Estoy muy de acuerdo con el texto de Quint (muchísimas gracias por el esfuerzo de dar tan buena forma a tan buenas ideas

).
No creo, al igual que tú, que el continuum aporte más teatralidad. Me atrae mucho la perspectiva relativista del Marqués.
Una ópera que fluye sin discontinuidades no tiene por qué ser más teatral, ni más natural, ni lograr mejor su objetivo (que al fin y al cabo, es comunicar). Es más, muchas veces el número cerrado, con su cualidad de parar el tiempo, de detener la acción, consigue un cénit expresivo que en una composición más continua puede llegar a diluirse. Naietta, al comentar el monólogo del Holandés alababa (con razón) su expresividad, pero concedía que era
aún algo esquemático. A lo mejor es tan expresivo porque aún es algo esquemático.
De todos modos, yo no haría una distinción tan radical entre óperas continuas y óperas de números. Si tomamos como modelo extremo de continuum a Tristán, una gran parte de las óperas del siglo XX no se corresponden en absoluto con el modelo, como comentaba Delaforce. ¿La división en escenas cerradas cosidas por un interludio por la que optan Berg en
Wozzeck o Britten en
la Vuelta de Tuerca no es acaso una mezcla de la potencia expresiva del número cerrado y la capacidad de fluir del continuum?
Con lo que estoy más de acuerdo es con lo de desechar de una vez por todas esa visión de la historia de la ópera como un largo progreso compositivo, en una virtuosa navegación hacia lo teatral y lo sublime, que culminaría con Wagner, con Otello o con Turandot.