Bien, no es necesario describirles mi alegría cuando me enteré - al comprobar la hora de la función - que se había caído del cartel Vesselina Kasarova y Elina Garança entraba en su lugar. Me acordé de varios compañeros del foro, se lo aseguro.
La ficha de la interpretación:
http://www.deutscheoperberlin.de/index. ... uage=en_EN
La producción es tradicional de principio a fin, lo que equivale a decir que Sevilla es Sevilla, las gitanas, gitanas y el torero, un torero. La única extravagancia se encontró en la última escena, con Frasquita y Mercedes "apareciéndose" como ángeles negros que anuncian la muerte. Mención aparte merece el vestuario de Carmen en este momento, pues se le destinó una horrible chaquetilla torera. Tampoco el detalle de que Garança luciera su (magnífica) melena rubia pareció muy pertinente, pues en algunos momentos le daba un aspecto un poco exótico, como de turista finlandesa de farra por una feria andaluza, en una producción que derrochaba costumbrismo. La dirección de escena puede presumir de una buena dirección de actores, teatral y efectiva.
Garança tiene el papel dominado sobre todo desde el punto de vista escénico, en el que su estupenda figura y sus virtudes de actriz son un gancho infalible. Acompaña la voz, atractiva y personal, adecuada al papel. De nuevo se apreció el timbre mórbido, cremoso y dulce en el centro y de conseguida igualdad entre registros. La seguridad técnica de la cantante sólo se empaña un poco en las notas breves ("Près des remparts"), que se destimbran ligeramente, y los graves, de sonoridad modesta y cierta tendencia a abrirse ("Habanera" y Escena de las cartas). Por otro lado, aunque el la zona alta suena libre y timbrada, en aquellos agudos que ofrecen la oportunidad de aplicar un calderón, asícomo en ciertas frases de grandes arcos melódicos, siempre se tiene la sensación de que ésas eran todas las reservas de aire existentes, como si la dosificación de las mismas no fuera impecable. Los momentos fuertes de su actuación fueron las melodías sensuales y bailables de la gitana, desgranadas con buena dicción (aunque no excepcional) y línea de finura exquisita. Hay que destacar "Les tingles des sistres", un pasaje en el que la sensualidad de la actuación y la belleza lujuriosa del canto crearon uno de esos momentos mágicos que uno sueña con presenciar en un teatro. Después de tres actos a gran altura, sin embargo el personaje tendió a diluirse desde la escena de las cartas. En primer lugar, dicho número le resultó indiscutiblemente incómodo, como si no supiera qué hacer con la tesitura y su fuerza dramática. En el quinto Acto tampoco pareció centrarse del todo e incluso un declinante Don José terminó por apropiarse de la escena.
Don José que demostró que la recuperación de Roberto Alagna de la que se ha hablado pertenece al género de ciencia ficción. El papel sin duda permite que el cantante despliegue (y ensanche a toda costa) una franja central amplia y sonora, de verdadero tenor protagonista, que refleja parte de su riquísimo colorido original, ahora ahogado entre los tonos guturales. Consecuencias de este engrosamiento central son dos tipos de vibrato, el rápido en la zona de paso y uno amplio en los finales de frase, que el cantante ya no gestiona debidamente. Esto se hizo tristemente claro en la zona aguda, que Alagna emite abierta y estrangulada, cerca del grito. Así, cada agudo hubo de cortarlo, antes de que se rompiera del todo, recurriendo al viejo truco del sollozo, un elemento más entre los peores de la tradición verista que pareció asumir en su concepción del personaje: un Don José que sonaba siempre fuerte pero no era capaz de cantar como es debido el dúo con Micaela, ni respetar los signos expresivos del Aria de la flor, monocorde y vacía de poesía. En la última escena el tenor pretendió llevar al límite este personaje, desatado en lo escénico y sin ningún tipo de mesura vocal, pero el carisma del intérprete y su entrega en cierta forma permitieron que su juego verista tuviera credibilidad. Carisma y entrega, como lo que queda de atractivo en su timbre, son los valores que permitirán a Alagna sobrellevar su ocaso con dignidad en un panorama tenoril que además es desolador.
No podemos dudar que Ryan McKinny carezca de talento en otros campos distintos del canto, por lo cual, según lo escuchado en su actuación como Escamillo, es muy recomendable que se dedique a explorarlos. Mi acompañante no está acostumbrada a juzgar voces de ópera, pero en cuanto Escamillo abrió la boca se dio cuenta de que algo no funcionaba allí, sobre todo en los escasos momentos en que se le escuchaba. El hecho de que Mr. McKinny pueda pisar un escenario como la Deutsche Oper y el público permanezca impasible debería por tanto suscitar alguna reflexión sobre el límite en que las convenciones y la corrección política terminan por ir en contra de la supervivencia del género.
Michaela Kaune tampoco demostró tener los papeles en regla, aunque sí cantó a un nivel profesional. La emisión está abierta, siempre se percibe esfuerzo y esto impide cualquier modulación.
Los papeles comprimarios estuvieron a un nivel más que aceptable, con unas gitanas graciosas y una pareja de contrabandistas con voces más sólidas que las del presunto Escamillo. El coro cantó estupendamente, mereciendo particular elogio la sección infantil.
Yves Abel destacó en particular por el trabajo de los timbres de la orquesta y el sentido del ritmo, pero le faltó algo de vigor en las escenas dramáticas.
Gran éxito de público.