Detrás de las pretensiones de objetividad y los consejos sobre
tomar perspectiva lo que suele haber es una incomprensión absoluta de los gustos ajenos (cuando no llano desprecio). Creo que no es el caso de Gualtier Maldé, aunque sus seguridades no sé si me producen admiración o escalofrío. De tunner no sé, sólo sé que le encantan las batallas contra enemigos imaginarios (aunque recientemente sus entelequias se encarnaron bajo el nombre de wotan74

).
Y resulta que los elitistas, los que jugaban a ir de superiores y despreciar lo abyecto eran los amantes de la ópera contemporánea, el barroquismo y demás snobs
Aquí damos notas cada uno con el criterio que queramos (desde luego no absoluto: le di matrícula a Billy porque era el primer Britten que salía y me hacía ilusión; o el aprobado de Carmen a lo mejor podría haber sido un notable de haber votado contagiado por el espíritu puro y entusiasta de PQ. Yo reconozco mis limitaciones humanas, mi volubilidad y hasta mi arbitrariedad). No hace falta erigirnos en jueces objetivos, ni valorar las obras por su influencia o su impacto (quien quiera que lo haga, faltaría más).
MarttiT escribió:
Yo soy incapaz de objetivizar mi pasión por Britten. No tiene nada que ver ni con las semifusas ni con el idioma inglés ni con el año de su estreno ni con nada concreto. es, sencillamente, que Britten es capaz de despertar en mí, oyente, sentimientos de placer, de ternura, de disgusto, de incomprensión, de enfado, de impotencia,... Es decir, oyendo Billy Budd -por ejemplo- me siento vivo
Precioso párrafo, Bombadil. Así lo siento yo también.