse un té", por recordar la
boutade del ínclito Reverter. Por otra parte, y esto ya es cosa mía, pasa que me conozco muy bien varias partituras de Offenbach, autor que me encanta. Eso me hizo disfrutar a fondo de lo que se nos ofrecía. Es cierto que no todo estaba a la misma altura, y me dispongo a diseccionar el asunto…
–La
orquesta empezó absolutamente encorsetada. La impresión inicial fue, y lo digo como lo siento, que estuviesen leyendo casi a primera vista. Pensé que el ensayo y el recital estaban confundiéndose peligrosamente. La obertura de
La vie parisienne sonaba con miedo, sin gracia, sin chispa alguna (¡ya tiene delito la cosa en una obra tan divertida y corrosiva!). Mi sensación fue que aquel repertorio les era absolutamente ajeno. En la primera parte no mejoró la cosa, pues tampoco la obertura de
La belle Hélène sonó como debía, y el "Ballet de los copos de nieve" de
Le voyage dans la lune, siguió por los mismos derroteros. Tras la pausa la orquesta fue entrando algo en situación –les costó, les costó–, y fueron un poquito mejor, muy poquito, las oberturas respectivas de
La Grande Duchesse de Gérolstein y
Orphée aux enfers. Por desgracia, la orquesta llegó a estar
comme il faut… en el bis final del "Ballet de los copos de nieve". Es decir, ya lo estaban haciendo bien justo cuando acababa el recital. Está claro que Offenbach les sonaba a chino, e iban con un miedo cerval. Señores, para tocar Offenbach hay que ir desinhibido de casa. Lo de los violines al principio fue simplemente atroz, parecían cortar queso en lugar de tocar. Como no sería justo poner verde a quien no lo merece, destaco especialmente la buenísima labor del primer atril de violoncellos, Dragos Balan y Paul Friedhoff, que tocaron con verdadera entrega, disfrutando de lo que hacían y sobresaliendo en algunos pasajes solistas. Offenbach, que era violoncellista, regaló frases muy hermosas a su instrumento. Los violines, de matarlos, a excepción del concertino en el bello solo de
Orphée aux enfers. Pero también los he oído mejores.
–
Sylvain Cambreling me gustó más de lo que pensé en un principio, pero le falta fluidez, vivacidad y ligereza para este repertorio. Cumplió de manera más que digna, pero echaba de menos la burbujeante dirección de Minkowski en las versiones de operetas de Offenbach que ha dirigido para las producciones de Pelly. Y fue una sorpresa la supuesta chispa de Cambreling con los tiernos y ruidosos infantes de la
matinée del 11. Viéndolo el 9, hubiese jurado que como más le gustan los niños es en fotografía.
–Muy mermado
Jean–Paul Fouchécourt respecto a lo que yo le había oído, la verdad (Arnalta en una
Poppea monteverdiana, Aristée–Pluton en el
Orphée offenbachiano de 1998 de la Ópera de Lyon). Le queda voz para el plato de ducha, pero estilo y tablas tiene de sobra, pues conoce muy bien este repertorio. Fue angustiosa su versión de "Tout en tirant mon aiguille", de
La fille du tambour–majeur, hay que tener valor para salir al ruedo sin anestesia con algo tan difícil. Mejor en el duo de
La belle Hélène, y aún mejor en sus intervenciones solistas de la segunda parte, en "Moi, je suis Aristée" y "On me proposait d'être infâme". Funcionó bien en los duos con Flott, sobre todo en la expresividad y comicidad requeridas. La Barcarola de propina de
Les contes d'Hoffmann fue lo peorcito de este tenor, completamente ahogado y con unos graves áfonos, inexistentes. Qué angustia.
–
Dame Felicity Lott ofreció una lección de gusto y musicalidad en un repertorio que conoce a la perfección y del que explota todos los registros. Coqueta en "On me nomme Hélène la blonde" y en el duo "C'est le ciel qui m'envoie", divertidísima en el rondó "Ah! que j'aime les militaires" y en la
griserie deliciosa de
La Périchole con su entrada zigzagueante y achispada en escena, ensoñadora y un punto melancólica en "Dites–lui qu'on l'a remarqué". Dominó vocalmente los duos con Fouchécourt, tapándolo por completo en ocasiones –esto va para los que dijeron que esta señora no tiene voz…

–, aunque los dos se complementaron a la perfección en gracia, intencionalidad y expresión requeridas. Es cierto que la voz de Flott no es la que era, el tiempo pasa para todos, pero dio una verdadera lección de expresividad y sabiduría en el canto. Quienes no conocen bien Offenbach ó incluso lo desprecian pensando que es para voces de Manolita Chen –bah, es opereta, no ópera– no reparan en la enorme dificultad vocal de los papeles de sus operetas, con agudos inhumanos que hay que clavar viniendo de una zona alejada de la tesitura, matices sutilísimos, articulaciones endiabladas, etc… Pues Flott fue capaz de vérselas con todo ello, con una experiencia que ya quisieran muchos. Es cantante, sí, pero sobre todo es músico. Algo que no todos los cantantes están en condiciones de afirmar.
En resumen:
–Que me gustaría volver a disfrutar en directo del arte de Flott, claro que sí.
–Que Offenbach era un hombre de teatro lleno de inspiración e ideas, y un excelente compositor menos valorado de lo que se debiera. Si a algunos de sus detractores le sirve, Offenbach adoraba la música de Mozart, y la propia Flott comentó en una entrevista para la revista del Real que la música de Offenbach es delicada, como la de Mozart. Completamente de acuerdo
–Y Fouchécourt… me cayó muy bien.