Como dije en un post anterior, estuve en la función del 25. Hubo sus más y sus menos, vayamos por partes.
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Misha Didyk no es voz para Hermann. Muy lírico y muy justo de volumen, sufría en los momentos de mayor presencia orquestal intentando dar a su voz un cuerpo que de por sí no tiene. Cumplió en el papel con toda dignidad, y escénicamente fue convincente. Bastante hizo teniendo que sustituir a Heppner en un rol tan complicado y tan largo.
–Me gustó más
Emily Magee como Lisa que como la Ariadna de la ópera homónima de Strauss en la pasada temporada de Oviedo. Eso sí, destacaría de sus intervenciones la del tercer acto, cuando espera a Hermann al lado del Neva. Tunner ya radiografió a esta cantante en el primer descanso, definiéndola como "liriquita tragada", y cito palabras textuales.
–El príncipe Yeletski encarnado por
Ludovic Tézier fue principesco en todos los sentidos, valga la redundancia y el mal juego de palabras. Una hermosa voz y una línea de canto elegante para un personaje que lo requiere. La verdad es que es un cantante que siempre me ha gustado, y una vez más lo demostró.
–GRANDIOSA
Ewa Podles en su Condesa, para mí lo mejor del reparto junto con Tézier. Una bellísima voz grave y una interpretación inolvidable del aria de Grétry "Je crains de lui parler", que Tchaikovsky incrusta con tanta habilidad en su partitura. Siempre me ha parecido conmovedora esa escena de la Condesa adormeciéndose, soñando una noche más con sus lejanos triunfos de
Vénus moscovite en el Versalles de su juventud, y cantando el aria de Grétry. Podles estuvo de reclinatorio.
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Lado Ataneli fue un buen conde Tomski, expresivo y ágil en su precioso
racconto del primer acto (otro de mis momentos favoritos en
Pikovaya, arruinado ya diré por qué…), en su canción burlesca de la sala de juego del cuarto acto, y también estuvo muy bien en su doble papel, como el Zlatogor de la pastoral del segundo acto.
–El lucido papel de Polina fue deslucido del todo gracias a
Elena Zaremba, con uno de los vibratos más espantosos que he oído últimamente. El duo con Lisa al principio del primer acto estaba del todo desafinado hasta un punto molesto. Sonaba horriblemente mal. Nada digo ya de cómo simulaba tocar el clave, porque más bien parecía coser a máquina. Estuvo mejor Zaremba como Milovzor en la pastoral.
–Entre los comprimarios, destacaron por encima de los demás
Francisco Vas como Chekalinsky, y
Stefania Toczyska que hizo muy bien el breve arioso de la Gobernanta (que a veces pasa sin pena ni gloria). La pastoral contó con la bonita y fresca voz y la buena presencia escénica de
Michelle Marie Cook como la pastora Prilepa.
–Las intervenciones del
coro sólo pueden calificarse de irregulares, mucho mejor ellos que ellas. Ellas chillaron –no hay otro término posible para definir aquello– en las escenas del principio en el jardín, así como en la fiesta del segundo acto. Tampoco la escolanía estuvo demasiado fina, la verdad. La parte masculina del coro del Liceu estuvo mucho mejor, bien empastada y contenida en la escena final tras el suicidio de Hermann.
–El número bomba fue la
orquesta. El calificativo sería "infumable", directamente. El viento metal es asesinable: una trompeta desafinada y despistada desgració por completo su intervención en un momento del
racconto de Tomski, la cuerda grave era como una nube de moscones atontados en el tenso interludio antes de que Hermann acceda a la habitación de la Condesa, y toda la orquesta sonó a la peor charanga de pueblo en la música del baile del principio del segundo acto. Lo peor de la noche, sin duda alguna.
–Los
cambios de escena se hacen en ocasiones demasiado largos. Y tampoco me encantó el juego con los paneles corredizos negros, por trivial y repetido, casi un chiste de los de "se abre el telón"… La producción se ve ya rancia, rancia, rancia.
Y me gusta tanto la
Pikovaya Dama, que salgo en éxtasis aunque la función no haya sido redonda. Para siempre en mi recuerdo la Condesa atormentada y entrañable de Ewa Podles, un lujo y un privilegio haberla visto.
Excelente compañía forera, compartiendo una velada muy agradable con Santuzza y Wotan74, a los que tuve la oportunidad de conocer.
También se produjo la aparición estelar de Tunner, que desde el 4º piso vigilaba patio y platea, ataviado con su uniforme oficial de
loggionista irredento (la americana color arena que ya ha paseado por innumerables teatros, ya se la he visto más veces). Esperaba sus abucheos a Misha Didyk, Mr. Tunner. Qué decepción
