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 Asunto: CONCURSO DE RELATOS: EL POST DE LOS POSTS
NotaPublicado: 30 May 2005 11:17 
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Saludos a todos!

Había comenzado a publicar los relatos por separado, pero en verdad que es mejor tenerlos todos juntitos, así que los voy a ir publicando aquí según me vayan llegando (ya hay dos y tres en proceso, si no recuerdo mal :D ).
Rogaría que, para que esto pueda ir fluido y que se pueda leer como un libro de cuentos (como bien dijo Maddalena), no se hiciesen comentarios sobre los relatos en este post, que quedará sólo para publicarlos....si alguien siente la necesidad imperiosa de expresarse sobre alguno de ellos, comentar algo, alabar a su anónimo autor etc, pediría que abriésemos otro post "CONCURSO DE RELATOS: COMENTARIOS" o algo así y los dejásemos allí, vale? Así tendríamos uno para publicar y otro para comentar (en caso de que alguien quiera).
En fin, no me lío más, adelante con los relatos!!!!!!!!


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NotaPublicado: 30 May 2005 11:17 
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RELATO 1:


PRIMERA VISITA


Nunca había sentido semejante angustia ni un dolor de cabeza tan persistente. La puerta estaba casi cerrada, todo en penumbra, tan sólo entraba una pequeña ráfaga de luz de la habitación contigua. No distinguía ningún ruido, nada que pudiera delatar dónde me encontraba. Creí oir de lejos el final de “La Walkyria”…

Me dolía todo el cuerpo pero no podía moverme y encontrar una posición cómoda. Advertí que mís vestiduras estaban rasgadas y mís manos atadas con fuertes cuerdas detrás del respaldo de una silla donde estaba, por así decirlo, reposando. No recordaba haber ido allí voluntariamente ni nada de lo que había sucedido en las últimas 24 horas.

Tendría que estar camino de Pesaro para iniciar los ensayos de mí próxima “Seriramide”, pero lo cierto es que me encontraba totalmente perdido, atado y herido en un lugar solitario con la única compañía de una extraña música que creía identificar con “La Walkyria”.

No podía parar de pensar. Mi mente no encontraba sosiego entre aquellas cuatro paredes. Se me cerraban los ojos, incapaz de controlar aquella sensación de sueño que era más fuerte que la voluntad de mantenerme sereno.

Un golpe seco me despertó. Voces y griterío penetraban en mí cámara. De pronto acaeció otra vez el silencio. La ténue luz que alumbraba la estancia se apagó.
Se alzaron nuevamente las voces. No podía distinguir que decían. Varias personas se gritaban a la vez en un idioma desconocido por mí. Silencio de nuevo.

Poco a poco, y cesados por segunda vez los gritos y el jolgorio, vi claro lo que estaba pasando. Mis compañeros de reparto, conocedores de la proximidad de mí cumpleaños, que por añadidura coincidía con la fecha de mí debut en Pesaro donde me jugaba gran parte de mí carrera, me estaban gastando una broma que sin duda acabaría en breve soplando las velas incrustadas en una gran tarta.

Pero si esto no era más que una broma, al decir verdad no estaba resultando demasiado agradable, es más no me gustaba de la manera que se estaba ejecutando.

Pasos firmes, rápidos y acompasados se acercaban hacia mí. Se abrió lentamente la puerta y un destello de luz muy brillante iluminó la estancia. Enfrente tenía a un hombre alto, corpulento, de unos 50 años aproximadamente. De aspecto rudo, nada elegante, vestía todo de negro. En las sienes asomaban discretamente las primeras canas y su cara estaba picada. Ojos azules, penetrantes, ligeramente separados le daban un aspecto atractivo, afable y a la vez inquietante. Podía sentir su mirada clavada en mí cuerpo. Una mirada de hielo, fría, pero reveladora. No estaba allí para gastar bromas.

Si no fuera porque “él” era bajo y “éste” alto… si no fuera porque “aquél” estaba muerto y “éste” delante de mí… si no fuera por su… ¡Dios mío! El hombre era el vivo retrato de Richard Wagner… Sentí que un escalofrío recorría mí cuerpo.

El hombre se aproximó y con un fuerte acento alemán me dijo: “Le hemozzz trgggaido aquí paggga que nozzz cante “Die Walküggge”, quegggemos veggg en nuestrgggo teatrgggo al mejoggg de los tenogggezzz acctualezzz cantargggnos nuestrgggo tan quegggido papel de Ziegggmunttt”.

Dio unos pasos hacía atrás…y me miró de nuevo fijamente esperando mí respuesta:

“Pero…pero…vamos a ver, ¿cómo dice? ¿”La Walkyria”? Debe estar Ud. en un error. Yo no les puedo cantar La Walkyria por dos razones, primera porque nunca podré asumir este tipo de repertorio por las características de mí voz, que es –con un hilo de voz- ligeeeera, y no grande y pesaaaada –palabras pronunciadas con gran profundidad, dando la sensación de grandeza- como las espléndidas voces wagnerianas; y segundo porque yo debiera estar ahora mismo en Pesaro ensayando “Semiramide”, comprende Ud? Así es que, resolvamos este pequeño traspiés, y una vez aclarado, creo yo, todo este embrollo, Ud. busca a su Siegmund, y yo busco un taxi y me marcho al aeropuerto, ¿O.K?

El hielo de sus ojos se fundió con el fuego amenazador e inexorable que corría por sus venas. “¡Oiggga Uzzzted!, ¿oye ezzza múzzzica? –gritó señalando la pared derecha-. No me impogggta la vozzz que tenga, pegggo cantagggá esta ópeggga, porgggque ezzz el mejoggg tenoggg de nuezzztrgggos díazzz. Además –con voz suave- anímese, Zzzziegmund es un gggran pergggsonaje, sufrggge, ama, lucha, ezzz valiente… puede considegggarzzze aforgggtunado”.
Su colérico arrebato me atemorizó. Empecé notar que las gotas de sudor resbalaban mí frente hacia las mejillas y mi garganta quedaba seca, incapaz de articular palabra.

Se aproximó de nuevo, con media sonrisa en su boca. Desató mis manos y me condujo cogido por el brazo izquierdo por un pasadizo mal iluminado, sólo unas tímidas luces de emergencia guiaban nuestros pasos.

¿Qué pretendía? ¿Dónde me llevaba? ¡O cielos!... era un escenario, el teatro lleno, rebosante, cinco minutos para alzar el telón, y yo sudando cada vez más incapaz de dominarme. Podía sentir las pulsaciones vibrar en mi sien. Me giré, miré sus ojos azules perdidos en un punto fijo.

Podía notar mí jadeante respiración, era un impulso incontrolable. Tenía pánico de salir, no podía, no podía hacer el ridículo de semejante manera, con un repertorio que en nada le iba a mí voz, y a un mes vista de mi debut en la cuna rosiniana por excelencia. Me puse de rodillas ante el hombre implacable, pero soy incapaz de recordar nada más.

De pronto sentí un calor abominable, estaba sudando de nuevo. No sé describir que pasó, ni cómo llegué hasta allí, pero recuerdo grandes llamaradas a mí alrededor, una música infinita, grande, genial, semejante al fuego. Entreabrí los ojos lentamente, su abrasador aliento rozaba casi mí piel… “¡Nooooo!, … estoy en medio de un círculo de fuego…-me dije”.

Empecé a moverme para apartarme de las llamas, ¡qué calor! ¡qué horror!... Cesó la música y mis ojos se abrieron y vieron con claridad… ¡qué insulso, pobre de mí…! Con lo que había estado esperando aquella función de “La Walkyria… con lo que la había preparado y estudiado para no perderme ningún detalle… e ironías de la vida, me quedo dormido nada más empezar y con el aire condiconado apagado.
**************************************

“Doctor, ¿puede interpretar mí sueño?”
- Es una primera visita, mmmm, un sueño interesante. Será agradable trabajar juntos, eh?


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NotaPublicado: 30 May 2005 11:18 
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RELATO 2:

LA DESPEDIDA DEL PADRE:

Hacía veinticinco años que los había abandonado a él y a su madre.
Cuando su padre tuvo que decidir entre su vida familiar y su carrera, lo tuvo muy claro. Hoy se retiraba de la escena para siempre.

- A buenas horas se acuerda de mí...

Su mujer quería creer que no era tan tarde para recuperar el tiempo perdido en reproches y silencios.

-Venga, si te ha mandado una invitación será por algo, ¿no?

El padre había hecho una carrera plagada de éxitos, de reconocimientos, de grandes carteles con su nombre. Pero ese nombre sólo representaba para su hijo el remitente del sobre que llegaba a casa todos los meses con dinero. Unos sobres que su madre metía sin abrir en un cajón.
Cuando la madre murió, el hijo quemó todos los sobres. Tampoco él quería el dinero del abandono.

-Hace veinticinco años que no lo veo. No sé incluso si lo reconoceré.

Su mujer sabía que esto era mentira: había encontrado un día una gran carpeta en la que su marido guardaba, metódicamente, centenares de recortes de periódicos y revistas con reseñas de su padre.
También, en otra ocasión, había llegado a casa antes de lo habitual y había oido una impresionante voz de bajo llenándola. En el salón, su marido, con los ojos cerrados, estaba delante de los altavoces, casi con devoción. Sobre la mesa, la caja vacía de un disco del padre. Ella se había marchado silenciosamente: no había querido interrumpir esa ceremonia secreta de comunicación entre el hijo y el padre pródigo.

-Es tu padre. Te ha mandado una invitación para su despedida de los escenarios. Tienes que ir –zanjó ella.

-Sí, pero no me ha escrito ni una línea junto a la invitación –suspiró él amargamente- ni siquiera una línea.

Finalmente, alli estaba él solo en un palco del teatro (“tienes que ir solo” –le había dicho su mujer- “es una cosa entre tu padre y tú”), oyendo murmullos de un público encorbateado y enjoyado que decía: “hoy se despide el más grande”.

“El más grande cantante” –pensó- “el peor de los padres”.

La puerta del palco se abrió y entró una joven con el uniforme del teatro:

-Disculpe, ¿es usted Federico?

Un sobre.
Las luces se apagaron y la función comenzó, pero Federico no prestaba atención a los coros del inicio de la ópera. Su mirada estaba fija en el sobre que la chica le había dado. ¿Qué habría dentro? Demasiados sobres sin abrir había visto ya de su padre y ahora no se atrevía a abrir este.
Una ovación cerrada del público interrumpió sus pensamientos: su padre había entrado en escena, con una capa dorada cubierta de joyas cubriendo su impresionante figura y un cetro en la mano.
“Ahí estás, padre”, pensó, “vestido de soberano en la cumbre de la gloria. Muy apropiado”.
Lo cierto es que la música no le agradaba en absoluto y, además, la incertidumbre del sobre le impedía concentrarse en la escena. Pero, llegado un momento, leyó en el subtitulado que su padre estaba monologando acerca del poder y la soledad. Y sintió un escalofrío porque le dio la impresión de que más allá del cantante, era su padre quien estaba sintiendo en lo más profundo de sí mismo lo que decía.

Todo es oscuridad y tristeza impenetrable.
¡Si sólo pudiera atisbar un rayo de consuelo!
Mi corazón está lleno de angustia,
mi espíritu cansado suspira y se consume.


El padre había abandonado a su hijo por su carrera: el protagonista de la ópera había matado a un niño para alcanzar el poder. El paralelismo le produjo a Federico una sensación de angustia. Quizá no había sido buena idea venir.
En un impulso, abrió el sobre: dentro había una foto de ellos dos. Nunca había visto una foto suya con su padre (¿las habría roto la madre todas?). El hijo no debía de tener más de 2 años.
Cerró los ojos e intentó averiguar cuál de los sentimientos que estaba teniendo era más fuerte...¿el rencor? ¿la nostalgia? ¿quizá un nuevo sentimiento que nunca antes había conocido o no por su padre?
Como en un soplo, la ópera había llegado a su última escena. Federico estaba pensando en si debía o no ir a camerinos terminada la función cuando, de repente vio que, en la escena, su padre le estaba mirando.

¡Id a buscar a mi hijo inmediatamente!
¡Ah, qué angustia!


Fue en ese momento cuando veinticinco años de silencio se disolvieron en música. El padre le estaba cantando.

¡Adiós, hijo mío, me muero!

Federico no comprendía el idioma de la ópera pero tampoco necesitaba ya más los subtitulos, pues entendía perfectamente, de un modo casi mágico, lo que le estaba diciendo:

¡Oh, Señor Dios, te lo suplico,
mira las lágrimas de un padre pecador!
¡No te lo pido por mí,
no es por mí, Señor!


El padre estaba llorando en la escena:

Desde las alturas inalcanzables
Derrama tu luz bendita
Sobre mi inocente hijo...Tierno y puro...
¡Fuerzas celestiales, guardianes del trono eterno,
preservadlo con vuestras brillantes alas
de la desgracia, del mal y de la tentación!


La emoción embargó al hijo. El padre sonrió y cantó con gran serenidad:

Hijo mío , mi hora ha sonado...

El hijó comprendió horrorizado que la despedida de su padre no era sólo de los escenarios. El padre le envió una mirada llena de ternura y, en un susurro, cantó:

Perdón, perdón...

Como un resorte, el hijo se levantó con un grito en la garganta. Nadie excepto él se había dado cuenta de que aquello no era una representación, sino la vida misma y que era su padre y no el personaje que estaba interpretando quien se acababa de desplomar en el escenario.

-¡Ah, no, padre! –gritó.

Mientras la confusión empezaba a apoderarse del teatro, el hijo se sentó y cerró los ojos. Cuando los volvió a abrir, la foto que tenía en la mano estaba empapada de sus lágrimas y el teatro ya estaba vacío.
No sabía cuánto tiempo había permanecido en esa ensoñación, ni cuánto tiempo hacía que se habían llevado del escenario el cuerpo de su padre, pero cuando dos días después fue a su capilla ardiente, como un aficionado más, murmuró:

-Algún día nos reencontraremos, padre. Espérame estés donde estés. Volveremos a estar juntos...

Su padre había arreglado las cosas justo a tiempo: antes de que el telón cayese.


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NotaPublicado: 31 May 2005 11:20 
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Esto marcha!!! y se mantiene un nivel altísimo!!!!!

RELATO 3:

"E LUCEVAN LE STELLE"

Y brillaban las estrellas , en la cima de mi felicidad. Un ángel con aroma de mujer se detenía ante mí. Su pelo rubio, sus ojos negros, me atraparon sin que yo supiera que antes de ser libre de vivir, era prisionero de felicidad

Y olía la tierra, humedecida de pasión, de amor, de vida, compartiendo mi viaje con mi ángel de pasión. Mi dulce felicidad yacía conmigo, me susurraba al oído cantos de amor eterno. Cuanto más me decía más poca vida me parecía que tenía para vivirla sin dejar de gozar. ¡Cuanto amor! ¡Cuanto dolor! de pensar qué pasaría si lo perdiera, si perdiera mi ángel de amor y de cariño. El amor me llenaba de felicidad si mi ángel volvía a mi jardín, y me llenaba de dolor cuando mi ángel volaba lejos de mi tierra humedecida, secándola de amor, regándola de lágrimas y de anhelos.

Chirriaba la puerta del huerto, igual que cuando mi ángel la abría, pero solo era el viento, y ese instante de gozo se tornaba miseria; nada podía abrazar, nada podía desnudar, solo podía imaginar la dulce forma de mi ángel cuando me abrazaba y me besaba. Mil veces imaginaba el roce de su piel con mi cuerpo y mil veces el río de la vida fluía impetuoso como un torrente de primavera.

Y unos pasos rozaban la arena ¿Sería mi imaginación? ¿Sería mi anhelo? Tantas veces los oí sin ser, tantas veces los esperé en vano, que mi corazón ya vacío de esperanza lloraba con cada latido, gritándole a mi ángel que volviera, por favor.

Ella me escuchaba y me decía que pronto volvería, que no podía estar lejos de mi, que la esperara. Yo la creía, la imaginaba llorando todas las noches penando por no poder apoyar su cabeza en mi pecho, por no poder sentir el sabor del amor en mis labios…...

De pronto, Entraba ella, fragante, caía entre mis brazos, allí estaba de nuevo. Mi ángel había vuelto de tierras lejanas, vacía de amor, esperando que yo la llenara de vida una vez mas. Con sus lágrimas me decía, cuánto había sufrido lejos de mi, cuánto había pedido a Dios que yo la esperara.
Y mis lágrimas se mezclaban con las suyas. ¡Que injusta era la vida con mi angelito! Pero yo era su vida, ella me lo decía. Y yo, conmovido, buscaba sus labios, impaciente de rociarlos con un baño de esperanza.

¡Oh, dulces besos! ¡Oh, lánguidas caricias,
mientras yo, tembloroso,
sus bellas formas desataba de sus velos!
¡Cuantas veces abrí su cuerpo al calor del mio! Y siempre fue distinto, siempre era una sorpresa lo que debajo de su camisa mis ojos contemplaban. Cada caricia me rebelaba una piel mas suave que la caricia anterior. Cada vez que la desnudaba entre mis brazos, encontraba un cuerpo más bello. Cada vez que con mi boca la recorría, encontraba nuevos caminos para besar. Mi angelito se llenaba de vida, y de amor.

Mi angelito me prometió su ilusión. Yo la había dado una vida nueva. Ella quería trabajar en España, y yo le había abierto las puertas. Mi angelito quería su empresa, para nosotros y buscó un socio para ponerla en marcha. Y lo consiguió. La ilusión de su vida se había cumplido. Ya tenía la empresa. Y además se había enamorado de su socio.


Se desvaneció para siempre mi sueño de amor.

Ella solo quería que fuéramos amigos. A mi me quería muchísimo, pero lo sentía, yo tenia que aceptarlo. Tenia que aceptar que yo era pobre, por que todo mi dinero se lo di a su hijo para que le operaran del corazón. Tenia que aceptar que yo no le gustaba físicamente, que su Ángel era el cuerpo que ella soñó. Y tenia dinero, y casa y coche. Yo solo era un pobre hombre desagraciado.

Ahora mi vida se ha transformado en algo muy cercano al vacío más absoluto. He vivido más de un año por y para mi angelito. Vivía por ella respiraba por ella, no había día en el futuro que no estuviera iluminado por su sonrisa. No existía la noche en mi vida, por que allí iba a estar ella como un eterno amanecer. Viví en eterna primavera. No tenía miedo al invierno si ella estaba a mi lado dándome su calor, guiándome con su mano. Pero su mano me soltó. Su sonrisa se desvaneció. Sin un parpadeó me abandonó por ese ser bello que había encontrado, dueño del cuerno de la fortuna. La vida es suya. Tengo que aceptarlo.

Ahora solo veo mirando hacia atrás un infierno de mentiras. Nunca me amó. Nunca sintió nada por mí, mientras yo lo daba todo. Ahora solo espero que la vida le pague algún día con la misma moneda amarga con que me pagó a mí.

La hora ha pasado... la hora de amar ha pasado ya. Me muero de dolor. No se cómo salir de aquí. Quisiera que renaciera en mi esa bendita capacidad de amar, de volver a amar como yo se que puedo hacerlo. Pero no estoy preparado. Y no se si volveré a estarlo.

¡Y muero desesperado! Sintiendo que he dado lo mejor de mi vida para recoger una cosecha de amargura que nunca imaginé. Quisiera que esto fuera un sueño, una pesadilla, pero no lo es.

¡Y jamás he amado tanto la vida! Cuando estaba al lado, del que yo creía mi ser especial. Quisiera volver a amar la vida. Hoy la música me acompaña, compañera fiel de mis esperanzas y mis lágrimas. No me abandones nunca, fiel compañera. Sin ti no podría vivir.


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NotaPublicado: 01 Jun 2005 12:37 
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RELATO 4:

TARDE DE OTOÑO

La tarde caía sobre las cercanas colinas, cubiertas de pinos y con restos de nieve en las cimas. Entraba un aire fresco por el ventanal, que se mezclaba con el calor desprendido de la chimenea recién encendida.

El hombre, sentado en un sillón, se quejaba entre dientes de la maldita pierna, que no dejaba de dolerle.
“¡Esos estúpidos médicos! Con todos sus remedios no consiguen aliviar ni un ápice mis sufrimientos.”

Pero lo que realmente le dolía era el alma.

Tantos años de esfuerzo perdidos, tantas decepciones, tantas muertes... Miraba hacia atrás, a lo que había sido su vida, y no encontraba más que motivos de dolor. Su familia... ¿Podía llamarse familia? Los que quedaban vivos, cada uno por su lado: su hija favorita, ya toda una mujer, allá tan lejos con ese marido extranjero. La otra en Madrid, pero apenas la veía y ella siempre se manifestaba distante, fría... con esa sequedad que había heredado de él. El dolor se acrecentaba cuando recordaba al hijo mayor, muerto de accidente en plena juventud. Nunca podría olvidarlo, no tanto por su pérdida (estaba perdido como hijo mucho antes de que muriera) sino por su fracaso como padre.

Había dedicado su vida al trabajo. Nadie podría decir que no había sido un profesional concienzudo. Nunca había dejado un solo detalle a la improvisación. Todo lo quiso supervisar, todo lo intentó controlar. Dedicó días y noches a sus tareas, abrumado por la carga inmensa que suponían. Todo lo demás quedaba en segundo plano: sus esposas, sus hijos, sus amantes. Sin embargo, de todas las empresas que comenzó, pocas llegaron a buen término. Él lo achacó al destino, a la mala suerte, a la confabulación de sus adversarios, a esos colaboradores desleales que lo traicionaron. Nunca quiso admitir sus propias equivocaciones.

Miraba hacia delante, en esa etapa final de su vida, y no veía más que nubarrones: sus empresas empezaban a hacer aguas por todas partes. Su hijo pequeño, que debería hacerse cargo de las mismas, era un pelele sin ánimo y un vago: lo manipularían los consejeros en cuanto él muriera. Sus adversarios eran cada vez más fuertes y más audaces y empezaban a perderle el respeto.
Sólo le quedaba la religión: sí, había sido siempre un buen católico, como su padre. Es verdad que de joven había desfogado sus deseos sexuales incontroladamente, pero siempre supo acudir a su confesor arrepentido.

La tarde caía y cada vez entraba un aire más frío. “Más fría tengo yo el alma”, pensó.
Alzó levemente una mano y se apresuraron a cerrar la ventana.

Los recuerdos de aquella mujer volvieron a su mente con una punzada de dolor: “ella jamás me amó”.


Los sirvientes lo miraban con asombro: hasta ese momento, nunca habían visto una lágrima en el rostro de Felipe II.


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NotaPublicado: 16 Jun 2005 11:56 
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TITULO:La inesperada venganza de Tosca


La limusina negra y reluciente se desliza por la autopista que une el aeropuerto con el centro de la ciudad. En el confortable asiento del fondo se arrellenan Fabrizio De Angelis y su esposa Simona Pozzuoli, tenor y soprano respectivamente, recién aterrizados, procedentes de Nueva York, y que se disponen a comenzar los ensayos de la nueva versión de Tosca que esta temporada el Teatro Nacional de la ciudad ha programado. Mientras miss Heartley ,la responsable de Relaciones del Teatro les indica vagamente algunos de los parajes por los que pasan, Simona piensa en las numerosas veces que ya ha cantado el papel de Floría Tosca, y siempre ¡porqué no decirlo! con mucho éxito, es un papel que se adapta perfectamente a su voz, y al que presta, gracias al color de la misma y a sus admirables legato y fraseo la suficiente garantía para constituir un éxito allí donde lo canta, en ésta ocasión solamente le inquieta el cambio de época que impone el regista de turno, encuadrando la acción en el fascio italiano.- Esta manía, piensa, de cambiarlo todo, ¿cómo me sentarán esos peinados con tupé y un rulo rodeándome la cabeza? ¿y esos zapatos de coja? En fin veremos .
Fabrizio a su vez se informa de si se ha ultimado el que sea Larry Broderick el barítono que ha de dar vida al barón Scarpia, lo que corrobora miss Heartley .Esto le hace sentirse más optimista, Larry ya está en el declive de su carrera, con lo que su propia actuación como Mario Cavaradossi puede destacar, aunque él sabe en su fuero interno, que nunca podrá conseguir en los saludos finales las estruendosas ovaciones que Simona colecciona noche tras noche. Por contraste su apostura y belleza varonil le prestan una singular eficacia en algunos roles como el duque de Mantúa, Alfredo Germont y otros; en Caravadossi y en el segundo acto cuando sale a escena en medio de la tortura con la camisa desgarrada luciendo su esplendorosa musculatura, electriza al respetable y le hace olvidar la mediocridad de su Victoria. ante el triunfo de Napoleón. Este morbo lo conocen bien los empresarios y por eso les contratan juntos


   

Los ensayos se suceden con precisión, sin sobresaltos, tanto Simona como Fabrizio se saben sus particellas a la perfección, los ensayos se hacen a la italiana , sentados todos cantando una octava más bajo y piano y pocas veces el director tiene que hacerles alguna salvedad musical, como siempre y como en todos los teatros las deferencias y atenciones son para la gran Simona, que es la figura por excelencia y a su pesar la gran diva Los días que ensaya el segundo reparto no suelen aparecer por el teatro, además son gente casi sin curriculum, incluso según Miss Heartley la soprano que es rusa, es de un trato bastante oscuro y va siempre rodeada por su propio maestro, y por una pequeña troupe de tipos bastante siniestros.
La relación entre Fabrizio y Simona es cada dia más distante, los celos artísticos son casi mas fuertes que los de amor.
Faltan cuatro días para el estreno y dentro de dos se anuncia el ensayo general con todo.
Fabrizio por fin se decide y solicita ver al Jefe de Mecánica escénica. Le recibe en su camerino, es un tipo de mediana edad, moreno y algo le dice que de origen latino.
-Verá, he querido verle porque me preocupa el tipo de mecanismo que va a utilizarse en la última escena cuando mi esposa , en la ficción, ha de arrojarse al vacío desde el Castel Santángelo .
- Bueno ya lo hemos experimentado otras veces y nunca ha dado problemas, espero que ahora tampoco lo dé,- responde el hombre y añade
- La tramoya es muy segura en ésta casa.
- No hablo de un accidente importante, una simple torcedura de pié ó un esguince bastarían para arruinar el estreno.
- Sé muy bien hasta donde habría que llegar- contesta descaradamente el otro mirándole fijamente a los ojos.
- Bien, bien…….y …¿cuánto? Pregunta confuso Fabrizio
- No se trata de dinero
- ¿Entonces?
- Verá, no lejos de aquí hay un restaurante francés donde la comida es exquisita, está muy cerca de mi apartamento, podríamos cenar primero y luego pasar una noche romántica tu y yo
- ¡ Está loco! Explota Fabrizio. -Sálga de aquí inmediatamente.
- Lo haré, pero le advierto que llevo una cámara oculta y grabada toda esta conversación. Usted decide.


   

El ensayo general ha comenzado, al tema de Scarpia, con que se inicia la ópera le sucede el tema del Sacristán de corte apresurado, éste entra en escena y enseguida es corregido para que muestre mayor sobriedad. Pronto entra Fabrizio y a pesar de sus nervios inicia el Recóndita armonia, difícil aria que con un sí natural al final es una prueba para todos los tenores que con la voz aún fria han de afrontar. Despues el dúo de amor en el que se ensalzan los ojos de Tosca.- Las escenas de intriga, el TeDeum en Santa Andrea, tan bello y tan solemne subrayado por las dudas del cauteloso Scarpia . El segundo acto con sus diálogos rápidos plagados de melodías orquestales a cada cual más inspiradas y con sus dos importantes hitos; La noticia de la victoría de Napoleón en Marengo que reaviva el ánimo de Cavaradossi, quien se levanta cantando ¡Victoria! Y el aria de Tosca Vissi d’arte en la que la heroína, sumida en el dolor, reflexiona sobre su propia vida. La muerte de Scarpia a manos de Tosca …….
Y al fin en el último acto tras el celebérrimo Adios a la vita que Fabrizio canta bastante nervioso La escena de la fingida muerte de Cavaradossi y desgraciadamente real y al fin la imprecaciónn de Spoletta dirigiéndose a Tosca
-Ah! Tosca, pagherai ben cara la sua vita
-Colla mia
-Oh! Scarpia, avanti a Dio, avanti a Dio
Simona corre decidida hacia el fondo del escenario haciendo voltear su capa y salta sin reparos sobre lo que se supone es el muro de Castel Sant’Angelo.Los dramáticos acordes finales de la ópera se ven mezclados con el revuelo que se produce por un accidente real. Aparecen en escena empleados del teatro que corren hacía el fondo posterior.
Fabrizio se pregunta como es posible que esto ocurra, si él……no ,,,,,,,no entiende nada. El público está en pié expectante, al cabo de unos minutos un portavoz dice que la señora Pozzuoli ha tenido un leve accidente que parece no es de excesiva importancia, poco a poco se van marchando, haciendo mil conjeturas.

   

Sobre los carteles anunciadores del teatro se solapan unos llamativos anuncios indicando que la Sra. Pozzuoli no podrá actuar debido a un esguince sufrido en los ensayos, se ofrece al público la posibilidad de canjear sus entradas, ó el derecho a su devolución.
Aun así el día del estreno el aforo está completo, sustituye a Simona la soprano soviética de nombre casi impronunciable. Es una de esas noches en que parece que el tiempo se desliza lentamente, el público va desganado a ocupar sus localidades, hay en el ambiente una cierta frustración generalizada, falta ese revuelo inicial que precede a la actuación de los insignes, solo Fabrizio espera mucho de esta noche . Pronto ha de ver que la realidad nada tiene que ver con los deseos; en su primera entrada y entre cajas Tosca llama al suo Mario y esa sola llamada emitida con potencia y musicalidad excelentes, ya le dice que tiene ante sí a una partenaire importante. Efectivamente a lo largo de toda la representación el público interrumpe para premiar la interpretación de la rusa, su dúo del primer acto con Scarpia, su actuación dramáticamente aterrorizada del segundo y por supuesto el famoso Visi d’arte se llevan una sonora ovación que se corrobora en la sucinta explicación que da Tosca de su tortura y de la muerte de Scarpia, así como en el dúo con Mario. El resto del tercer acto se precipita a su final y tras el piquete de soldados fusilando a Mario y el descubrimiento por ésta de la maldita realidad, la soprano se arroja por el muro mientras todo el personal del teatro cruza los dedos.
¡Un éxito rotundo! Salen todos juntos a saludar, y luego uno por uno. Fabrizio recibe las discretas ovaciones que siempre recibió, y su compañera de reparto las alargadas y estruendosas que él siempre deseó.
La noche ha terminado, el teatro se va desalojando lentamente, se apagan las luces.
El jefe de tramoya se dirige hacia su pequeño despacho. Va despacio saludando con una sonrisa a todos los que se cruza en su camino. Entra rápidamente y cierra con llave, abre su taquilla y febrilmente busca en el bolsillo interior de su zamarra de cuero negro. ¡Allí esta! Un fajo de billetes se agita en sus manos y lo cuenta con precisión. Sonríe, ahora es suyo, se lo guarda cuidadosamente y sale hacia la calle por una puerta lateral que da a un pequeño callejón, cuando llegue a la avenida cogerá un taxi para llegar al club donde le espera quizá una venturosa noche. Pero algo terriblemente atronador le sume en la negrura más absoluta, aunque antes de perder el sentido nota como de su bolsillo le arrebatan bruscamente el fajo de dinero.


   

En la lujosa suite del lujoso hotel, que ocupan Fabrizio y Simona el camarero acaba de entrar y depositar la bandeja del elegante desayuno junto con la prensa del día. Simona sentada en un confortable sofá y con su pierna izquierda apoyada en un escabel se inclina para recoger los periódicos, al poco sofoca un grito espontáneo y llama a Fabrizio.
-Fabrizio,ven rápido,mira

Este sale del cuarto de baño ciñéndose el albornoz y recoge el periódico que ella le tiende.
En la sección de sucesos, un titular en letras gruesas reza:

TRAMOYISTA DEL TEATRO NACIONAL
ATRACADO POR UN GRUPO DE EXTRAN
JEROS.

La policia sospecha de los acompañantes de la soprano que por enfermedad de la Sra. Pozzuoli sustituyó a ésta en la prémiere de Tosca , y supone que entre éstos y el tramoyista agredido existía algún complot para promocionar de modo ilegal a la sustituta.

El artículo sigue dando más detalles sobre el suceso.
Simona ha estallado en lágrimas y en raptos histéricos
-Yo aquí aparcada,y tu…tu…sin enterarte
Fabrizio la contempla aturdido
-No lo pienses más cariño, ya verás como todo se aclara y los culpables pagarán su fechoría
Una alegría inexplicable le va dominando poco a poco al ver que su envidia y sus celos no cristalizaron en nada. Se acerca a Simona y la rodea con sus brazos intentando contener sus sollozos . Una inmensa ternura le invade……después de todo su Cavaradossi no es tan malo.


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NotaPublicado: 01 Ago 2005 12:34 
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Figurante
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Registrado: 24 May 2005 12:49
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Un relato más...perdón al autor/a por el retraso, pero estaba desfaciendo entuertos por ahí... :wink:



Mamá era cantante de ópera

Mamá se dedicaba a la ópera. ¡Era una verdadera diva! Pero mi vida fue muy triste, hasta que crecí y comprendí lo que era amar la ópera…y todo lo que conlleva.

Ella siempre estaba viajando, a veces con mi padre, a veces sola, o al menos eso era lo que nos decía… A ella le gustaba ir de un sitio a otro, le aburría estar siempre en la misma ciudad, haciendo siempre las mismas cosas. La vida sosegada y tranquila, aburguesada, no era para ella. Más que cantar en si, lo que le gustaba era la vida de lujo y diversión que llevaba…. Ella era hermosa, y no cantaba mal, pero era la faceta de diva la que despertaba pasiones… su forma de moverse en el escenario, sus miradas, sus admiradores, su forma de vestir….eran famosos sus abrigos de pieles, y la foto que le hicieron con un precioso abrigo de visón blanco cuando saludaba a Churchill en el año 40 dio la vuelta al mundo. Estaba en la cúspide de su carrera. Por cierto que el abrigo lo pagó con una Tosca que hizo en Caracas.

Aunque cobraba relativamente bien, nunca tenía dinero, le gustaba la buena vida. Trajes caros, sombreros, buena comida, regalos…. No pensaba en el mañana. A mí nunca me faltó de nada. Bueno, me faltó ella, me faltó una madre.
En realidad no tuve madre hasta que fui mayor. Entonces la recuperé, y con creces. Me fui con ella en sus giras por América del sur, al Colón, a Lima, a Santiago de Chile….entonces la comprendí, ya que descubrí lo que es la vida de un artista, con sus buenos y sus malos momentos, que también los hay, y muchos.

Ella tenía un ritual antes de cada función, como todos los artistas. Rezaba, descansaba, bebía una taza de café, se hacía peinar y maquillar cuidadosamente. Sus mayores peleas con los directores de escena solían ser cuando la querían “sacar fea”…Ella no había estudiado para esto, solía decir de forma altanera.

En los recitales salía como una reina, con sus propios vestidos hechos en Paris, generalmente en Patou o chéz Mademoiselle Coco. Un par de baúles la acompañaban siempre, repletos de vestidos, chales y demás.

Su carrera artística comenzó en Italia, en Parma, con una Mimí dulce y sosegada que gustó a los críticos y acabó en Weimar, en Alemania, cuando una desafortunada noche en el escenario (casualmente también como Mimí) le hizo ver que su carrera había terminado. Habían pasado 30 años. Nunca cantó en la Scala, ella decía que por envidias, pero yo creo que simplemente las había mejores. Y ella no estaba dispuesta a ser Secunda Donna bajo ningún concepto.

Algunas noches tocaba el cielo con su voz, y aunque de ella nunca pudo decirse que fuera de las grandes, tuvo sus momentos de gloria, que ahora por desgracia ya nadie recuerda. Cuando el público la aclamaba una y otra vez se la veía como en éxtasis, en otro mundo. Yo solía pensar: “Si ya es emocionante bravear y aplaudir, como ha de ser recibir personalmente los bravos y los aplausos”

Se jactaba de no haber cancelado jamás, decía que eso era poco profesional, y que perjudicaba su imagen. “Con el público no se juega”, decía muy seria.


Siempre estuvo sola, ni las doncellas le fueron fieles, y no por que no estuvieran bien con ella, no…. pero cuando encontraron algo mejor la abandonaron.
La primera se casó con uno de los admiradores de mamá, un rico indiano que conocieron en Argentina, y que quería volver a España con una bella esposa… y como mamá nunca estaba arreglada cuando llegaba hablaba siempre con la doncella, hasta que el indiano decidió proponerle matrimonio a la doncella.
La segunda se fugó con un hombre casado, y ya nunca más se supo de ella. De la primera esposa del interfecto si supimos, y mucho, ya que iba a ver a mamá siempre que pasaba por Budapest, para preguntarle si sabía donde por dónde andaba su marido….
La tercera se metió a monja, dijo que aquella vida tan poco seria no era para ella.


Yo también estuve siempre sola, mientras fui una niña……He heredado muchas cosas de ella: el gusto por la vida nómada, y por la libertad…. Y no he tenido hijos, no quiero que pasen una infancia tan triste como la mía… y aunque también me dedico a la ópera, no he tenido el mismo éxito que tuvo mi madre, ni muchísimo menos.
Recuerdo la primera vez que actuamos juntas en un teatro, yo solo tenía 20 años, sentí una emoción que nunca jamás olvidaré.


Una vez, estando en Nueva York le pidieron uno de sus vestidos para una subasta benéfica. Ella no quería dar un vestido usado, le parecía de muy mal gusto, o sea que se compró uno nuevo y le cosió unas espectaculares aplicaciones de lentejuelas en el escote que sacó de uno suyo. Yo no entendía el porqué de tanto trajín pero ella me respondió: “Mira niña, mañana nos vamos, y los recuerdos del público se irán diluyendo con los años, unos dirán que cantaba bien, otros dirán que cantaba mal…. ¡Pero el vestido……… el vestido se queda!”


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NotaPublicado: 28 Sep 2005 11:58 
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Neno
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Me permito relanzar este post...6 relatos me parecen pocos...no se anima nadie más? :wink:

PD- Simón, hijo mío, con esa verborrea que Dios te ha dado... :lol:


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 Asunto: UNA SEMANA EN LA OPERA
NotaPublicado: 02 Oct 2005 14:23 
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Capitán Tempesta
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Ubicación: Vendiedo agujas, peines y cuchillos frente a la taberna de Il frate, Agatarco y Mariodelmonaco
UNA SEMANA EN LA OPERA

Te cuento: esto de la ópera, amigo, es mucho menos serio de lo que en un principio supuse que sería. ¿Por dónde empezar?

Resulta que el mágico mundo de la ópera se divide en dos bandos: los seguidores de Aquel-que-no-debe-ser-nombrado y los demás. Para que sepas quién es ese Señor Tenebroso, te diré que en vida fue alemán y tenía cierta afición por los anillos y las valkirias. Aún hoy en día el número de sus seguidores es importante. El mundo del belcantismo italiano los tolera, por lo general, aunque los vigila con el rabillo del ojo.

Por su parte, entre los belcantistas el pensamiento único no existe. Uno de los temas de mayor controversia entre ellos es Maria Callas: ¿Diva sublime o vulgar gorjeadora? En estas discusiones suele haber más hostias que con los seguidores del Señor Tenebroso, porque esos, al ser de una secta aparte, simplemente se les ignora.

Hay también un hombre llamado Calixto Bieito que, con un muy reducido grupo de seguidores, amenaza don convertirse en un nuevo Señor Tenebroso. No sé si habrás leído algo en los periódicos sobre la polémica del actor porno que en Tanhauser sale a escena empalmado, en el papel de Minotauro raptando a Europa... bueno, pues eso es pataca minuta (que diría el gran Caneda) en comparación con lo de Calixto, Madama Butterfly, la mamada y el turismo sexual.

En fin, esto ha sido un muy breve resumen de una semana en la ópera. En otra carta te comentaré que ha sido lo mejor de lo que llevo escuchado hasta ahora. Addio.

Sembei


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NotaPublicado: 21 Oct 2005 15:27 
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Neno
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Registrado: 25 Oct 2004 10:04
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Relanzo por última vez este post, por si alguien quiere echarle un último vistazo antes de votar en los II premios del foro


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Traducción al español por Huan Manwë para phpbb-es.com