Lenski escribió:
Nos sorprendió que no controlase a la orquesta e hiciera lo sencillo, que era acoplarse al ritmo de ellos en vez de dejarlos en evidencia....como suelen hacer los directores, cuando se trata de los solistas. Supongo que ahí radica (entre otras muchas cosas), la diferencia entre un buen director y otro simplemente correcto.
Ciao!!!
Ufffffff, tema complejísimo ahí: ¿hasta dónde la calidad radica en la técnica, y hasta dónde en la capacidad interpretativa? Sin salir del Villamarta, hay directores que encantan a los cantantes y que a algunos melómanos nos parecen horribles. Miquel Ortega es quizá el caso más sonado. Y viceversa: ¿recuerdas a aquél que se parecía a Jim Carrey y que dirigió
Bohème? No me viene a la memoria su nombre. O el de
Bodas de Figaro, que me parece que también os horrorizó y a mí me encantó.
Normalmente solistas y coro irán buscando, ante todo, seguridad e ideas claras. Los melómanos -que pensamos que el que la cosa suene bien se tiene que dar por hecho, cuando en realidad no es así- lo que vamos buscando es "interpretación", es decir, vida, teatralidad, sentido de la narración, fuerza expresiva... El asunto da para tres o cuatro hilos, por lo menos.
En cuanto a Miguel Rodilla, quizá es que no quiso quebrar el planteamiento de los tempi o, sencillamente, no supo seguir a los niños, pero te aseguro que desde mi butaca (una terraza en el extremo derecho: 24 euros y visiblidad casi completa) se le vio dejar de atender a la orquesta y dirigir exclusivamente a la escolanía, sin remediar mucho la cosa. Sea como fuere parece un hombre serio y correcto, ¿no? Algo es algo.
Del Mozart de Juan Luis Pérez prefiero no hablar, porque me parece una de las personas más humildes, bondadosas, sabias y trabajadoras que he conocido en mi vida. Y es que Mozart es Mozart, y él mismo, que es el mayor experto en el de Salzburgo que hay en Andalucía, sabe que es uno de los más difíciles de interpretar. ¿Por qué será que tantos cantantes -ejem- lo evitan cuidadosamente?