|
Agnus Dei
I. Introitus et Kyrie
II. Graduale
III. Dies irae
IV. Offertorium
V. Sanctus
VI. Pie Jesu VII. Agnus Dei
<table>
<tr><td width="280">Agnus Dei, qui tollis peccata mundi, dona eis requiem, Agnus Dei, qui tollis peccata mundi, dona eis requiem, Agnus Dei, qui tollis peccata mundi, dona eis requiem sempiternam.
Lux æterna luceat eis, Domine, cum sanctis tuis in æternum, quia pius es. Requiem æternam dona eis, Domine; et lux perpetua luceat eis. </td><td width="320">Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, dales el descanso. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, dales el descanso. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, dales el descanso sempiterno.
Que la luz eterna les ilumine, Señor; con tus santos por toda la eternidad, pues eres piadoso. Dales, Señor, el eterno descanso; y que la luz perpetua los ilumine. </td></tr>
</table>
<embed wmode="transparent" height="28" width="500" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" src="http://www.divshare.com/flash/audio_embed?data=YTo2OntzOjU6ImFwaUlkIjtzOjE6IjQiO3M6NjoiZmlsZUlkIjtpOjEyNzIwNzQwO3M6NDoiY29kZSI7czoxMjoiMTI3MjA3NDAtNjk0IjtzOjY6InVzZXJJZCI7aToxNTM4OTYwO3M6MTI6ImV4dGVybmFsQ2FsbCI7aToxO3M6NDoidGltZSI7aToxMjg2MTI3NjkxO30=&autoplay=default"></embed>
Do sostenuto. Bocanada. Otra más, crescendo encrespado y accelerando. ¡Coro en fortísimo Agnus Dei! Qui tollis sincopado, como si le faltase el aire y un dona eis en que la súplica desesperada se torna sublime. Sopranos; tenores; bajos y altos fundidos en una suave y casi placentera oscilación hasta la última sílaba: el coro cae al grave, y permanece más allá de la música. Otra vez tensión insostenible, Agnus Dei qui tollis peccata y al llegar al segundo peccata una fusa percutida del bajo suena por encima, y empuja al coro a una nerviosa tercera hasta el dona eis, que se recoge en sí mismo al silencio. Tercera repetición: las cuerdas comienzan más amables en un compás sin fusas, como adormecido. Un último Agnus Dei, peccata mundi en extraña majestuosidad y un requiem final jamás resuelto. Se alza la voz del tenor en una especie de lamento pianísimo, un esfuerzo por continuar, que parece lastrado por la temerosa respuesta del resto del coro. Un toque del viento madera precede a las sopranos y el momento se envuelve de la seda delicada de sus voces: el tenor se eleva al re agudo, reforzando a las sopranos y los vientos culminan la cadencia. Los bajos susurran su dona eis hasta el grave, reforzado por el inquietante sonido de los timbales. Mágica entrada en canon, un tejido sutil sustentado por los bajos: suena el clarinete, subrayando la cadencia de sopranos, requiem. Desaparecen tenores, los bajos se suman a la escala cromática angustiosa, acompañado por nervioso golpes de arco. Mujeres y bajos se alternan en la lenta ascensión, guiándose las unas a los otros, los otros a las unas. Reaparece el tenor, acompañado de violas, oboe y fagot, punto de no retorno hasta un último requiem desgarrado. La tensión se hunde con un semitono, y el último sempiternam es una lenta agonía que se resuelve entre latidos a contratiempo en las cuerdas. Suenan contrabajo y chelo, la misma melodía del principio, pero esta vez lóbrega e introspectiva. Las violas dan la entrada de los bajos, lux aeterna que crece rápidamente en un do agudo: tutti que se abre hasta los timbales en forte. Ascensión del violín que recuerda a lacrimosa, el tenor solo y contundente, y rápido diminuendo. Comienza cum sanctus tuis y el desenlace es inevitable: un lento y fugaz unísono. El fagot retoma el tema Agnus Dei, entran las altos, un continuo do: sopranos, tenores y bajos; violines, violas y fagots. La orquesta se sumerge en un recuerdo del comienzo, como repitiendo “Cordero de Dios, Cordero de Dios, Cordero de Dios…”, mientras las voces, sus melodías desaparecidas, son alternancia de octavas y de timbres, altos, sopranos, tenores y bajos que fluyen en una oración infinita, salpicada de cada vez más frecuentes toques de timbal. Requiem aeternam. Dona eis, Domine. Et lux perpetua… Luceat eis. Una a una, las voces se van extinguiendo y la música se detiene. Último susurro de los bajos, redoble de timbales, insistente cromatismo en los violines: calderón. Todos suenan. Y todos callan.
_________________
Última edición por Anjemmaat el 04 Oct 2010 8:38, editado 2 veces en total
|