Roberto Devereux escribió:
Paso ampliamente de la teoría de los estilos, la verdad, y me es indiferente el estilo de esta obra. Tampoco creo que venga al asunto. Como por aquí se decía, la partitura, perdón, el "mapa", que Monteverdi (& Company) dejó, permite al exhumador - director barroquizar, o renancizar (¡qué peligro tiene esto de la verbalización!) a gusto del consumidor está música, es decir, replantearla, que es lo que mola tanto ahora, donde hay que hacer una dramaturgia nueva de todo, una propuesta, una performance, etc. so pena de parecer un carca redomado, dormido en los ajados laureles de la tradición. Lo que escuché hace dos días era lo que se entiende como música barroca y como desconozco lo que Monteverdi planteó (esto sólo vía quija puede ser desvelado, me da a mí), dejo aquí el asunto.
Sobre lo que comentaba, ¿creen que desde 2008 a 2010 he estado sometiéndome a un refinado tormento masoquista con Jaroussky? Iba pensando en que me gustaría, y como no lo ha hecho, lo digo, aunque al parecer no sea del todo lícito abrir un paraguas de disconformidad ante tal chaparrón de elogios. Ya he dicho que la voz me sorprendió la primera vez que lo escuché (lo que puede simplificarse con un "me gustó") aunque ahora no niego que me repele y por extensión toda la cuerda de los contratenores. Lo que en disco puede agradar, en vivo puede repugnar (y ahí está Bartolli para demostrarlo).
Por cierto, he leído también por ahí que el chico va rompiendo "su timidez", pero ¿qué me cuentan? ¿a ser mal actor lo llaman timidez? ¿pero cuantos años lleva este pollo cantando para andarse con timideces?
A la "Poppea" fui sin prejuicios, dentro de lo se puede, porque cada uno tiene sus filiaciones. Pero vamos, si al salir de un cine alguien dice "pues no me ha gustado la película", y le responden "pues no haber venido", cualquier se quedaría de una pieza. Aquí debería ser lo mismo, ¿no?.
Y por último, lo de la adecuación del teatro a la obra. A ver, que en Gran Vía montan esas óperas y todos nos rasgamos las vestiduras, que las Cármenes en las plazas de toros nos sacan los colores, que todas esas óperas veraniegas a golpe de micrófono nos dejan descompuestos, pues ¿qué se puede decir de una obra con una música de dimensiones camerísticas en un espacio que pide música de dimensiones sinfónicas? Pues eso: que mucho arroz para tan poco pollo.
¡Abrazos a todos!
se nos está desmelenando, amigo Roberto!
