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Tampoco tenía ganas (ni tiempo) para mucha historia, pero le he dado un repaso a algunas cosillas del disco de Kaufmann. El Giulietta, son io es un tanto perturbador porque la peculiar colocación afecta tanto a la dicción (y así, no sabes seguro si dice morte, morta, morto o qué dice) como a las medias voces (que son opacas y muy, muy inexpresivas) como al pasaje, que da la desagradable sensación de abrirse. La voz, sin embargo, sin ser bonita, es muy interesante, y como el hombre es, indudablemente, un músico, hay ciertas intenciones de fraseo. Intenciones que convencen menos en el Improvviso. Si a la (en sí, loable) voluntad de evitar los énfasis veristas no le sigue una verdadera fantasía creativa de la frase y además la dicción no es líquida ni natural, el resultado es tan sólido y tan feo como una piedra grande.
Salto al Cielo e mar para ahorrar tiempo (considero esa aria una de las pruebas del nueve del tenor romántico italiano) y descubro el Mediterráneo: definitivamente, Jonas Kaufmann no es italiano. Aquí el respeto musical por los matices es admirable, y Pappano acompaña extraordinariamente bien, pero el entusiasmo por la llegada de la amante, la ansiedad trepidante, el febril erotismo (vieni al bacio) faltan completamente, aparte de que en dicción y pasaje (la vita de 4.13 es muy extraña) seguimos en las mismas.
En suma, gran músico y buena voz, pero incertidumbres técnicas y dal tutto fuori posto en ópera realista italiana.
_________________ Die Wahrheit ist bei mir, Mandryka.
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