Ulysses escribió:
Tened en cuenta que entonces no estaban de moda (ni lo que es más importante, liberadas de derechos) las grabaciones históricas, que el sonido mono era sinónimo de horror, que lo guay eran las 3 Ds (DDD) y que, sin las descargas, te comprabas una ópera y la escuchabas 200.000 veces, aunque el trío protagonista fuera Ricciarelli-Domingo-Hendricks.
Había olvidado apoyar también este aspecto sacado por Ulysses: las grabaciones históricas no sólo no estaban de moda (y el sonido mono era despreciable), sino que además eran de más difícil acceso, al menos hasta que Naxos y otras las publicaron remasterizadas, permitiendo revalorizarlas, así como los primeros testimonios de cantantes conocidos. El DDD era como el Home Cinema: el no va más.
El que no hubiera acceso a internet (y el que había al principio era muy lento, y desde luego no estaban las descargas al alcance de la mano) y que los discos fueran (como siguen siendo) caros como promedio hacía que escucháramos la misma versión de forma casi compulsiva, pues al comenzar la discoteca con frecuencia te centras en tener una versión de cada ópera, buscando que sea buena, pero sin acertar siempre, o conformándote con lo que hay.
Sin contar los avances discográficos, y pongo un ejemplo. La ópera barroca no tenía ni la difusión ni los logros de hoy día: mi primer Julio César händeliano fue en inglés, dirigido por Mackerras. Las selecciones de Bonynge y Sutherland no estaban en cd (recuerdo la emoción cuando los cogí junto con su Alcina), tampoco la histórica grabación de DG con Fischer-Dieskau. Estaba, es verdad, reciente, la de Jacobs, pero la grabación de Emi era más barata que la de Harmonia Mundi, que tampoco se encontraba fácilmente en según qué ciudades, por muy capitales de provincia que fueran (y no había compra por internet). No hablemos ya de experimentos como la Cleopatra de la Caballé desde Nueva York... cuando DG lanzó la de Minko seguía siendo muy bienvenida en una discografía exigua. Hoy también están los dvds, pero entonces con frecuencia había una sola opción para según qué obras, y conforme salieron otras y nuestras discotecas estuvieron mejor provistas las fuimos incorporando.
Por no hablar de ciertas grabaciones que se localizaban fuera de España (Italia, con la vieja lira, era una ruina para quien fuera), cuando no al otro lado del charco, como el Idomeneo de Pritchard con Pavarotti, o los Hugonotes de Bonynge-Sutherland, que no había localizado ni en tierras galas... ahora con Amazon & Cia. está todo más cerca.
Así que sí, se tiene un aprecio a ciertos horrores sólo porque están ligados a la más tierna infancia discográfica.