TURANDOT
Luego de su éxito en La Fenice como Isolda, Callas fue contratada por el mismo teatro para abordar el papel principal de Turandot en enero y febrero de 1948, bajo la batuta de Nino Sanzogno y acompañada del tenor uruguayo José Soler y la soprano Elena Rizzieri, en los papeles de Calaf y Liú, respectivamente.
Su siguiente compromiso fue igualmente como Turandot, en marzo de 1948, en el Teatro Puccini de Udine, de nuevo con José Soler y la soprano Dolores Ottani como Liú. Las críticas fueron extremadamente elogiosas.
Aquí una foto de una de las representaciones:
Poco a poco Callas se fue convirtiendo en la Turandot más importante de Italia de finales de la década de 1940 y así, cantaría el papel en las Termas de Caracalla (con Galliano Masini y Vera Montanari) Arena de Verona (donde toda Turandot que se precie tiene que ir a probar su potencia) en julio de 1948 (con Antonio Salvarezza, Elena Rizzieri y Nicola Rossi-Lemeni), en Genova (con una de sus némesis tenoriles, Mario del Monaco y Vera Montanari) en agosto de ese mismo año, en el San Carlo de Nápoles, en febrero de 1949 (con Renato Gigli y Vera Montanari).
(Nota: ¿Alguien ha escuchado a Vera Montanari? Parece que nadie más se sabía el papel de Liú en Italia a finales de la década de los 40.)
De una de las funciones del San Carlo de Nápoles, un crítico llamado Mario Baccaro escribiría: “María Callas es una cantante muy particular. En los pasajes más suaves su voz es bella e insinuante, pero las notas altas son metálicas y penetrantes. Tiene un registro superior que parece una pesadilla: sobrecogedor, siniestro e inexorable”.
El último encuentro de Callas tuvo con el papel de Turandot en escena fue en el Teatro Colón de Buenos Aires, en mayo de 1949, donde la cantó dirigida por Tullio Serafin, en compañía de Mario del Monaco y de la soprano argentina Helena Arizmendi.
Tengan cuidado porque circula por allí una falsificación de unos supuestos fragmentos del Acto II (el aria y la escena de los enigmas) de una de estas funciones del Colón. Se ha demostrado que es un montaje hecho con la grabación de Callas de 1957 y el registro que del Monaco hizo para DECCA con Inge Borkh.
Lo único que se conserva de esta Turandot del Colón, realmente genuino, son dos minutos del final del Acto III, con del Monaco y Callas. Lo que suena aquí nos hace llorar por el hecho de que no se haya conservado esta Turandot completa, o más aún, porque Callas no haya registrado la ópera en estudio por esta época, pues sospecho que si hubiera sido así la corona de la mejor Turandot no pertenecería a Birgit Nilsson.
El abandono, el fiato y la fuerza que exhibe Callas en este fragmento son sobrecogedores. La presencia de del Monaco, además, siempre inspiraba a Callas, pues se odiaron desde el día que se conocieron, y siempre existió entre ellos un espíritu de competencia que se hace patente, como veremos, en la Aída de México de 1951.
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Después de la temporada en Argentina, Callas nunca más cantaría el rol de Turandot en escena.
Grabó el aria en el recital pucciniano de 1954, bajo la dirección de Serafin. Este fue un año de transición, porque Callas acababa de terminar su proceso de adelgazamiento (tan controversial en cuanto a los efectos que tuvo sobre la voz). El instrumento ya no tiene el volumen majestuoso que se intuye en ese fragmento del Colón, pero la voz está en mejores condiciones que lo que estaría después.
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Callas registraría el papel completo cuando ya era muy tarde para ofrecer una idea de lo que habían sido sus Turandot de finales de los 40. Se trata de uno de los registros menos apreciados de la soprano, pero yo quiero romper una lanza por él, pues creo que en la participación de Callas hay cosas que son notables. Es más, sospecho que este registro sería mucho más apreciado si Callas hubiera estado mejor acompañado (Fernandi hace lo que puede y Schwarzkopf es una Liú extraterrestre). Si, digamos, el Calaf hubiera sido Corelli o incluso di Stefano, y la Liú Rosana Carteri, Antonietta Stella o Anna Moffo, otro gallo hubiera cantado (el gran golpe comercial habría sido que DECCA prestara a Renata Tebaldi, pero por supuesto, eso jamás habría pasado).
Veamos el aria, que es lo que de momento tengo a mano (si alguien tiene el disco a mano que por favor suba la escena de los enigmas; si no, tendré que esperar al lunes porque el disco se quedó en mi oficina). Y aquí quiero que comparemos a Callas con el registro de Nilsson en estudio con Molinari-Pradelli (procuraré no hacer este tipo de comparaciones, especialmente con otras sopranos, porque esto puede terminar en un baño de sangre).
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[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=AEZGVf92FfE[/youtube]
La virtud fundamental de la Turandot de Callas es que trabaja el texto como ninguna otra intérprete del papel de la que tengamos noticia. Además, trata de preservar el legato en todo momento, cosa sumamente difícil en este papel característicamente declamatorio. La dicción es aún más incisiva que en 1954 y la aplicación de los colores vocales es magistral (nótese, por ejemplo, el sonido irreal que emplea en la evocación de su antepasada Lou-Ling). Por casi única vez la primera parte del aria es la narración que se supone debe ser, y no un pasaje farragoso que precede al estallido de agudos que todos estamos esperando. Si comparamos a Callas y a Nilsson en la narración, la griega se come a la sueca con aceitunas negras y aceite de oliva.
El problema de Callas es que ya en 1957 el registro agudo no estaba para soportar el enorme peso que exige Turandot en esta zona (además, el do agudo siempre fue una nota problemática para Callas), de modo que al final del aria el asunto se revierte y allí es donde Nilsson brilla sin comparación posible.
En los enigmas el problema es el mismo: el texto es manejado soberbiamente, pero el agudo, aunque esta allí (al menos no está calante como en el caso de una Marton, por ejemplo, o peor aún, de una Ricciarelli), suena oscilante, y en el pasaje culminante cuando Turandot debe atacar los temibles do agudos al suplicar al Emperador que no la entregue a Calaf, Callas naufraga y el coro la tapa casi completamente.
Con todo, creo que es una grabación que merece conocerse por Callas, ya que, insisto, es una de las pocas Turandot (quién sabe si no la única) en la que hay una comprensión casi liederística del texto (sin embargo, siempre me ha desilusionado un poco la frase “Strappatele il segreto!” en el Acto III).