Este año mi obra de la semana tiene un sentido especial.
Me gustaría que fuera no sólo la descripción de un dulce crepúsculo, el quedo camino hacia la noche que nos abre esta preciosa canción inglesa, sino también un melancólico homenaje a un cantante que se fue este año.
Os presento la obra de la semana:
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The curfew tolls the knell, de Stephen Storace (1762-1796)
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The curfew tolls the knell of parting day,
The lowing herd wind slowly o'er the lea,
The ploughman homeward plods his weary way,
And leaves the world to darkness and to me.
Now fades the glimmering landscape on the sight,
And all the air a solemn stillness holds,
Save where the beetle wheels his droning flight,
And drowsy tinklings lull the distant folds.
Queda toca la campana al día que se va,
el rebaño vaga mugiendo por la pradera,
el labrador ara el cansado camino a casa
y nos deja el mundo a la oscuridad y a mí.
Ya se desvanece ante mis ojos, tenue, el paisaje
y una quietud solemne contiene el aliento,
salvo allí donde el escarabajo vuela monótono,
y soñolientos tintineos arrullan los rediles a lo lejos.
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En los siguientes días iremos explicando cositas de la canción, del poema en el que se basa (perdón por la pedestre traducción, pero he sacrificado la sonoridad para mantener algo de la riqueza original) y, por supuesto, de su intérprete...
Que la disfrutéis
