A veces una interpretación nos pone los pelos de punta por un pequeño detalle, un destello de genio que de pronto detiene el tiempo y da pleno sentido al lenguaje operístico. Son pequeñas cosas, que demuestran en un instante que el canto son epigramas y no poemas épicos.
Se me ha ocurrido traer varios ejemplos para disfrutar de ellos y para animaros a poner los vuestros.
*El paradigma de esos detallitos maravillosos de los que hablo no podía ser otro que Teresa
Berganza. Y cuando Peter Quint dice que el recital de Buenos Aires de 1967 es un tesoro se queda corto. Está lleno de perlitas, pero a mí me pone especialmente un detalle del
Fado de Ernesto Halffter que canta como propina. Después de la espectacular subida al agudo (la primera vez lo había hecho en pianisimo, algo quebrado, pero arrebatador), brillantísima, Berganza suelta un suspiro, en los límites de la microexpresividad, que la primera vez que lo oí me volvió literalmente loco.
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*Otra maestra del detalle es Mariella
Devia. Sé que siempre lo digo, pero las variaciones que hace al aria final de Stuarda son algo que entra en los anales del belcanto y que recoge y supera todo lo que durante un siglo ha significado la expresividad estilizada del canto del XIX. He puesto todo el da capo, que es una especie de compendio de técnica y expresividad, pero me encantan dos pequeños detalles en especial:
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El primero es de acento. Me alucina el matiz iracundo pero contenido que le da al
Or mi guidi (00:18 ). Para Devia el aria final de Stuarda es una aria de perdón, pero la inmimencia de la muerte hace que el bello edificio de reconciliación que construye se tambalee por el lógico rencor. Stuarda perdona, pero le cuesta horrores. En la misma línea, el segundo detalle es puramente musical. Devia decide subir al agudo en
spergiura (una variación que nadie había hecho antes), 00:59, como expresión máxima de la ira que a penas puede contener. Para inmediatamente después cincelar en pianisimo la petición de perdón. Brutal.
*Y que no se diga. El siguiente ejemplo mezcla dos nombres que parecen reñidos con la palabra detalle: Mario
del Monaco y verismo

En 1959 Del Monaco cantó Pagliacci con el director que siempre sacó lo mejor de él, Mitropoulos. Al final del Vesti la giubba, Del Monaco deja uno de sus últimos detalles de genio, antes de la caricatura que decidió pasear en los 60. Lanza
infranto a plena voz, pero al final (00:21) lo recoge!!! Ira, autocompasión y desolación en una misma frase. La primera vez que lo oí, gracias a Gino, casi casi me hago delmonaquista.
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El ejemplo de Del Monaco para mí significa que en el fondo, la magia del canto está en los detalles y no en la épica.
*Y para terminar, la soprano que convirtió el detalle expresivo y musical en una forma de cantar, Maria
Callas. Pongo un ejemplo que tengo reciente, pero nos podríamos aburrir: uno de los pasajes musicales que Callas mejor comprendió,
Dormono entrambi de Norma. En su grabación en directo en la Scala, con Votto, que ayer comentábamos con Rupert, Callas demuestra la inigualable artista que era. En el momento de abalanzarse sobre sus hijos lanza un
Ah no (2:56) terminado en un temblor casi sobrenatural, para después susurrar un segundo
miei figli que es una de las cosas más escalofriantes que he oído nunca.
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He puesto el pasaje casi completo, no podía resistirme. Para mí siempre será un misterio la intuición dramática de Maria Callas, siempre en el acento justo, en la expresión correcta, en medio de una generación de melodramáticos y veristas.
Bueno, estos son los míos.
¿Y los vuestros? 