Vale, te cuento:
Alojamiento:
Yo siempre me he quedado en Londres. Hay más variedad y está bien comunicado en tren. Las otras posibilidades son:
-Lewes (en cuyo municipio se encuentra Glyndebourne), creo que la página web te informa sobre un par de hoteles en el pueblo y también en los alrededores, lo que exigiría coche.
-O Brighton, también comunicado en tren con Lewes.
Quizá para conocer la campiña inglesa o si se tiene un interés específico en Brighton servirían estos dos últimos. Pero creo que la mejor opción es Londres.
Transporte:
Si te alojas en Londres, lo mejor es coger el tren en la estación de Victoria, a la hora que te indica el folleto del festival, la estación donde debes bajar es Lewes (aunque en inglés nunca sabes cómo pronunciar los nombres, suena algo así como “lues”, alargando un poco la u

. En la estación ya empiezas a respirar el ambientillo del festival, verás gente vestida de esmoquin -ellos- y trajes largos inenarrables -ellas (¡¡¡a la una de la tarde!!!) , con cestas para el picnic, que subirán al mismo tren que tú.
Si hay cola en las taquillas de la estación busca unos vendedores de billetes de tren que andan con una máquina expendedora portátil que te atenderán muy amablemente y te venderán el billete sin hacer cola; más fácil que enfrentarte con las máquinas expendedoras automáticas. Lo mejor es comprar ida y vuelta, claro.
Cuando llegas a Lewes déjate llevar por los compañeros de tren con vestimenta formal y verás que hay un autobús del teatro esperando, hay que pagar un billete (puedes comprar igualmente el de vuelta).
Si llegas antes o después del tren indicado por la organización (aunque esto último no es muy recomendable) suele haber taxis en la estación, no se lo que pueden cobrar.
La finca Glyndebourne está a unos quince minutos a las afueras de Lewes.
Al terminar, y tras los aplausos, todo está británicamente cronometrado, el mismo autobús estará esperando a la salida para llevaros a la estación, por donde pasará el último tren directo que os llevará de vuelta a Londres-Victoria.
Vestimenta:
Lo tradicional, y seguido mayoritariamente, es esmoquin para los hombres y traje, incluso largo, para las mujeres. Lo cual es un incordio cuando vas de viaje. Pero, en fin, nadie te va a impedir la entrada si vas con chaqueta. Lo que sí resultaría extraño es acudir con pantalón vaquero y zapatillas de deporte.
Comida:
Hay restaurantes, exhaustivamente explicados en la página web, pero creo que lo más divertido es el pic-nic en los jardines de la finca (“weather permitting”, que dicen los ingleses). En la estación Victoria hay un Marks & Spencer Simply Food (abierto incluso domingos), donde podéis comprar todo tipo de sandwiches, fruta pelada troceada, ensaladas preparadas... debidamente embalados para su transporte. Cuando lleguéis a Glyndebourne, buscad un sitio que os guste en los jardines, e instalad el picnic. Mola tomar un aperitivillo antes de empezar la función, y cenar en lo que llaman el “long interval” es decir, el entreacto (o si hay varios, el largo). Al terminar el entreacto largo debéis recoger el picnic; las bolsas las podéis dejar agrupadas en algún lugar cerca del teatro, para llevároslas al terminar la representación. La basura generada piden que te la lleves en una bolsa y no la dejes en las papeleras de la finca, sino que te deshagas de ella convenientemente una vez fuera.
Hay un bar, al lado de las taquillas donde podéis comprar bebidas frescas, o beber agua con hielos que os ofrecen en una jarra en la barra. En el jardín sólo encontraréis una pequeña carpa con un bar de champán.
Conviene llevarse una manta o algo para sentarse sobre el césped.
En caso de lluvia (“in case of poor weather”, que dicen muy finamente los ingleses), siempre se puede uno refugiar en las arcadas exteriores del teatro.
Si queréis tomar simplemente un te o café con algo (y olvidaros del picnic), es más recomendable el Mildmay restaurant que los otros; es más informal.
Los otros restaurantes son para cenar más en serio.
Teatro:
Tratándose de un teatro pequeño y moderno (el antiguo se derribó para construir éste), la visibilidad y acústica es muy buena desde cualquier punto del mismo. Incluso en los laterales las localidades son cómodas, ya que están orientadas hacia el escenario.
Por dentro es muy acogedor, todo forrado de madera. Por fuera resulta un poco más mamotrético, como una gran construcción de ladrillo oscuro en medio del campo.
Además de disfrutar de los jardines, se puede visitar la sala del órgano o sala de música de la propiedad, que da una idea muy buena de lo que podían ser las veladas musicales promovidas por la familia.
Público e impresión general:
Musicalmente la gente parece entendida, es correcta, educada, pero no especialmente cercana, se mantiene todo en una distancia muy “british”.
No obstante, Glyndebourne posee todos los ingredientes para hacer de un día una jornada memorable: El viaje iniciático desde Londres, la formalidad en el vestir para ir al campo, si hace buen día los jardines son preciosos, el césped se confunde con el prado donde pastan las ovejas sin apreciar el foso que las separa, hay un pequeño laberinto, una rosaleda con flores, un lago paisajístico, que permiten unos paseos deliciosos antes de la representación y durante el entreacto, el picnic sobre el césped, la funciones que suelen ser de un nivel muy aceptable... Esta combinación de ópera con día campestre en medio de la campiña inglesa es absolutamente recomendable, es un producto destilado de la civilización británica muy logrado.