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Jueves 25/noviembre.
a) Escena: me gustó.
Aida es lo que es: un gran melodrama italiano. No exige (ni resiste) sesudas recreaciones escenográficas en las que el regisseur de turno nos ilumine sobre significados ocultos para el común de los mortales. Necesita una escenografía que ayude, que cree atmósfera … y sobre todo que no repela o chirríe.
Por eso me gustó: ayudaba a la obra esa deslocalización egipcíaca (bendita ausencia de esfinges de cartón piedra) y el aire primitivo del vestuario. Radamés sin faldita, por fin.
La ambientación nocturna general me pareció un gran acierto: no se echaba de menos más luz.
b) Lo mejor:
1.- la orquesta: sobresaliente, como siempre (afortunadamente esto no es novedad). Destaco flautas y cuerda grave.
2.- Maazel: Todos coincidimos: lectura muy personal.
Salvo la escena del Nilo (que al Maestro se le durmió y quedó bastante sosa), el resto resultó ora emocionante, ora electrizante. Ya lo dije una vez. El tempo puede ser pausado, pero intenso (Maazel en Caballería). O puede ser pausado y plúmbeo (Maazel en Parsifal). Y qué dominio de la orquesta: desde el relampagueante tutti hasta el pppp perfectamente audible.
Inolvidable parte final del segundo acto, desde “quest’assisa” hasta el acongojante finale. Otro recuerdo que me llevaré a la tumba.
Maestro, me descubro (y ya van varias).
3.- Barcellona: ver, oír y creer.
Respeto los comentarios “apriorísticos” de algunos de Ustedes respecto a si su vocalidad es la más adecuada para el papel o si su instrumento no alcanza lo requerido por una mezzo verdiana. Pero … desdeñen los prejuicios: vayan y escuchen.
Que sí, que no es la Barbieri, ni la Simionato … pero: las dio todas por arriba, por el centro y por abajo, … qué manera de frasear y matizar, en definitiva, de cantar. La triunfadora.
4.- Jorge de León: vincitor.
No saben Ustedes la sensación de estupefacción y satisfacción que se le queda a uno cuando la voz de un señor que está cantando allá a lo lejos, cuatro pisos por debajo, recorre la sala y la llena de sonido para acabar retumbando en los tímpanos.
Ciertamente no es JdL un cantante “exquisito”, pero … sus agudos son agudos y no mugidos, el centro es bello y su fraseo es más que aceptable. Y se le oye todo todo todo.
Una “Celeste Aida” no hace Radamés, aunque JdL la cantó bastante bien, pese a comerse unas cuantas sílabas “molestas” (si a JdL le ponemos un 7, la colgada por el Xurro con Domingo no pasaría del 4).
Lo más de lo más fue su poderío en el concertante del segundo acto y el dúo con Amneris. Ecco il Leone.
5.- Prestia: sobresaliente en su breve particella.
b) lo peor:
- Indra Thomas / Aida: insuficiente.
Nada hizo para ser silbada o abucheada. Tampoco nada hizo para ser aplaudida.
- Amonasro / Hakobyan: en camisa de once varas.
El barítono de plantilla de Les Arts, que es cantante aseado, no sirve para Amonasro: ni por aptitud (material vocal insuficiente) ni por actitud (canta como si recitara las páginas amarillas).
c) anecdotario:
Piso Cuarto. Zona limítrofe entre el hombro par y el bloque central. Durante el primer acto, la señorita a mi izquierda (que pasaba de los 35) quitóse con garbo y estruendo su elegante abrigo ceñido, lo que motivó desaprobación queda de los asientos limítrofes.
En el breve descanso entre el acto I y II, la señora que se sentaba justo detrás le llamó la atención, a lo que la señorita, lejos de disculparse, le contestó diciendo que ella se había quitado el abrigo porque tenía calor y que si le había molestado que se aguantara. La lógica indignación de la señora motivó la llamada al acomodador, que la verdad no sabía cómo poner paz. Indicar que la grosera señorita del abrigo acabó llamando “amargada” a la señora que afeó su conducta.
El mundo al revés.
Última edición por Pp F el 28 Nov 2010 0:11, editado 1 vez en total
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