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Bueno, ya estamos de vuelta de presenciar una experiencia escénica y musical como son estas "Vísperas" orquestadas para celebrar los 150 años de la unidad italiana. es la otra gran "ópera patriótica" de Verdi, y se nota.
Vayamos por el lado escénico. La producción de Davide Livermore me encantó. Me pareció valiente, arriesgada, provocadora, corrosiva en grado extremo (quizás a veces demasiado de forma gratuita). Si Verdi utilizó en el s.XIX un tema de cinco siglos antes para mover las conciencias de su tiempo (aunque el encargo fuera de los franceses), Livermore readapta a la Italia actual las situaciones y el libreto. La Sicilia tomada por los franceses ahora representa una Italia acrítica, sin valores, idiotizada por la televisión, convertida en un vertedero moral y social, y en el que la política ha perdido su función para alimentar todo lo anterior. Emerge el término del "fascismo cultural", reflejado en la arquitectura de buena parte de los montajes, en los edificios que sirven de guarida a Monforte. Procida regresa del exilio y encuentra su Palermo convertida en un basurero; el rapto de las sicilianas se produce a través de un intercambio de mujeres por fútbol; el baile del tercer acto tiene lugar en el Congreso; la boda de Arrigo y Elena es un reality grotesco; y el entierro del hermano de la protagonista, en el arranque de la ópera, se retransmite por televisión en directo. El momento más emotivo es el coro final del tercer acto, donde por encima de las bancadas del Congreso se proyectan imágenes de la vida cultural de la Italia del último siglo y medio. Vi lágrimas entre los asistentes cuando apareció Pavarotti, entre otros. Una producción necesaria, pero que me plantea dudas de si será entendida en otros teatros: sin ir más lejos, es una coproducción con Abao-Olbe, San Carlos de Lisboa, y Oslo.
En el plano vocal, algunas irregularidades. De menos a más, comenzaremos por Franco Vasallo. Una emisión sucia, una voz mal colocada, de agudo tirante, y en un perpetuo mezzo-forte. Un horror que dejó escapar la grandeza de su escena por incapacidad. Muy ovacionado, ya que al parecer es el barítono de la casa turinesa. Le sigue Ildar Abdrazakov (o como sea), bajo con voz de bajo y muy buenas formas. Canta con elegancia, pero se le notan las costuras cuando la orquesta sube de volumen y se lo zampa. Para Rossinis está muy bien, pero aquí echa en falta varios grados de presencia vocal. Falta algo de fondo, las formas no son para nada cuestionables, a mi humilde juicio. La cancelación de Sondra Radvanosky deslució a la pareja protagonista. Su sustituta, la suplente Maria Agreste, lo intentó, yendo de menos a más. Comenzó Chen total y acabó dejándome una grata impresión, pero siempre se la notó como falta de encajar del todo en el traje de Elena a nivel vocal. Por último, la principal razón por la que fui a Turin: Gregory Kunde. De todos conocidos sus defectos (grave y centro ajados, mate, sin color alguno) y sus virtudes (un agudo muy desahogado, con squillo salvo en el sobreagudo, un volumen considerable, técnica y estilo de sobra...), probablemente compusiera el mejor Arrigo que hoy pueda haber en un teatro. No le van a dar el Oscar al mejor actor, pero atraviesa un momento vocal muy dulce, y se le nota. Sube cuando quiere, como quiere, no se esconde en los sobreagudos... Si eres capaz de no escandalizarte por la pérdida de total candor en el timbre en el registro central, es un tenor que nunca defrauda. Y el otro gran triunfador de la velada fue Gianandrea Noseda y la orquesta del Regio di Torino. Así debe sonar Verdí, vivo, vibrante, pausado y armonioso cuando toca, pero nunca soporífero ni coñazo. Una gozada de orquesta, y de coro, añado. Del mismo modo que me pareció un horror la sala de conciertos (y esos filamentos lumínicos que han colgado del techo), el diseño exterior e interior me parecieron interesantísimos: un teatro "escondido" dentro de una fachada de edificios.
En fin, que merecieron la pena los 4 aviones en 24 horas y el escaso paseo por Turín. Yo animo a todo aquel que tenga opción a que se acerque. Las "Vísperas" en directo te reconcilian con sus casi tres horas y media.
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