Creo que es el momento preciso para ponerles aquí las impresiones de Fefé, un divertido compañero de otros lares. A petición de Mr. Tunner, que tiene ganas de marcha.
Fefé escribió:
Breves impresiones sobre la escucha de la transmisión radiofónica en diferido del Simon Boccanegra representado en el Teatro Real el pasado domingo. Evidentemente, no puedo hablar ni de la puesta en escena, ni del ambiente, ni de la expectación, etc. Es lo bueno que tiene esto: se puede dar una opinión incontaminada por adherencias ajenas el hecho artístico per-se.
Lopez-Cobos: lectura del texto básicamente correcta, buen gusto, un debussyniano preludio del primer acto…, pero Simon, en su mayor parte, es una obra nocturna, de atmósfera, de susurros, misterios y revelaciones, y eso hay que dibujarlo con una gama de tintas y detalles enorme; LC plantea una narración sin misterio, sin fuerza interior, plana, rutinaria, en una ópera tan “de director” como Otello o Falstaff, aunque en fin la orquesta como que no da precisamente para muchas alegrías (sonó a banda de pueblo en el acompañamiento del aria de Amelia) ni tampoco el coro, by the way.
Fiesco: leñoso, con birignao permanente, estomacal, verista, estropajoso en la dicción cantó (¿) a plena voz “Il lacerato” saltándose las indicaciones expresivas y dinámicas de la partitura y de ahí pa´lante (para abajo, mejor dicho). De abucheo. ¿Y qué hace L-C con el fundamental postludio orquestal, toda una declaración de pesimismo verdiano? Dejar que la orquesta lo toque (muy mal) y basta.
La Mula (con perdón) es una cantante no sin alguna buena intención, correcta de técnica, pero poco más: vibrato algo stridulino, genérica en el fraseo, canta un poco de papagayo. El personaje le pega sólo en parte, pero le falta el carisma y, según me cuentan los que yo me fío, los destacables momentos de la Gheorgiu.
El tenor suelta unos agudos “así de grandes”, aparentemente fáciles, extravertido, a lo tenor años cincuenta, y ya está. Desafinó abundante y ostentosamente en el dueto con Fiesco (¿es que nadie notó eso?). Tampoco me molesta demasiado: el personaje no da para mucho (salvo que uno se llame Bergonzi).
Y en fin, el señor Domingo. Demostró al menos una cosa: que un ni un tenor central ni un baritenore tienen nada que ver con un barítono –y mucho menos verdiano- ni por color, ni por densidad, ni por armónicos, ni por “metal”. ¿Perogrullada? Pues parece ser que algunos no se enteran de tal cosa. Vocalmente no fue Boccanegra (que no apareció en toda la velada) en ningún sentido ni manera, se dedicó a hacer de sí mismo en su manera superficial habitual: fraseo extremadamente monótono (y no precisamente “ortodoxo”), constante y muy irritante forte-mezzo forte (salvo un par de momentos “para la galería), vocalidad de todo menos límpida y espontánea (¿alguien se ha fijado en sus “e” o en la engolación?), emisión abierta, aspiración de las vocales en cuanto la frase se alarga: Fihhiiiglia!... a tal nooohhooo me paaahhhaaalpito, Quaaahhaaal se m'apriiihhiisse i cieeehhheeeli... ¿No les recuerda a Matías Pratas, jr? Algunos se han enfervorizado, al menos, con la caracterización; yo la he encontrado amanerada, forzada, unidimensional.
Todo esto me deja preguntándome, aparte para darse un gustito y que le aplaudan con fervor los ya convencidos de antemano, con qué razón artística ha emprendido esta aventura el “tenor del siglo”. ¿Y ahora a por Rigoletto?
Esta fue la “gran velada de teatro” para algunos. Para mí, una fiesta del despropósito y la falsedad, digna de ser analizada por sociólogos y psicólogos de masas.
That´s all, folks.
Enhorabuena!!! Ya tienes nuevo referente desorejado!...
Lo cómico es que aquellos poquísimos, contadísimos, dicen que los objeto de estudio son los otros... pero por dios... patético.