Gino escribió:
Ese esfuerzo, ese situarse en la realidad que propone la obra abandonando la nuestra, parece que damos por hecho que el público operístico no lo puede hacer cuando dejamos caer que la pérdida de nexo con nuestra realidad de "La Traviata" es un problema: un problema que tiene que "resolver" el regista.
Ésa es una idea muy interesante. Estoy de acuerdo en que el espectador tiene que hacer un esfuerzo para lograr la comunicación. Si en algún momento he dado entender que creo en un público pasivo que necesita a un director lumbreras que le mastique las cosas ha sido culpa mía.
Pero hay que tener en cuenta dos cosas.
Yo, como espectador, intento comprender las obras de arte que me son distantes. Con un cuadro o una novela a veces no puedo yo solo y me sirvo de estudios o amigos. En la ópera, o en una obra de teatro, como para realizarse necesitan volver a ponerse en escena, tenemos la oportunidad de que otra persona nos dé su visión y con ella siga construyendo la obra: ilumine partes que se han perdido en la distancia, de pronto encuentre cosas en el libreto que si se subrayan son poderosísimas. Mi humildad como espectador me dice que no soy capaz de salvar la distancia con todo lo que veo y oigo. Por ejemplo, con la Traviata de Carsen sentí cosas sobre la obra de Verdi (que estaban ahí, y mira que la había escuchado veces!) que nunca antes había experimentado. En cierto modo, la lectura de Carsen, radical y arriesgada, iluminó partes de la obra (es mi opinión, claro). Y con esto he visto una cosa interesante. Ciofi estrenó esa producción y la ha vuelto a cantar en Venecia varias veces. Pues el año pasado cuando vi a Ciofi en un recital, con el atril delante, vi, sentí cómo la profundidad de su Violeta (en lo vocal, en el canto) se debía a su experiencia con Carsen. Y muchos cantantes lo dicen, no es cosa mía.
La otra cosa es que, ¿por qué renunciar a todas las posibilidades semánticas que proporciona una obra precisamente por la distancia que nos separa de ella? Yo flipé cuando vi unos frescos románicos en una pequeña iglesia de Segovia (¿Justo y Pastor?). A penas le entendí lo que me decía al guarda del recinto. No sé mucho de iconografía cristiana (lo normal). Y sin embargo hubo comunicación, bastante intensa, una comunicación que nunca hubiera previsto el artista, que concibió su obra para un aquí y ahora. Con la ópera ocurre algo parecido: cuántas posibilidades tiene una ópera al perderse por el camino muchos de sus sentidos coyunturales. Y plasmarlo en una puesta en escena (o en una lectura musical) no es traicionar la obra, es re-crearla, es seguir construyéndola, no porque haga falta completarla o mejorarla, ni porque seamos tontos y nos la tengan que explicar, sino porque en sí, autónomamente, contiene miles de posibilidades de nueva comunicación.
Veo que se lo ha tomado por lo dialéctico, estimado Delaforce. Si quiere que el Jurado que nombró antes le dé ganador del concurso de Debate, no tengo problema.
En todo caso, la primera vez que esuché L'amour de loin fue en el dvd de DG hace dos años. El CD lo escuché el otro día y no recuerdo haber dicho que experimenté una experiencia total, aunque sí me lo pasé muy bien escuchándolo en mis paseos por la margen del Ebro en Zaragoza, donde la música de Saariaho se resemantizó con el murmullo de las aguas del noble río

Mi definición de la ópera es música con dramaturgia. Pero la ópera puede existir en muchos formatos y, efectivamente, todos deben incluir necesariamente, como usted dice, la música y el libreto. Otra cosa es que, como he dicho, cuando he experimentado sensaciones más fuertes y completas ha sido cuando todos los elementos esenciales que la componen se reunían. Creo que mi definición no excluye su axioma de las entradas sordas y los dvds mudos.