Lleno hasta la bandera en los Yelmo de Oviedo para este
Trovatore del Met. Era muuuuy esperable por dos motivos: la gran mayoría del público operístico de Oviedo adora la italianada –y nada más que la italianada, ya se verá cuántos hay el 14 en
Walküre–, y además había el morbo de ver a Radvanovsky y Zajick, a las que tendremos la temporada próxima como Norma y Adalgisa. El llenazo estaba cantado, y perdón por el chiste malo. Algunos foreros entre el público, entre ellos el Conde en la Luna, que sin duda iba a ver a su ilustre pariente en la pantalla grande. Nuestro noble del satélite pasó cerca de mí; no se dio cuenta de mi presencia, porque iba levitando con los cascos puestos ¿oyendo
Trovatore quizás? No quise recordarle lo de las fotos de la COINFO para no interrumpir el éxtasis.
Disfruté muchísimo en esta retransmisión de
Trovatore, pues los últimos que había visto en teatro me resultaron escasamente satisfactorios, faltos de tensión dramática, largos, aburridos… ya es difícil decir esto de un título así, que no da respiro. Ayer me reconcilié con esta ópera, aunque no todo fuese perfecto. Por partes:
–La gran triunfadora fue
Dolora Zajick, una cantante que sí tiene voz para Azucena, y no como muchas que pasean el rol por los escenarios creyendo que basta con poner falsos graves de botijo, pelucón despelurciado y caras de perturbada. El vibrato fue algo molesto al principio, pero nada más. La extensión de Zajick es prodigiosa, centro y agudo suenan limpios, timbrados y luminosos, la potencia es fantástica…

Maravillosa.
–También me gustó uno de los grandes criticados del foro,
Dmitri Hvorostovsky, que ya lleva a sus espaldas innumerables Conte di Luna. No fueron tan notorios ayer los defectos que habitualmente se le achacan. El carácter del personaje le va como un guante: rabia, pasión, deseo de venganza, todo ello se puso de manifiesto ayer en la prestación del barítono siberiano. Mejor en los momentos más apasionados que en los líricos; no hay más que ver cómo le costaba ayer el
canto legato en "Il balen del suo sorriso", donde además sufrió lo suyo para recoger la voz en lo posible. Supongo que el "gusiluz" de Tip va por ahí.
El Conte di Luna siempre me ha despertado más simpatías de las que suele, por su maravilloso papel y por la pasión de su personaje. Reconozco que me cae mejor que Manrico, tenor botarate y celoso, que no confía en la pobre Leonora ni por un momento. Mucha serenata, pero…
–En general, no me gustan las voces con vibrato descontrolado, y lo de
Sondra Radvanovsky va por esos derroteros. La voz de Radvanovsky suena metálica, algo que tampoco me gusta. Podría pensarse que su actuación de ayer me horrorizó. Pues todo lo contrario: me encanta la Leonora de Radvanovsky, cómo se mete en el papel, realmente lo vive. Es cierto que ese vibrato produce la sensación que hay dos sopranos a la vez con un ligero desajuste en la afinación y esos batidos, pero es su voz, que, por otra parte, apiana y regula magníficamente cuando debe. No dio la mejor "Tacea la notte placida", es cierto, pero la cosa cambió mucho en "D'amor sull'ali rosee" y en su personalísima lectura del Miserere, con una maravillosa Leonora, valiente y aterrorizada a la vez.
–Lo de
Marcelo Álvarez tiene muy poco arreglo. Confundido de ópera, creía estar en el Festival de la Abyección, haciendo algún Turiddu, ó en los 8 Días de Oro del Verismo Trasnochado. Manrico no se canta así. Aún hay mucho del mundo donizettiano en
Trovatore, y eso Marcelo no lo capta. Pepinazos, sobreactuación, cero sutileza. Su "Pira" pasó sin pena ni gloria, cuando se supone que debería haber sido su gran momento. Como me decía un conocido, "la pira quedó en la hoguerina". Por otra parte, hubo momentos en los que, más que apianar, se tragaba la voz de una forma muy evidente. Nada, estos son los resultados de creerse
The Verdi Tenor. Sus mejores momentos fueron los internos, "Deserto sulla terra" y en el Miserere. Pésimo actor, parecía un divo trasnochado de la época del cine mudo. Para otra vez, que se entere de la ópera que está cantando.
–El alabado
Stefan Kócan pone voz de bajo, pero realmente no lo es. Intenta imitar a Pape, hasta en cierto parecido físico. Me pareció un quiero y no puedo vocal, con buena presencia física, pero un fiasco. Se puede y se debe cantar mejor el precioso
racconto inicial de Ferrando.
–Al margen de algunos desajustes puntuales, la
orquesta estuvo bien, y la dirección tensa y nerviosa de
Marco Armiliato dio ese ritmo trepidante que la obra tiene y que la batuta debe realzar. En los
coros, un suspenso al de monjas, por los despistes y las voces cascadas. Debían cantar sólo las octogenarias del convento.
–La
producción, trasladada a la época de la Guerra de la Independencia, me gustó en líneas generales.
Trovatore en la Edad Media ya no se lleva, definitivamente. Ahora Leonora es Agustina de Aragón, porque no le faltaba más que prender ella la mecha de los cañones. Vestuario bonito y muy bien realizado, que en el caso de Leonora parecía sacado directamente de algún retrato de Goya (sobre todo el precioso vestido claro del final, me gustó menos el azul oscuro del principio), y con algún despiste de zapatería en el caso del fulaneo del campamento del Conte di Luna. La escena era más ó menos realista, pero no con el realismo minucioso del Met, que suele molestarme. Sí encontré algo incongruente aquel enorme crucifijo, que parecía estar en todas las escenas –castillo, cárcel, montes–y en el mismo sitio.
Hacía tiempo que no lo pasaba tan bien en un
Trovatore, aunque esta vez el mérito no sea precisamente de Manrico.