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Qué afición la de muchos:pegarle patadas al diccionario...
HABLÓ EL FILÓLOGO (es decir, yo) jajajaja
La palabra "homófobo", supuesto derivado de "homofobia", no ha aparecido nunca en ningún diccionario de la Real Academia Española. Tampoco creo que pueda aparecer jamás (eso espero) ni en este diccionario académico ni en ningún otro, porque su estructura morfológica es errónea en tanto que presenta total disparidad semántica entre el significado de los monemas que la componen y el significado de uso que se le atribuye.
Como bien dice nuestro amigo "Don Giovanni", en caso de querer forjar una palabra para denominar esta actitud propia de personas con cierto grado de paranoia (según el Dr. Rojas Marco), "homófobo" sería la menos adecuada, pues la suma de los significados de las raíces léxicas (homo + fobo) denota "miedo a lo igual". Como bien apunta el forero anteriormente citado, quizás sería más acertado el cultismo "homofilófobo", es decir, "miedo a los que aman a sus iguales (sexualmente, se entiende)" o, mejor aún, "homotropicófobo", esto es, "aquellos que muestran miedo por las personas que sienten tendencia (sexual) por sus iguales". O simplemente, estúpidos, lelos, maleducados...
Tampoco entiendo esa manía por juzgar a los cantantes por otras cualidades que no sean las canoras y artísticas. Un cantante no sólo es músico, sino que además puede ser fuerte o flojo, lúcido u obtuso, sano o enfermo, generenoso o más agarrado que la Virgen del Puño. También puede ser heterosexual, bisexual, homosexual, transexual (poquísimos, pero alguno hay) e incluso asexual. Los hubo asexuados, más bien castrados... Y sobre todo, son personas... ¿Por qué sorprende tanto que los haya julandrones, afeminados, invertidos, sodomitas, gays, mariquitas, maricas o maricones? Y, ¿por qué ha de ser un criterio de valoración artística?
Si la Caballé fuera tacaña, ¿ya no disfrutaríamos de su Lucrezia Borgia?; si Domingo fuera mujeriego, ¿ya no estaría tan bien su Mario Cavaradossi?; si Pavarotti fuera gordo... (¡uy, que este lo es!).
Señores, déjense de estulticias y no hablemos de lo que no viene a cuento. Y POR FAVOR, por el amor de la RAE y de María Moliner, no le peguen patadas al diccionario.
Un saludo
Kraus
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