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Doña Galina Vischneskaya después de ver esta producción en el Bolshoi, exclamó: "No vuelvo a la ópera"
Razón tenía la legendaria soprano. Está claro que actualmente, el exacerbado romanticismo, el apasionamiento desbordante que esencializa la música de Tchaikovky y la obra de Pushkin, están mal vistos o como algo demodè. Por ello, sino hay más remedio que representar estas obras, hay que desvirtuarlas, cuando no, parodiarlas.
Adoro el Onegin y, para mí, la obra fué irreconocible. Mi grado de indignación sólo superó al de aburrimiento.
El primer responsable de ello, fué el supuesto director musical. Un infame "agitapalos" que ofreció una labor anodina, plana, absolutamente caída, destensionada, deslavazada, sin ningún sentido teatral ni narrativo ni la más mínima colaboración y atención a las voces. El lirismo envolvente, la pasión desbordante de esta música desaparecidas.
El segundo responsable, el escénico. Como ya se ha dicho, coloca la acción casi de la mitad del escenario hacia atrás, a varios metros de la boca y, no contento con ello, coloca a cantar a los cantantes constantemente al fondo. Como sigamos así, cualquier día les ponen a cantar desde la Calle Bailén. Y si piensan que no eran vozacas, no, no se equivocan. Más bien, lo contrario.
Es obvio que escuchar a un tenor cantar "Te amo Olga, como sólo un poeta puede hacerlo", ls debe parecer poco creíble e inadmisible actualmente. Por ello, nada mejor que presentar a ese tenor, Lensky, como una especie de "friki", un "rayado" como dirían los adolescentes que deambula ridculamente por el escenario ante la chanza general. Luego, le ponen a cantar los couplets de Monsieur Tricquet arrastrándose por el suelo y con un perrito de juguete. Es decir un papel como Lensky que expone los sentimientos y su expresión a través del canto,(planteados así por el autor), como algo elevado y sublime, vilipendiados y parodiados. Pena y asco.
Además, ruidos constantes enel escenario (sillas que aporrean el suelo, vajillas rotas, ridas sardónicas...). Parones entre escena y escena, para cambiar un mantel, como bien dice B, La escenas de conjunto, un puro barullo....
Poco que decir de los cantantes. De voces tan pobres e impersonales, de expresión y canto tan genérico, que poco importa si son éstos o aquéllos o so se llamam así o asao. Un sopranino lírico peladito, sin graves, sin metal, gutural y acidula. Un barítono de timbre seco, pobretón y poco refinado. Un tenorininininino más apropiado para el repertorio de José Luis Perales. En fin, también estuvo Kotcherga como Gremin. Emisión de atargea, desafinaciones constantes y una nota grave final, en la que observamos una mueca dibujada en su cara, pero no percibimos sonido alguno enmedio del aire exhalado.
En cuanto a los libretos, quedan ampliamente reducidos. Dos articuluchos. El libreto sólo en castellano. Una discografía raquítica en la que faltan las mejores versiones. El papel satinado, deja paso al rugoso y reciclado. Eso sí, los han bajado a 5 euros (para chasco)
_________________ "El canto como la belleza que se convierte en verdad" (Friedrich Schiller)
Última edición por Carl Tunner el 08 Sep 2010 10:06, editado 4 veces en total
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