Siddharta escribió:
Habéis dicho cosas muy interesantes, ha sido un gusto leer el debate

Totalmente de acuerdo
Confieso que en este asunto tengo más interrogantes que respuestas y que estos tienden a responderse con cada propuesta escénica (si es de calidad y me convence o, en cambio, me parece un despropósito) y a reabrirse al acabar la representación. Pero, cuando leía vuestros mensajes, había algo que me rondaba por la cabeza: las direcciones de escena hecha con buena fe, que quiero creer son la mayoría, aun pudiendo ser muy distantes al original, no dejan de ser relecturas (recreaciones, como apuntaba Elvira arriba) de la obra (por muy distantes que nos parezcan del original). Vamos, que si Carsen pone a una multitud omnipresente en su montaje de las Carmelites (por centrar el tema en el hilo) entiendo que su pretensión es incidir en uno de los aspectos del drama: el ambiente opresivo de la Revolución y cómo afecta al miedo de Blanche. Este aspecto está en la obra, no es extrínseco, no es un capricho de director de escena. No es que se levante un día por la mañana y diga: voy a hacer algo distinto. No. Su idea es acentuar uno de los aspectos de la obra, que es el que quiere transmitir al espectador. Y a muchos (creo que el montaje de Carsen tiene una gran aceptación) nos convence la propuesta, a pesar de que no tenga ninguna lógica la cantidad de gente que aparece en los aposentos del marqués (ya nos dirá delaforce cómo le dejaron la casa

), ni las monjas tiradas en cruz en el suelo, o la celosía hecha a base de monjas (creo recordar que con la cabeza tapada). Pero, ¿y si para llevar esa opresión al máximo le pareciese que las monjas no mueren en la guillotina sino a manos de la turba camino del cadalso? ¿Estaríamos de acuerdo con este cambio? Probablemente ahora no... pero ¿y si hubiera sido su propuesta original? ¿Desvirtuaría el resto del trabajo y la validez de su propuesta? Muchas veces me da la impresión de que nos quedamos con la anécdota (el caca-culo-pedo-pis, el que nos cambien el final, o que fulanito no muera) para desvirtuar una propuesta escénica, cuando un hecho anecdótico en concreto, en el contexto de toda la recreación, puede ser perfectamente lógico, e incluso hasta
natural (no digo que sea el caso del ejemplo que puse sobre las Carmelites de Carsen). Hay cien mil puestas en escena de Tristán y muy pocas respetan la pantomima para la que Wagner escribe el interludio tras tomarse el filtro. Y por esto no las acusamos de no ser fieles al original: y ahí las indicaciones sí que no dejan lugar a equívoco. Puestos a ser exigentes con la literalidad del trabajo escénico...
No sé, todo esto me lleva a concluir que tiende a convencerme más la teoría de los límites adaptativos (la goma puede estirarse hasta cierto punto) y, por supuesto, siempre supeditados a la calidad artística de cada propuesta (cuánto puede estirarse la goma depende del material del que está hecha).