Para que nos sigamos quejando de programaciones más cercanas, no viene mal echar un vistazo a los títulos recién anunciados por los teatros de Estocolmo y Oslo, estos últimos con un amplio y flamante nuevo teatro de exquisito diseño y excelente visibilidad y acústica desde todas las localidades, y por supuesto con precios razonables en las mejores localidades, eso tanto en una como en otra capital. Ambos se nutren de cantantes autóctonos, salvo puntuales excepciones, con maestros y directores de escena según el mismo criterio, éste más amplio en lo que se refiere a invitados foráneos:
Estocolmo:
http://www.operan.se/Var-repertoar/Sasongen-20112012/Oslo:
http://www.operaen.no/Default.aspx?ID=28594El caso es que en Estocolmo reponen producciones propias de
Le nozze di Figaro, La bohème, La Traviata, Elektra, Pikovaya Dama, Capriccio, Don Pasquale, Tosca y
Fledermaus. Y anuncian únicamente cuatro producciones nuevas: un
Lohengrin con Stephen Langridge de director de escena,
Dialogues des Carmelites, y un par de funciones que vería con mucho gusto: un programa doble que reúne
El Castillo de Barba Azul de Bartok con
Trouble in Tahiti de Bernstein, y una guinda de sumo interés:
La fanciulla del West con Nina Stemme y producción de Christof Loy. Daría un DVD de Juan Diego Flórez por los dos: por la Stemme y por ver el diseño de las sillas de Loy para el
saloon de Minnie. Un
saloon del Far West amueblado sólo con sillas (supongo que de madera, no de formica) tiene que ser digno de ver. Doy por sentado que la cabaña de Minnie no tiene desván ni escalera ni trampilla y me parecería un lujo asiático que Loy se permitiese enseñar una horca. El acabóse sería sacar a Minnie montada a caballo.
Los de Oslo tampoco tiran las coronas por la ventana, aunque se gastan algunas más. Reponen un
Macbeth propio. Alquilan a Washington la producción de Paul Curran del
Peter Grimes de 2009 y a Copenhague un montaje de
El Cimarrón de Henze, por primera vez en Noruega. Coproducen con Beijing y Honk Kong una
Flauta mágica, también de Paul Curran, y estrenan la coproducción con el Palau de Valencia y el Covent Garden de la
Aida de David McVicar. Los dineros los gastan en un par de nuevas producciones propias: una
Bohème de Stefan Herheim (no ponían
La Bohème en Oslo desde 1963) y un
Tristan con dirección de escena del inglés Daniel Slater. El fantástico teatro de ópera de Oslo cuenta con una sala pequeña en la que estrenan tres producciones propias de
Il barbiere di Siviglia, Il ritorno d'Ulisse in patria y
La finta giardiniera.
Ni en Oslo ni en Estocolmo desdeñan la ópera contemporánea de autores vivos del país, con más de un título en cada una, aunque algunos son también reposiciones.
Pues eso es lo que hay, aunque nadie diría que la crisis llega también a Escandinavia.