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| Elektricista |
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Hoy, en El Comercio:
Ópera o «telenovela veneciana»
La obra de madurez de Monteverdi llega el 18 a Oviedo con Sabina Puértolas y Emanuel Cencic en los roles de Popea y Nerón Los protagonistas de 'La coronación de Popea' dan las claves del primer título de la temporada
Ambos dicen que, de algún modo, no fueron ellos quienes eligieron la música, sino que la música los eligió a ellos. Es cierto que Emanuel Cencic, a los seis años ya deslumbraba a los televidentes de Zagreb, donde nació en 1976 (ahora reside en Austria), hilvanando las notas de 'La flauta mágica de Mozart'. Y que de 1987 a 1992, fue solista de agudos o soprano masculino en el Coro de los Niños de Viena, una escuela celestial. Pero, por otro lado, «yo estudiaba Relaciones Internacionales y pensaba que ese iba a ser mi futuro». Tampoco se opone a la idea de que «es posible que la música sea la mejor de las relaciones internacionales». Al cabo, tras un año sabático, evolucionó hacia el timbre de los contratenores y en ese registro protagonizará a partir del 18 de septiembre (la función se repetirá el 19, 21 y 22) 'L'incoronazione de Poppea', que abre la LXIII Temporada de Ópera de Oviedo 2010-2011, representando la figura de Nerón. En su caso, la soprano navarra, Sabina Puértolas, quien comienza por decir que el hecho de que Popea (su personaje) también tenga por nombre de pila, Sabina, «es una pura coincidencia», cursaba la licenciatura de Biológicas, cuando una beca para recibir enseñanzas del mejor tenor verdiano, Carlo Bergonzi, la trasladó a Italia y desde allí a la escena operística. En cuanto a sus roles en la ópera de apertura de la temporada ovetense, encarnando a figuras históricas con mala prensa, por así decir, Cencic opina que «es más fácil hacer de malo (bromea con el adjetivo) que dar todos los matices de un personaje multifacético». En otro sentido, aclara que la obra de Monteverdi «encubre con alusiones a la época de Nerón, acontecimientos que se desarrollaban en su tiempo (siglo XVII). Es probable que Poppea fuera una puta veneciana con gran éxito, y Nerón, su amante rico. Son historias de cualquier siglo, que entonces debían ocultarse, pues estaba muy presente la Inquisición. Aunque en Venecia se permitía lo que estaba prohibido en el resto del mundo, y Busenello, el libretista, sabía cuánto les gustaba a los venecianos satirizar la moral oficial». En el plano estrictamente musical, Sabina Puértolas explica que una de las dificultades principales que plantea el estilo barroco de 'La coronación de Popea' reside «en una tesitura central, muy central, por lo que tienes que darle impronta a cada nota y buscarle los colores». Y, de alguna manera, «interiorizar el personaje, examinar lo que hay de Popea en mí». Al final, ese ejercicio de indagación o introspección también redunda en beneficio «de otros repertorios» a los que presta atención la soprano navarra, como el verismo o el bel canto. Acaso sea fruto de esa identificación profunda con el papel, que Sabina Puértolas incluso defienda su perfil personal: «No es más que una joven de buena familia, con modales y educación, que desea vivir bien al lado de Nerón», argumenta, si bien asume que «carece de escrúpulos morales». Emanuel Cencic echa un capote humorístico aportando una visión contemporánea: «Es una telenovela veneciana». Después de las risas, más en serio, subraya que «el público ha de estar muy atento, porque ésta es una ópera que no es una ópera, sino un drama musical, dentro de la tradición renacentista de la recitación, que quiso hacer resurgie el espíritu de algunos dramas griegos», aunque la versión que se presenta no obedezca estrictamente a esas pautas. El juicio que les merece Asturias y su relación con la ópera, que en los últimos tiempos ha duplicado la centralidad de Oviedo extendiéndose a Gijón, es sinceramente entusiasta. Enmanuel Cencic elogia «las iniciativas políticas» en ese terreno y alaba «la acústica fantástica del Teatro Campoamor y su magnífica programación», abogando a favor del «intercambio cultural», en el que incluye la exportación del género de la zarzuela. «No es algo que hayamos de hacer sólo por nosotros, sino por las próximas generaciones», concluye.
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