Es que las instrucciones de Berg no se limitan a la proyección del film mudo, ni a que Jack se cargue a la Geschwitz.
Toda la partitura está meticulosamente anotada, y cada movimiento de escena relacionado con la música que se interpreta, y la línea vocal del cantante.
Estas indicaciones tan precisas, no roban libertad al regista, simplemente le imponen trabajar dentro de un marco de referencia. Por ejemplo, el DVD de Glynderbourne es una muestra perfecta que se pueden respetar la inmensa mayoría de directrices del compositor, y crear una pieza de teatro viva y actual.
Hacer caso omiso de las indicaciones de Berg, no es patrimonio exclusivo de Loy. Desde que se empezó a representar
Lulu, en 1937, se han ignorado las instrucciones para que los maridos y los clientes, o el Marqués/Mayordomo/Príncipe fueran los mismos cantantes (rompiendo la simetría del libreto
y de la música), se ha hecho de Alwa un escritor en vez de un compositor, se revisaron textos incluyendo algunos de Wedekind en lugar de los escritos por Berg...
La historia que nos cuenta Loy es creíble, pero sólo funciona de verdad si previamente conocemos
Lulu y estamos muy familiarizados con los recovecos del libreto y la partitura. Entiendo perfectamente que, para la mayoría de los espectadores que se enfrentaran por primera (o segunda o tercera) vez a la obra, fuera realmente díficil entender que pasaba en escena.
Loy, veredicto: Culpable, con atenuantes.