Ante todo, señalar que la acción llevada acabo por la ABAO de programar dentro de su temporada “Susannah” ha sido todo un acierto, e incluso un éxito relativo (ya sabeis el publico de la ABAO). Pero que nadie se asuste, ya que la obra de Carlisle Floyd nada tiene que ver con las óperas más contemporáneas, se hace muy agradable al oído y resulta tan corta que no da tiempo a aburrirse.
Podríamos catalogarla como una ópera regional, como lo hacemos con las zarzuelas costumbristas, pues se nos presenta una historia que pese a tener un trasfondo universal, está muy arraigada (tanto por la música como por la trama) en una Tennessee fervorosamente conservadora, lo que igual la convierte en una trama algo perenne incluso 50 años después de su estreno.
Me gusta Susannah, y a medida que pasan las horas, me gusta más. Me encantan las óperas que tienen un trasfondo social de la transgresión de los límites éticos de una sociedad determinada, en ese aspecto, podríamos catalogar a Susannah como una Peter Grimes estadounidense. Aquí, todos los protagonistas transgreden sus límites en cierta forma, lo que permite que la trama avance.
La trama es la que es, no me voy a poner a explicarla, pero llega a ver unos momentos realmente bellos dramáticamente, que el autor plasma de maravilla en la partitura (llena de tópicos regionalistad del sur de Estados Unidos). Pena que todavía le falte algo de profundización en el aspecto psicológico de los personajes y aprovechar un poco más las escenas dramáticas con ese desarrollo psicológico. Con eso, habría llegado a ser una muy buena ópera moderna.
Cabe destacar una puesta en escena que a mí me pareció muy convincente, con unos movimientos de escena que pese a durar lo suyo, eran adecuados a la trama y con un juego de iluminación impecable. Soberbio (como cuando el reverendo entra a suplicar perdon divino a la Iglesia de noche).
En el apartado musical destaca para mi gusto la soprano voluptuosa
Latonia Moore, que en el apartado vocal resultó muy convincente con una proyección soberbia y unas muy buenas intenciones (pese a que las medias voces se le pudieran estrangular de vez en cuando perdiendo esos armónicos tan maravillosos). Escénicamente no fue para menos, bien debe de conocer la obra porque se desenvuelve fantásticamente en escena y vive el personaje (pese a todo lo que tenía que mover).
El resto resultó convincente sin llegar a mayores rangos. El tenor
Stuart Skelton (Sam Polk) de voz ancha (material spinto a lo sumo, no nos engañemos) demostró que frecuenta mucho el repertorio pesado, y bramó en la medida en la que estamos habituados a escuchar a los heldentenores actuales.
Cosmin Ifrim (Little Bat) sigue siendo un partiquino que no molesta pero que las pasa canutas para sobrepasar a la orquesta con un pasaje y un agudo veladito y demasiado ligero.
Absoluta decepción
James Morris. Igual es porque su intervención en el primer acto desde atomarporculo del escenario la voz era sonora y proyectada, pero al bajarme a sexta fila de butaca en el 2º acto, resultó una absoluta decepción. Voz nasal a más no poder, engolada en todo momento y con un sonido abierto y timbrado en exceso. Escénicamente convence porque es un buen actor, pero me llegó a resultar molesto escucharlo.
Los comprimarios fueron cumplidores todos, destacando a
Vicenç Esteve y José Ruiz. Los coros de la Ópera de Bilbao estuvieron a un nivel fantástico, con un sonido empastado y con unas dinámicas soberbias.
John Mauceri cumplió, y tuvo que pelearse con la
ESO/OSE que creo que me moriré sin escucharles tocar nada en una dinámica de piano o pianissimo. Llego a veces a resultar muy molesto el volumen de la orquesta, que pese a sonar empastada (¡ojo a esas trompas que deben de haber confundido la partitura con la de Il Corsaro!) tapaba mucho a los cantantes (sobretodo a los comprimarios que desconocen el significado de la palabra proyección vocal).
En definitiva, dar las gracias a Werther públicamente por ofrecerme su entrada, y a la ABAO por llevar a escena esta rara ópera. Una experiencia satisfactoria.
Los amigos de una noche en la ópera como siempre, en su línea de buen humor, no faltaron comentarios de Tito Gobbi y la Studer.
