En Oviedo no estaba la sala llena, pero sí había más gente de lo que yo esperaba. Había cotilleado la venta de entradas en la mañana de ayer, y había poquísimos sitios vendidos, por eso me llamó la atención la gente que había, que superaba lo esperado. Eso sí, los amantes de las italianadas brillaron por su ausencia. Los tengo controlados de otras retransmisiones, y no había ni uno, cómo van a ir a estas moderneces americanas. Bueno, se negaron la posibilidad de conocer un operón, un hito del género en el siglo XX. Peor para ellos.
Disfruté muchísimo, a pesar de que el minimalismo no es lo que más me atrae. Fabulosa partitura, sobre el magnífico libreto de
Alice Goodman 
. Claro que siempre habrá alguien que diga que "… no es una ópera". Vaya si lo es, y con mayúsculas. Un auténtico lujo el compositor en el foso dirigiendo su obra, con una orquesta que respondió a la perfección.
–
James Maddalena tenía el encanto de lo histórico, puesto que fue él quien estrenó el papel de Nixon en la Ópera de Houston (1987). EL tiempo pasa, y pasa factura: ayer estuvo a punto punto punto de romper varias veces, la voz sonaba muy abierta si intentaba forzar en volumen. Pero ES Nixon, vive su papel en todas las situaciones, ya desde ese inicio tan arrollador con "News! News!". Precioso final, cuando vuelven sus recuerdos de la guerra.
–No me pareció
Robert Brubaker tan sobrepasado en su papel de Mao como dice antes EM. El rol es, desde luego, terrible en lo vocal y en lo dramático. Brubaker me había gustado muchísimo como Herodes en la histórica
Salome de Carsen de la pasada temporada del Real, y esperaba de él otra actuación de nivel. No me defraudó en absoluto.
–Bien
Russell Braun como Chou En-Lai, aunque por momentos resultaba algo desdibujado entre el resto de personajes; es el único pero que le pongo. Y bien también
Richard Paul-Fink como Henry Kissinger. Versátil como cantante y actor, dio todos los matices de su personaje.
–Está claro que John Adams ODIA a las sopranos, ya que las protagonistas femeninas de esta ópera tienen unos roles de escritura verdaderamente inhumana. Impresionantes las dos cantantes de esta velada. La escocesa
Janis Kelly dio vida a Pat Nixon, un papel lírico erizado de agudos bien timbrados por su parte. Estupenda actriz, reflejó la variedad de emociones encontradas que le producen los diversos episodios de su visita a China. Magnífica Kelly en la escena de
The Red Detachment of Women. Magnífica
Kathleen Kim como Chiang Ch'ing (Madame Mao), en un papel verdaderamente terrible, con subidas al agudo vertiginosas seguidas por descensos al grave sin anestesia (el
canto di sbalzo no ha muerto…). Por cierto, qué fabulosa
aria da capo es "I'm the wife of Mao Zedong". Tampoco ha muerto la ópera de números cerrados.
–Una mención especialísima al trío de secretarias de Mao, entre las que destacaba
Ginger Costa-Jackson como la primera de ellas. Las voces empastaban a la perfección. Y los personajes son estupendos: tres secretarias clónicas, son el altavoz de las consignas políticas oficiales y un corrosivo trasunto de los tres monos.
–Otro aplauso muy especial al
coro, que debe hacerse cargo de números complicadísimos de afinar. Magnífico
ballet, con la coreografía de
Mark Morris inspirada en hitos del género como
La amapola roja.
–Fabulosa la dirección de escena de
Peter Sellars en su brillantísimo debut en el Met. Toda la producción está llena de detalles que no tienen desperdicio, pero me parecen especialmente destacables las escenas de la apurada visita de Pat Nixon a varios ambientes de la vida cotidiana china (la fábrica de vidrio, la clínica de acupuntura, la granja de cerdos con el antológico coro "Pigs, pigs, pigs, pigs…" y la escuela) y la representación de
The Red Detachment of Women, teatro dentro del teatro donde las acciones interactúan muy hábilmente.
Esta vez ofició Thomas Hampson como
host entre bastidores, entrevistando a los cantantes, el compositor y el director de escena.
Para mí, una gran noche de ópera. Con todas las letras.